La estatización de las minas y su impronta en la Bolivia del siglo XXI

 

* Álvaro Zuleta

Este 31 de octubre se cumplen 66 años de la nacionalización de la minería en Bolivia. En el presente período histórico que vive el país es de suma importancia la reflexión de un acontecimiento histórico como éste para la proyección de sus enseñanzas en la construcción de la nueva Bolivia, la Bolivia digna, soberana, socialista y plurinacional del Vivir Bien.

La nacionalización de la minería y las otras nacionalizaciones

La historia moderna de nuestro país ha sido marcada por la revolución de 1952. Esta revolución fue el producto de la acción organizada y la movilización revolucionaria del pueblo boliviano, encabezado por el proletariado y dirigido por la vanguardia obrera minera. Los trabajadores mineros jugaron el rol de dirección política e ideológica del proceso revolucionario y establecieron sus acciones fundamentales, como ha sido la nacionalización de las minas, la reforma agraria y el control obrero.

La nacionalización de las minas fue el resultado fundamental de la acción articulada entre el gobierno de la revolución y el pueblo movilizado bajo la dirección del proletariado; fue la acción fundamental para que la nación siente soberanía sobre su territorio y fue el instrumento principal para la creación de la economía del Estado boliviano. 

Esta acción histórica fue el resultado de la visión social y política de los mineros y el pueblo boliviano.

Sin la nacionalización de las minas, los recursos económicos del país seguirían bajo el poder y control de los tres barones del estaño —Patiño, Hochschild y Aramayo—, quienes validos de su riqueza privada manejaban el país como su hacienda, imponiendo sus intereses privados y particulares al interés de la nación y de las mayorías sociales del país.

La nacionalización de las minas expresa el empoderamiento del pueblo y la vanguardia minera que defienden el interés de la nación, de las bolivianas y bolivianos sobre el interés particular privado de tres personas; impone la necesidad de utilizar los recursos minerales del país en beneficio de sus ciudadanos, de las futuras generaciones, materializándose en la construcción del Estado boliviano.

La nacionalización minera no ha sido la única acción articulada entre gobierno y pueblo para mejorar las condiciones de construcción del Estado boliviano. 

Luego de la nacionalización de la minería vino la nacionalización del petróleo. 

En las últimas décadas se ha realizado la nacionalización de los hidrocarburos, de las telecomunicaciones y de la energía, que se constituyen en la base estructural para la construcción de la nueva Bolivia plurinacional, comunitaria y autónoma.
La impronta de la nacionalización.

Está claro que la base fundamental para que un país realice una nacionalización es la coincidencia y articulación de visiones e intereses entre gobierno y pueblo, de otra manera esta acción sería imposible de ser realizada. 

La nacionalización es el resultado de la conciencia social y política de la sociedad, constituyéndose en la base fundamental para la realización de esta medida histórica. 

La nacionalización es la decisión del pueblo y su gobierno de tomar bajo su control la propiedad,  la administración y usufructo de los recursos: minerales, hidrocarburos, de las telecomunicaciones y de la energía. 

Asumir esta decisión implica el empoderamiento social y político de las mayorías sociales frente al poder particular de los empresarios bolivianos y transnacionales; es la imposición de la decisión social sobre los intereses particulares; es la materialización del sentido social de propiedad del pueblo sobre los recursos naturales existentes en el país y la decisión de tomar bajo su control la utilización de éstos para beneficio de las mayorías sociales y no sólo de un grupo de personas y sus familias.

Así, en el siglo XXI, la multitud plebeya boliviana, ante el embate de las fuerzas políticas de la derecha y la burguesía chata boliviana que impusieron y aplicaron a fuerza de fusil y las leyes del orden neoliberal, asume protagonismo social resistiendo al neoliberalismo con movilizaciones sociales en las carreteras y calles del país; en su dura lucha asume conciencia y posición política que define la recuperación del gas, los hidrocarburos y los recursos naturales; base sobre la que la multitud plebeya asume protagonismo político en el país, organizándose en su instrumento político: Movimiento Al Socialismo-Instrumento Político por las Soberanía de los Pueblos hasta llegar al gobierno del país.

De esta manera, la impronta histórica dejada por la nacionalización de la minería en 1952 reaparece y toma vida ya no en el pueblo y la vanguardia minera, sino ahora en la multitud plebeya bajo la dirección del bloque social indígena campesino originario. 

La impronta nacionalizadora toma cuerpo en la medida en que el objetivo central de construcción y desarrollo del Estado y la sociedad boliviana no se cumple. Primero fueron los mineros y el pueblo en el siglo XX y hoy son los indígena originario campesinos en el siglo XXI.

La proyección histórica de la nacionalización

La nacionalización de la minería en la revolución de 1952 primero y, luego, la nacionalización de los hidrocarburos en la Revolución Democrática Cultural, tienen el objetivo fundamental de recuperar la propiedad de los recursos naturales existentes en el territorio del país para su explotación racional e industrialización para beneficio de las mayorías sociales del país, lo cual impone retos futuros al país, al gobierno y a los hombres y mujeres de la multitud plebeya boliviana.

Nacionalizar no sólo significa tomar los recursos naturales del territorio, venderlos y tomar los recursos generados y utilizarlos. 

El reto fundamental de la nacionalización es la utilización racional de los recursos naturales y el desarrollo tecnológico de las cadenas de producción, de tal manera de generar procesos sostenidos de uso de los recursos naturales, pero además existe el reto de pasar de la producción de materia prima a la producción de productos industrializados.

Los retos de la nacionalización no sólo son el desarrollo de las cadenas de producción, sino generar la construcción de una economía nacional industrializada. Así la industrialización no sólo debe generar productos con mayor valor agregado, sino que debe impulsar el desarrollo de otras áreas de producción. 

En el actual momento, el Estado boliviano asume el rol protagónico o estratégico en la economía del país, desarrollando la industrialización y diversificando los procesos industriales en la economía en los sectores estratégicos.

La nacionalización, en general, tiene el objetivo fundamental de construir una economía del país que rompa la dependencia; economía que debe ser construida por el Estado y fundamentalmente por los hombres y mujeres de la multitud plebeya. 

Desde las bases sociales del país se debe desarrollar la actividad productiva; las organizaciones sociales deben convertirse en los espacios de articulación de iniciativas y acciones de producción porque la riqueza de un país está constituida por lo que éste produce.

Los bienes producidos en el país deben abastecer en primera instancia al mercado interno, a fin de tener productos propios y a precios adecuados para generar una oferta sostenida en el tiempo. El excedente debe ser industrializado y/o exportado, teniendo así las bases para el desarrollo de la economía. La recuperación de la actividad productiva es la base para la construcción de una economía digna y soberana. Éste es el reto de los bolivianos y bolivianas del siglo XXI.

Asumamos y desarrollemos el reto de construir una economía nacional, una economía para los bolivianos y bolivianas, recuperando las enseñanzas de la nacionalización de la minería de hace 66 años y proyectándolas en el desarrollo de la nacionalización de los hidrocarburos hecha por el presidente Evo Morales y la Revolución Democrática y Cultural de nuestros tiempos.

*Historiador y activista.