Evo es la garantía de la unidad en Bolivia

Sergio Alejandro Gómez / CUBADEBATE

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El siguiente texto en un fragmento de la entrevista al representante del Gobienro de Bolivia en La Habana que fue publicado por Cubadebate.

Cuando se mira lo que ha salido mal  en otros proyectos políticos en América Latina, surge la preocupación sobre las fracturas en la unidad ¿Cómo valora ese aspecto en el caso boliviano?
La unidad pasa por liderazgos. El presidente Evo Morales es una garantía de la unidad del bloque histórico actual de los movimientos sociales y revolucionarios en Bolivia. Sin el presidente Evo, corremos el riesgo de que la unidad se fragmente, se debilite y seamos prácticamente avasallados por la derecha.

Evo es el que ha tejido la unidad y es el líder indiscutible del proyecto.

No podrías entender el proyecto de transformación del Estado plurinacional de Bolivia sin el liderazgo de Evo. En este momento hay una unidad férrea e indisoluble que él ha ido cultivando estos últimos 12 años, a partir de la democracia participativa y decisoria.

En estos doce años sería humanamente imposible entender la Bolivia del Estado Plurinacional, del estado descolonizado, sin la lucha de Evo Morales en los últimos 30 años…

-Y eso lo tiene muy claro la derecha y por eso centran  buena parte de su artillería en la figura como tal…

-Exactamente y por eso es que Evo, Fidel, Chávez se han convertido en un objetivo político estratégico del imperio, porque sobre ellos se construye la historia, son el baluarte,  las referencias y por eso hoy la contraofensiva imperial norteamericana que viene por Evo, por Maduro, por Díaz-Canel, por Ortega, encarna una estrategia de escarmiento.

La política del escarmiento es lo que un día utilizó la colonia y que hoy día continúa con el imperio. El que se enfrenta al imperio lo que le espera hoy es la satanización, la cárcel, la criminalización o la muerte civil.

Es lo que hoy día tratan de hacer con la narrativa a través de los medios de comunicación hegemónicos, a través de las redes sociales, es una guerra contra la reputación de los grandes líderes que defienden la patria y la nación frente a la voracidad del capital transnacional.

Las práctica de hoy son el lawfare (judicialización), el golpe  de Estado o la muerte. El encierro de Lula es la sepultura, es la muerte civil, la persecución contra Correa…

-Sin embargo, los procesos políticos de cambio no se resuelven en cuestión de uno o dos años, sino que se trata de invertir en el futuro. En algún punto habrá que pensar en una Bolivia revolucionaria y plurinacional, pero sin Evo.

-El propio presidente es consciente y además está preocupado. Por eso apoya e impulsa las escuelas de formación política. Nosotros no tenemos un partido como tal, un núcleo central partidario, una matriz de la que emanan las grandes líneas ideológicas, la capacidad organizativa, la construcción de la narrativa, el papel que le otorga a la historia. Desafortunadamente, por las características históricas, políticas y culturales nuestras, no se ha logrado establecer un partido, pero creo que lo que hoy estamos viviendo con este ataque feroz por los cuatro costados contra los movimientos sociales va a ser una oportunidad para  repensar la necesidad de construir un gran partido, que pueda desarrollar estas tareas; las que no puede desarrollar solo por su cuenta el movimiento obrero, el campesino o los jóvenes.
Entonces necesitas este núcleo, este motor articulador, pero además que construya este horizonte, tiempo para el futuro.

-Por delante tienen muy pronto los comicios presidenciales del 2019. ¿Cuál es el escenario y el balance de las fuerzas políticas?
Llegan en un momento de vulnerabilidad regional y también de vulnerabilidad del propio proyecto nacional, popular, indígena y campesino boliviano.

Han logrado instalar en América Latina gobiernos títeres que hoy día operan con gran eficacia política y utilizan instituciones multilaterales para continuar su ofensiva, como es el caso de la OEA y el uso de su secretario general, Luis Almagro, como un testaferro de los intereses estadounidenses.

Este escenario ha insuflado a las derechas nacionales, a las derechas locales, una fuerza que no tenían. Las están articulando además con financiamientos millonarios desde los sectores más radicales de la derecha norteamericana, como es el proyecto político instalado en Miami, pero que tiene sedes hoy día en Bogotá, en Santiago, Brasilia, etc.

Se está desarrollando una política de escarmiento que se suma a un proceso de modificación geopolítica global, con un actor como es China en la arena mundial, cuyo peso relativo se contrapone a la hegemonía norteamericana; o Rusia, que también logra hacer algún contrapeso.

Por eso están interesados en retomar el control de América Latina y creo que Brasil, si gana Bolsonaro, se puede convertir en la reina del tablero de ajedrez frente a China.

Pero si bien hoy en día hay una ventaja relativa de la derecha, desde mi punto de visto esto va a contribuir a acelerar la concientización de los movimientos populares.

-Bolivia tiene la oportunidad de no caer en un bache y perder el espacio ganado. ¿Cómo se organizan las fuerzas progresistas para resultar vencedoras una vez más?
Estamos en condiciones de evitar una victoria de la derecha,  a pesar de los maquillajes que usan para tomar distancia de Washington o de la línea Bolsonaro, Piñera o Temer, o cualquiera similar.

Se han creado las condiciones para eso, pero no podemos perder la perspectiva del valor estratégico que ha adquirido el país en el escenario geopolítico internacional.

Hoy día Bolivia se ha convertido en una plataforma económica estable y que genera estabilidad en la región. Y por lo tanto los propios bolivianos tendrán que valorar esta cualidad que es inédita en la historia del país. Bolivia era conocida como una isla de inestabilidad y golpes de Estado...Esta potencialidades, además de ser una gran ventaja, también son un factor de vulnerabilidad, por el apetito y la voracidad del capital transnacional, que busca repetir el viejo ciclo del saqueo neoliberal.

-¿Hasta qué punto han logrado combinar la mejoría económica de las grandes mayorías con un progreso en la concientización de la sociedad?
-Desde una perspectiva autocrítica, creo que esa es una de las grandes debilidades que tiene no solo el proceso político boliviano, sino los de la región en general. Hoy en día estamos viendo las consecuencias dramáticas que ha tenido en el proceso político brasileño, con esa tentación hacia el fascismo.

Esa realidad contrasta con lo que ocurrió con la Revolución Cubana,  que logró desarrollar una capacidad de autodefensa, pero a partir de una gran revolución cultural.

Lo que le ha faltado a nuestros procesos de transformación económica y social es la revolución cultural, el soporte ideológico que sirva para defender el propio proceso...

Si hay algo que se ha caracterizado en Bolivia y otros países de América Latina es el papel de las clases medias. Hemos construido una clase media en un proceso político de 12 años, una clase media vigorosa que es capaz de definir el rumbo político e histórico del país.
Las elecciones del 2019 colocan a la clase media en el centro de la competencia electoral.

Si hubiéramos tenido la posibilidad de desarrollar una revolución cultural, no estaríamos hoy día haciendo esfuerzos sobrehumanos para convencer a los propios beneficiarios del proceso de cambio, de la necesidad de seguir construyendo este horizonte de transformaciones.

¿Corren el riesgo de estar criando a su propio enterrador?
Hemos convertido a una gran parte de la sociedad en una parte importante de la transformación económica, política y social, pero no la hemos convertido en un sujeto histórico de la revolución.

-¿Cómo, entonces, se puede hacer irreversible el proceso?
-Tenemos que tomar conciencia de la capacidad y la potencia que tiene la narrativa de la exaltación del gran proyecto neoliberal, del proyecto de la derecha, del vaciamiento del Estado. Tenemos que tener la suficiente conciencia y el conocimiento del tamaño, de la estatura económica, política y cultural de este proyecto de liquidación del Estado.