La formación artística local, apuntes críticos

Foto: Carlos Barrios

 

Reynaldo J. González 

Este mes se exponen en la Casa de la Cultura de La Paz los Salones Anuales de las carreras de Artes de la UMSA, de la UPEA y de la Academia Nacional de Artes Hernando Siles. Es una buena oportunidad para reflexionar sobre la formación artística local, más aun si consideramos que por fin, después de un periodo largo y paulatino de renovación, para bien o para mal, las tres instituciones cuentan ya con grupos docentes diferentes —habiéndose atrincherado los viejos profesores en la UMSA y tomado muchos de los titulados de esta casa educativa los cargos docentes de la Academia y de la UPEA—. Obviamente, éste no es un espacio de crítica especializada ni de análisis imparcial, pero me gustaría plantear algunas lecturas interpretativas para quien esté interesado en debatir o reflexionar sobre ellas:
1.    Las tres instituciones de formación artística mencionadas funcionan con fondos públicos. Al menos las dos carreras de artes de La Paz y de El Alto, que dependen, respectivamente, de las universidades públicas de ambas ciudades. El caso de la Academia es un tanto distinto, pues depende del Ministerio de Educación y, en ínfima medida, de los pagos mensuales de sus alumnos. Al tratarse de instituciones que funcionan con dinero público, pues, se encuentran susceptibles de cualquier escudriño público: No sólo cualquier ciudadano puede dar su opinión sobre su trabajo, sino que cualquier ciudadano puede criticarlas y exigir de ellas que respondan, de alguna manera, por lo fondos destinados a ellas —que no son pocos—. 

2.    Lo curioso, sin embargo, es que nadie las cuestiona. Nadie reflexiona sobre su función o sobre su estado actual. No lo hacen sus docentes, no lo hacen sus alumnos, no lo hacen los críticos, no lo hace la universidad, no lo hace el Estado. Las preguntas que deberíamos plantearnos en torno a ellas son varias y de diversa índole. La principal y la más difícil, pero también la más básica, desde nuestro punto de vista, es: ¿Están formando artistas?

3.    Una respuesta a esta pregunta la dio hace un par de años un conocido maestro de la pintura nacional y exdirector de un museo. No.

Las instituciones de educación artística no están formando artistas. Su argumento tenía que ver tanto con el bajo nivel de la producción artística reciente como con el análisis del panorama artístico local en el que artistas no provenientes de estas instituciones se han adueñado del escenario artístico local, al menos del que podemos llamar ‘oficial’, el que pasa por los principales museos y por los medios, el que es analizado por los críticos (si los hay), el que recibe el reconocimiento del público local. 

4.    Matizando la opinión del maestro podemos señalar que, en realidad, no todos los artistas de estas instituciones educativas son ignorados por el escenario cultural local. De vez en cuando, cada cinco o diez años, de las canteras de estas instituciones académicas emerge un artista que supera el anonimato general. Podemos mencionar varios de los últimos años: Rosemary Mamani, Adda Donato, Jorge Dávalos, José Ballivián, Álvaro Ruilova, Santiago Ayala, entre otros. La mayoría de ellos han destacado con base en la constancia y mucho esfuerzo personal y, obviamente, a un talento imposible de ignorar. Pero estos artistas destacados son pocos si los contemplamos en el grupo de los cientos de estudiantes de artes que cada año egresan de estas instituciones académicas. Si 5, 10 o 20 artistas de estas instituciones destacan cada cierto tiempo, ¿qué pasa con los mil restantes? 

5.    Pero retomemos el asunto de fondo, que es el análisis de la formación artística local, que puede analizarse más apropiadamente en las obras que estos estudiantes producen y para ello nos remitimos, nuevamente, a las exposiciones que estas instituciones presentan cada año en la Casa de la Cultura de La Paz. ¿En ellas pueden verse obras de arte acabadas o simples ejercicios de taller? La respuesta no puede ser, otra vez, contundente. Hay de todo, buenas obras, obras acabadas, obras que demuestran un talento prometedor y obras que por sus defectos técnicos o su falta de contenido deberían preocupar a sus autores. Juzgue usted.  

6.    Si estas obras le parecen insatisfactorias, probablemente justifique su baja calidad en la juventud de sus hacedores. Efectivamente, se podrá decir que al ser exposiciones de artistas veinteañeros no debe pedírseles mucho. Tal vez ese argumento sea sólido y honesto. Pero entre paréntesis deberá también decirse que la edad nunca es una excusa para nada. Tal vez habría que revisar la historia del arte y encontrar a cientos de artistas que hicieron sus obras maestras durante su juventud temprana (Miguel Ángel, Rafael, Picasso), o buscando un contraargumento más contundente, podremos revisar en Internet, Instagram o Pinterest y ver qué tipo de obras de arte hacen los artistas en formación en otras latitudes del planeta.     

7.    Para comparaciones, sin embargo,  no debemos ir al otro lado del mundo. Basta con comparar la producción artística de los alumnos de estas tres instituciones entre sí mismas. Se nota a primera vista cuál tiene mejores profesores que enseñan la parte técnica, cuál tiene mejores conceptos y cuál anda medio pérdida. Pero si vamos a comparar, ¿por qué no comparamos lo que hacen estos alumnos de instituciones de La Paz con lo que hacen los alumnos de la Academia de Artes Raúl G. Prada, de Cochabamba, que en los últimos años ha dado al país grandes acuarelistas, dibujantes y grabadores?

 
8.    También, y con justificados argumentos, podemos voltear estas premisas y afirmar contundentemente que sí, que estas instituciones están formando artistas, y no sólo artistas, sino futuros maestros. ¿No son acaso los estudiantes de Artes de la UMSA, de la UPEA y de la Academia los que ganan constantemente los más importantes concursos nacionales? ¿No son ellos los que, por ejemplo, se han dedicado a dar una nueva cara a La Paz con murales que dejan sorprendidos a propios y extraños? ¿No son los jóvenes artistas de estas instituciones los que son elogiados por los maestros de generaciones pasadas? Existen, es cierto, muchos artistas jóvenes que se proyectan para maestros que, activos y valientes, organizan exposiciones aquí y allá con fondos propios, vendan o no vendan sus obras.

Esta teoría, que cree en el talento de los artistas locales en formación,  llevaría esta discusión a otro campo: ¿Por qué  entonces los críticos (si los hay) no los ven? ¿Por qué no prestan atención a su trabajo? ¿Por qué los medios los ignoran? ¿Por qué los museos no los invitan a sus exposiciones? En este punto, el debate se torna crítico, pues en él entran variables como clase, raza, roscas, círculos elitistas, etc. Continuemos el debate, hablemos sobre la formación artística local.