Un modelo que da tranquilidad

 

El modelo económico vigente en los últimos 12 años ha permitido que las bolivianas y bolivianos gocen de estabilidad económica y crecimiento sostenidos, un hecho que es reconocido por propios y extraños, y que sirve de ejemplo para muchas naciones amigas.
El modelo económico, social y productivo se sustenta en la recuperación de las empresas estratégicas, principalmente la nacionalización de los hidrocarburos, lo que le ha permitido al país desarrollar una política sólida de redistribución de los recursos y trabajar en la construcción de infraestructura caminera, educativa y de salud que beneficia a todos. Además, ha hecho posible la creación de nuevas empresas estatales rentables y eficientes.
Bolivia ha tenido un crecimiento promedio de 5% en los últimos cinco años y, según las proyecciones de organismos especializados, seguirá creciendo a un ritmo superior al 4,5%.
El presidente Evo Morales señala con insistencia que el país ha logrado crecimiento y estabilidad gracias a la unidad del pueblo, a sus organizaciones sociales. Éstas le han dado al país la gobernabilidad y confianza suficientes para proyectar un futuro promisorio.
Bolivia no sólo ha recuperado su soberanía política al dejar de depender de Estados Unidos, sino que logró su soberanía económica al romper la dependencia del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM), que por décadas —durante tiempos de dictadura y en democracia neoliberal— impusieron sus famosas políticas de ajuste estructural y reducción del gasto público que generaron mayor dependencia, desempleo y ensanchamiento de las brechas entre ricos y pobres. Las recetas del FMI y del BM terminaron por convertir a Bolivia, como a otras naciones del mundo, en un país mendigo.
Éstos son algunos de los argumentos irrefutables de la importancia de continuar con el modelo económico vigente en Bolivia, afianzarlo y proyectarlo hacia el futuro con mayor inversión pública y privada en el sector productivo, salud y educación. Manteniendo además la redistribución de la riqueza a través de bonos sociales que —como también se ha dicho— dinamizan el mercado interno y generan empleo. Las voces desorejadas que hablan de la necesidad de cambiar el modelo y de levantar banderas republicanas o federalistas sólo buscan crear incertidumbre y, en el fondo, volver a la barbarie neoliberal que destruyó el aparato productivo nacional y subastó la patria.