La Antigua Guatemala, paraíso que sobrecoge

Foto: Guillén Pérez
La Antigua vista desde lo alto de la Loma de la Cruz, rodeada de volcanes que simulan ser pacíficas montañas.       

 

Susana Tesoro y Roberto Chile / Cubadebate

Existen ciudades con encantos y ciudades que encantan, parecería un juego de palabras, pero no es así. En casi toda Latinoamérica vemos villas con similares características, construidas por los conquistadores de entonces, a su imagen y semejanza. No obstante, si queremos buscar la hispanidad en América, si nos gustaría ver la fusión entre la cultura originaria y la modernidad, tendríamos que visitar La Antigua Guatemala, un emporio señorial lleno de leyendas y poesía.

La ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, cuyo largo nombre oficial e histórico es Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, se llama popularmente La Antigua Guatemala y fue la tercera ciudad capital de la Capitanía General de España.

Fundada como ciudad en 1543, muy rápido se convirtió en una de las más importantes del continente, era nada más y nada menos que la capital del reino que comprendía toda Mesoamérica, o sea lo que hoy es Chiapas y Soconusco (ahora en México), Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica. Era la capital de ese enorme territorio que hoy integran varios países.

Hoy día es la cabecera del municipio homónimo y del departamento de Sacatepéquez, Guatemala, y se ubica a aproximadamente 45 kilómetros al oeste de la capital de la República de Guatemala y a una altitud de 1.470 msnm.

Los días 15 y 16 de noviembre, La Antigua Guatemala acogió a los jefes de Estado de Iberoamérica para la celebración de la XXVI Cumbre Iberoamericana. Sin embargo, ya se realizaron reuniones paralelas, como la de Estrategias Legales para el Empoderamiento Económico de las Mujeres, de Trabajo y Seguridad Social, de ministros de Educación, de cancilleres, de ministros de Economía y Turismo, y la de ministras y ministros de Administración Pública.

Dichos encuentros previos rindieron frutos en cada uno de sus sectores para aligerar la agenda de la cumbre que estuvo bajo el lema de ‘Una Iberoamérica próspera, inclusiva y sostenible’.

Pero volvamos a La Antigua, el escenario que acogió a los jefes de Estado de Iberoamérica, al rey de España y a otros huéspedes ilustres.

Pisar La Antigua sobrecoge, no sólo por su singular arquitectura, las ruinas de famosos conventos y castillos, o su hermosa vegetación, sino por su gente, tan típica, tan auténtica, que muestra a cada paso su historia, cultura y tradiciones, no a través de postales de cartón piedra, sino en un enjambre de  tejedoras, artesanos, bordadoras moviendo sus manos sin cesar para exponer los más increíbles paños, blusas típicas, joyería esencialmente de jade y plata, tallas de madera de bellísimos diseños con un acabado que supera cualquier industria.

La Antigua Guatemala no es una escenografía para mostrar al turismo, es una localidad viva, llena de genuinos personajes que captó fielmente la cámara del reconocido fotógrafo cubano Roberto Chile para el disfrute de los lectores de Cubadebate.

Por si no fuera suficiente su misterioso atractivo, La Antigua está rodeada por los volcanes de Agua, de Fuego y el Acatenango. Además, se destaca por la hospitalidad de los lugareños, sus calles son de piedras y con nombres muy sugerentes, como calle de las Ánimas, de la Inquisición, del Desengaño, de la Nobleza, de los Duelos, de la Pila de Rubio, de las Campanas, de los Pasos, de la Sangre de Cristo, Calle Sucia, Calle del Burro, Calle Ancha de los Herreros.

El sugestivo afluente nombrado río Pensativo, con una posición geográfica que rodea la ciudad situada en medio de montañas y cerros, fue la causa de inundaciones por las crecidas de su caudal cuando hay lluvia en exceso. ‘Pensativo’ sólo pide que estén limpios y libres sus caudales para fluir tranquilamente y no superar sus márgenes.

Muchas son las leyendas místicas de almas que recorren la ciudad en la noche para buscar el patrimonio material y espiritual que dejaron atrás. Ánimas que no se conforman con la idea de perder la identidad, las raíces, y vuelven como a reactivar el indigenismo.

También muchas hipótesis concuerdan con que La Antigua Guatemala es el asteroide B- 612, en el que nació El Principito, obra cumbre de Antoine de Exupéry, en el cual describe: “Me creía rico con una flor única y no poseo más que una rosa ordinaria. La rosa y mis tres volcanes que me llegan a la rodilla, uno de los cuales quizá está apagado para siempre”.

Caminar por La Antigua es como transitar en el tiempo, nos hace reflexionar acerca de qué nos habría deparado la obra natural y majestuosa de la civilización americana de no haber sido interrumpida por la conquista.

El inmenso José Martí recrea el tema desde su ensayo Nuestra América: “Con el advenimiento de los europeos surge un pueblo extraño, no español, porque la savia nueva rechaza el cuerpo viejo; no indígena, porque se sufrió la injerencia de una civilización devastadora, dos palabras que, siendo un antagonismo, constituyen un proceso; se creó un pueblo mestizo en la forma, que con la reconquista de su libertad desenvuelve y restaura su alma propia”.

La Antigua Guatemala fue designada por la Unesco Patrimonio de la Humanidad en 1979 por conservar un sobresaliente valor universal que resguarda elementos históricos y resalta su belleza arquitectónica y cultural.

Los tres requisitos que le dieron esta condición a La Antigua  fueron: testimoniar un importante intercambio de valores humanos a lo largo de un período de tiempo o dentro de un área cultural del mundo, en el desarrollo de la arquitectura o tecnología, artes monumentales, urbanismo o diseño paisajístico; aportar un testimonio único o al menos excepcional de una tradición cultural o de una civilización existente o ya desaparecida, y ofrecer un ejemplo eminente de un tipo de edificio, conjunto arquitectónico o tecnológico o paisaje, que ilustre una etapa significativa de la historia humana.

Construida con arreglo a un trazado en damero inspirado en los principios del Renacimiento italiano, Antigua llegó a poseer en menos de tres siglos un gran número de monumentos soberbios, lamentablemente una parte de ellos fue destruida por los terremotos de Santa Marta en 1773 que devastaron la ciudad, lo cual obligó a buscar otro lugar para su traslado, siendo El Valle de la Virgen, de La Ermita o Las Vacas el lugar del nuevo asentamiento. En 1776, la ciudad recibió el nombre de La Nueva Guatemala de la Asunción y se asienta en el lugar donde se encuentra en la actualidad, dicha capital está considerada como la ciudad más grande y cosmopolita de Centroamérica.

En la actualidad, esta ciudad es un importante destino turístico guatemalteco por su bien preservada arquitectura barroca española, con fachadas barrocas del Nuevo Mundo, así como un gran número de ruinas de iglesias católicas, incluso aún después de que sus estructuras fueran severamente dañadas por el abandono en que estuvieron entre 1776 y 1940, y por los terremotos ocurridos en los años: 1874, 1917 y 1976.  También es reconocida por las solemnes procesiones de Semana Santa, que se realizan anualmente desde antes del traslado de la capital a la Nueva Guatemala. De acuerdo con el censo de 2003, tiene una población de 44.097 habitantes, además de la llamada población flotante de turistas que constantemente la visitan.

Hace unos días, La Antigua fue el punto donde se reunieron quienes guían hoy el destino de los sabios pueblos indígenas, mezclados con la hispanidad y llamados iberoamericanos; la agenda de ‘Una Iberoamérica próspera, inclusiva y sostenible’ suena muy bien, sólo resta hacer cumplir tan hermoso precepto.

Y en este momento en que la América se levanta, es oportuno recordar lo expresado por José Martí en Nuestra América:

“Enseñemos el alma como es a estos mensajeros ilustres, que han venido de nuestros pueblos, para que vean que la tenemos honrada y leal, y que la admiración justa y el estudio útil y sincero de lo ajeno, el estudio sin cristales de présbita ni de miope, no nos debilita el amor ardiente, salvador y santo de lo propio; ni por el bien de nuestra persona, si en la conciencia sin paz, hay bien, hemos de ser traidores a lo que nos mandan hacer la naturaleza y la humanidad. Y así, cuando cada uno de ellos vuelva a las playas que acaso nunca volvamos a ver, podrá decir, contento de nuestro decoro, a la que es nuestra dueña, nuestra esperanza y nuestra guía: ¡Madre América, allí encontramos hermanos! ¡Madre América, allí tienes hijos!”