Claudio Araya Silva, el cine como un espejo colectivo

 

Reynaldo J. González
 

ENTREVISTA:

El director de la película lo peor de los deseos habla de su obra y de sus perspectivas del cine boliviano.

Desde 2012 —o quizás antes— el cineasta Claudio Araya Silva (Santiago de Chile, 1977) trabajó en su ópera prima: Lo peor de los deseos, finalmente estrenada el jueves en toda Bolivia. Desde su concepción inicial hasta la versión final, el filme ha pasado por innumerables fases de revisión del guión y búsqueda de financiamiento en diferentes plataformas cinematográficas nacionales e internacionales. 

Hijo de exiliados, Araya Silva radica en nuestro país desde 1982 y afirma amar a Bolivia como una patria propia, aunque nunca ha podido desprenderse por completo de un sentimiento de desarraigo, tratado en sus cortos. “La muerte y el desarraigo evolucionan como temas centrales en mi trabajo. Es decir, el hombre que es expulsado de sus propios terrenos y llevado a vivir en otros contextos; el hombre que se adapta, pero nunca pertenece realmente como un todo. El exilio de mis padres durante la dictadura chilena ha formado parte de mi propia realidad”, indicó en la presentación de una de sus producciones en un festival internacional. 

Con Lo peor de los deseos, sin embargo, Araya Silva parece haber volcado la mirada del cine intimista de sus primeras muestras a uno que intenta dilucidar preocupaciones colectivas que atañen, precisamente, a esa patria que lo acoge como un hijo. ¿Quiénes somos? ¿Por qué somos así? Son algunas de las preguntas que, según él, son planteadas en este filme definido como un “thriller criollo”, en el que la historia de luchas de poder al interior de un sindicato de choferes funciona, acaso, como la metáfora de algo más. 

La Esquina conversó con Araya Silva sobre su obra y sobre sus perspectivas respecto al cine boliviano actual. 

¿Qué influencias tiene su obra?    
Yo vi Blue Velvet a los 12 años con mi abuelo pintor. Creo que heredé de él esta visión cine-plástica, digamos, de cómo contar una historia.

Esa película me impactó muchísimo. Es un cliché, pero para mí este filme es magia; el disfrute de lo estético en un mundo oscuro. 

Además, me gusta la obra de Wong Kar Wai, la pintura  de Francis Bacon, Lucian Freud y de mi abuelo Osvaldo Silva Castellón, que fue un pintor expresionista —el expresionismo ha marcado mi vida—. Creo que la pintura tiene mucho que ver con el cine. 

En narrativa, me interesa mucho la propuesta de Scorsese y me gusta Mean Streets. 

¿Cómo ve el panorama del cine boliviano actual?
Creo que está creciendo, que está en evolución.  Hemos encontrado un punto de estrenos interesante, pero creo que todavía no tenemos el apoyo necesario. Aún no se entiende que el séptimo arte es una herramienta fundamental para entender la diversidad, entender la memoria, la nación, para vernos a nosotros mismos. Está  faltando eso. Mientras no lo entendamos como cineastas y como Estado, no vamos a poder crecer. Éste es un embajador fundamental de la cultura y eso todavía no se entiende. 

¿Ves alguna característica común entre el cine que se está haciendo en nuestro país en la actualidad y, quizás, el cine boliviano del siglo anterior?
Estamos produciendo con mayor diversidad, con mayor soltura; sin embargo, Jorge Sanjinés me parece fundamental en el cine boliviano del siglo anterior. Es un autor realmente poderoso. Yawar Mallku y La nación clandestina son cintas que marcan. A mí me marcaron porque los vi muy joven y en pantalla grande. Por suerte, tuve una madre apasionada por las artes que me permitió siempre tener acceso a éstas.

 
Creo que Cuestión de fe es una producción importante. Me parece fundamental, por la textura, la calidez, el fotograma en sí mismo y, por supuesto, el rigor que requería. 

¿Cómo evalúas esta diversificación?
Estamos siendo más diversos, pero también  un poco más audaces y eso me interesa. No todo lo que se hace me gusta como autor y como cineasta. Diría que me gusta la diversidad en el sentido de que tenemos filmes más populares, como películas más oscuras. Que exista todo tipo de filmes es importante porque habla de cómo somos como país. No creo en la imposición de fórmulas. Como artistas tenemos un compromiso, nos dedicamos a proyectos por años, que consumen nuestras vidas. Entonces, si decidimos hacer esa apuesta es porque alguito hay que decir. 

Además del financiamiento, ¿cuáles son los mayores escollos para hacer películas en Bolivia en la actualidad?   
Esta diversidad y necesidad de narrar es importante. Yo no quiero competir con nadie, creo que estamos haciéndolo bien. Creo que el cine está sobreviviendo. Estamos empezando a entendernos, empezando a conocer equipos, conocer gente valiosa. Creo que hay gente muy valiosa en Bolivia, en todos los aspectos: creativos, técnicos y actorales. Considero que podemos hacer nuestro arte sin depender de nadie, eso si el Estado nos permite, porque ahora estamos dependiendo de hacer coproducciones. 

Desde tu perspectiva como artista, ¿qué rol crees que está cumpliendo la crítica en relación con el cine boliviano?
La crítica tiene que crecer, tanto como el cine.