Pablo Copa Soraide, exdirigente minero

 

Luis Oporto Ordóñez / Historiador y docente

Vania Ticona Rodríguez / Universitaria investigadora 

Nació en Santiago de Cotagaita, provincia Nor Chichas (Potosí). Su padre trabajó en Tasna y Chorolque, en tanto su madre era ama de casa. Por limitaciones económicas cursó hasta sexto de primaria. Trabajó en albañilería y a veces con sus hermanos recogía el “rodado” (escoria mineral de baja ley). En 1973 prestó su servicio militar en Viacha, donde fue comandante de la primera escuadra y mejor soldado de su regimiento, y obtuvo una beca para la Escuela de Clases en la Muyurina (Cochabamba), que descartó ante la falta de recursos. Al retorno a su hogar ingresó como ‘maquipura’ (trabajador eventual) en Chorolque y luego como ‘embudista’ (encargado del cambio de aceite y mantenimiento de los motores); allí aprendió el oficio de perforista, con el que retornó como trabajador regular a la mina Rosario (Tasna). Posteriormente pasó a Colquiri. 

En el campamento vio “a compañeros dirigentes hacer una pelea para mejorar la vida en la comunidad” y se interesó por la actividad sindical. A los 23 años fue elegido presidente del comité electoral, pero los candidatos renunciaron y la asamblea lo aclamó como secretario general. Ingresó al Comité Ejecutivo Nacional de la Federación de Mineros en el congreso de Corocoro, siendo “el único y primer dirigente de ese distrito en la FSTMB”. El novato dirigente aprendió de sus compañeros, entre ellos, José Montesinos y Víctor López, jefe de pulpería en Tasna. En esa época existían partidos socialistas muy bien conformados; quiso mantenerse al margen siguiendo el ejemplo de López, pero las circunstancias lo llevaron al MIR: “Entonces entré ahí; hasta serios problemas he tenido, renuncié a la familia, la abandoné”.  

Tenía 25 años cuando Hugo Banzer derrocó al Gral. Juan José Torres. El dictador ordenó la represión de los centros mineros. En Tasna, Pablo Copa sublevó al distrito, desencadenándose la persecución. Los dirigentes fueron apresados y exiliados al sur de Chile: “Con mis 29 años yo era ya un exiliado. He estado siete meses y nueve días en Puerto Mont, de allí en adelante es el paso de Magallanes, ahí están las islas de Chiloe, Achalma.” Compartió cautiverio con Silverio Torres, Alfonso Meneses y Octavio Carvajal. Refiere que Puerto Montt fue un lugar de concentración de los presos políticos bolivianos: “Nos hemos ido a encontrar con todos los compañeros que estaban en las otras islas (…) estaban replegándose, y la mayoría estaba saliendo a Venezuela”, merced a la amnistía arrancada al dictador, pero fue enviado preso a Bulnes, y —custodiado por seis policías que llevaron una suma de dinero para facilitar su sustento—pasó a Santiago por 20 días (nunca vio un centavo de ese dinero) y, de allí, a Venezuela.

Luego retornó a Bolivia incorporándose a su distrito con la prohibición de abandonar el centro minero: “Así que me he aguantado unos dos meses más y luego un poquito más han ablandado la represión, la persecución y ya nos han dado mejor libertad (…) entonces me fui a Colquiri”. Allí permaneció hasta el decreto de amnistía general, retornando a Tasna, e integrándose a las tareas de reorganización de la FSTMB, con el apoyo de su esposa:  “Tengo bastante documentación, pero la más valiosa estaba en Ánimas, que la quemaron. Y mi esposa se sumó, ella iba ocultando las cosas; yo entraba de 4 a 12; mi esposa hacía los documentos, yo le dictaba y al día siguiente me entregaba todo bien hechito. Es lindo ese trabajo cuando la esposa te entiende, cuando está dispuesta a todo”. 

Casi de inmediato vino el golpe del Gral. Luis García Meza: “Ése era ya más amplio, cuando recuerdo me dan ganas de llorar, porque en todo eso mi esposa sufrió, ya los niños estaban grandes y ya con seis hijos realmente me preocupó mucho”. Allanaron su vivienda, lo sacaron con violencia, sin considerar el estado de gravidez de su esposa. Fue trasladado a La Paz, donde recibió apoyo de Monseñor Julio Terrazas. Permaneció en una casa de seguridad tres meses hasta el asesinato de los dirigentes del MIR en la calle Harrington. Pablo afirma que intentó alertar a sus compañeros:

“Agarraron a un compañero y le hicieron hablar a golpes, pero él escapó y llegó a la casa y me dice: ‘Pablo, tienes que salir. El último nombre que he dado es de esta casa, así que van a venir, te van a recoger’ (…) allí estábamos yo y Pedro Mariobo, militante del MIR. Fui y hablé con un compañero: ‘Mira hermano, no hagan la reunión porque van a pasar cosas’, pero no me hicieron caso, por el compañero [Artemio] Camargo [que] llegó de Lima. Tuvimos que salir y esa noche ha sido la famosa masacre (...) Yo no fui, pero les avisé que no hagan la reunión y no me han hecho caso, los mataron y de allí nos han perseguido y nos fuimos a la embajada”.

Terrazas gestionó asilo para Pablo Copa y varios dirigentes mineros. En la embajada de Bélgica estaban varios dirigentes y ex ministros, entre ellos Wálter Delgadillo. Hicieron una escala en Buenos Aires, donde se definió la vía de ingreso a Europa. Estaban Guillermo Dalence, Oscar Salas (PCB), Justo Pérez (PS), Octavio Carvajal (PRIN) y ante la ausencia de Artemio Camargo, nombraron a Pablo Copa por el MIR. Éste ingresó por África, luego a Luxemburgo y Amberes. Después fue enviado a Ecuador para retornar a Bolivia vía Lima, donde tuvo un encuentro con Juan Lechín, que le entregó una suma de dinero y un revolver: 

“Tienes que llegar a Bolivia llevando algo [pero] te puede costar la vida y de tu familia. Allá la gente no tiene qué comer, no sirven los partidos políticos a sus militantes. Entonces la gente necesita, la familia necesita. La solvencia de los compañeros del Perú ha llegado y nos han entregado $us 18 mil. Vas a meter”. 

Lechín envolvió los billetes en el cuerpo de Pablo. Una periodista y un cura le dieron dos carnets falsificados y lo llevaron vía aérea a Juliaca, para enviarlo a Yunguyo: “Allí te van a llamar, te van a decir: Manuel o Pánfilo”. Allí, en un vehículo una mujer con sus dos hijos y un conductor, sortearon el trayecto a Copacabana y Tiquina hasta llegar a la plaza España, en La Paz, donde se reunió con Óscar Salas, a quien transmitió el mensaje de Lechín. El dirigente comunista “desamarró el dinero de mi cuerpo, había sido fuerte la tinta, herpes me he agarrado”, relata Pablo. “De allí hemos dirigido el proceso democrático, yo, Óscar Salas, Justo Pérez y Octavio Carvajal. 

Reflexiona, consciente de que su acción salvó la vida de muchos compañeros que estaban clandestinos y no tenían apoyo alguno. He salvado a los partidos y eso es lo que hice, cosas que en algún momento quería decirlas y este momento lo dije”.