John Ford y el cine de propaganda

Cine

Claudio Sánchez / Crítico e investigador

Las películas del mítico director norteamericano determinaron el curso de la segunda guerra mundial y del cine bélico.

En octubre pasado se realizó en Valparaíso, Chile, el Vigésimo Segundo Festival Internacional de Cine Recobrado. Se trata de uno de los eventos más singulares y privilegiados dentro de la compleja agenda de festivales internacionales, puesto que muchos de los trabajos de restauración y digitalización desarrollados en el mundo entero se exhiben públicamente y se proyectan películas en formatos originales de 35 mm, 16 mm e incluso 8 mm.

En esta oportunidad, dentro del programa del festival, se organizó el simposio “Homenaje a John Ford”. Durante cuatro días (del 22 al 25 de octubre) se debatió la obra del gran cineasta norteamericano desde diferentes perspectivas. Fue en este contexto que pude desarrollar un tema que me había interesado desde hace ya varios años atrás: “películas de propaganda de John Ford durante la Segunda Guerra Mundial”.

A Ford se lo reconoce usualmente por sus westerns estando sus obras La diligencia (1939) y El hombre que mató a Liberty Valance (1962) entre las más destacadas del género. También se lo recuerda por la relación que mantuvo con uno de sus actores favoritos: John Wayne.

El legado de Ford, sin embargo, es mucho más amplio y complejo habiendo desarrollado su cine en diferentes etapas —desde el cine silente, hasta la llegada del color— y habiendo sido uno de los pocos realizadores capaces de plasmar efectivamente sus posiciones personales en la pantalla. En efecto, Ford fue un cineasta que consiguió contar la historia de Estados Unidos durante la primera mitad del siglo XX a partir de argumentos que en su aparente sencillez alcanzan una incomparable profundidad.

Para 1942 Ford ya es un destacado cineasta, su obra es reconocida y valorada por el público y la crítica. En ese año es convocado por la Marina Norteamericana para incorporarse en funciones de propaganda durante la Segunda Guerra Mundial. El director, que un año antes ya había filmado un documental para los soldados sobre un tema puntual que preocupa a los altos mandos militares (Higiene Sexual, 1941),  recibirá el encargo de registrar la contienda bélica. En el cumplimiento de esta tarea, Ford marcará un antes y un después con el cortometraje La batalla de Midway.

En este corto, que contiene registros documentales de lo que sucedió durante la batalla aeronaval, Ford consigue replantear la construcción del discurso en la propaganda norteamericana. Es con esta película que el cineasta sugiere destinar el contenido de la propaganda hacia las mujeres. Ford sostiene que los hombres sí saben lo que es la guerra, pero que el público femenino lo desconoce. Por eso mismo en el cortometraje, además de incluir las imágenes de la propia batalla, también se asegura de que el espectador pueda identificarse con los soldados, consiguiendo conmover al mismo presidente de Estados Unidos y cambiando la forma de pensar del cine bélico.

En el corto se presenta en una primera parte todo lo que tiene que ver propiamente con la batalla; posteriormente, se ven las consecuencias de ésta para la tropa, la cercanía de la muerte y lo que le queda a la Marina. En una última parte se enfocan los rostros de quienes sobrevivieron y tienen ahora la responsabilidad de proseguir. En este momento se hace un primer plano del rostro del hijo del presidente Franklin Roosevelt, y con esto nace una más de las leyendas que existe en torno al cine de Ford: se dice que mientras se proyectaba el corto para el presidente y el alto mando militar en una sesión especial, Roosevelt —que había reconocido todo el armamento y comentado toda la maniobra mientras se exhibía la película— se quedó sin palabras al ver a su hijo en la pantalla. En ese momento no dudó en autorizar que la película se pase en todos los cines. Fue con esa decisión de montaje que Ford renovó las formas de la propaganda, fue con esta exposición que Valparaíso continuó con su festival.