La nueva doctrina Monroe se pone en acción

 

Miguel Ángel Barrios

Hemos venido sosteniendo que América Latina, y en especial América del Sur, posee potencialidad geoestratégica en el sistema-mundo del siglo XXI: poder alimentario, poder acuífero, poder energético, poder en la biodiversidad.

La integración sirve para un solo objetivo: aumentar la capacidad de soberanía; es decir, la “densidad nacional” para lograr mayor autonomía en un mundo interdependiente y asimétrico.

Mientras el Gobierno argentino “festeja” el “éxito diplomático” del G20, la verdad pasa por otros carriles más peligrosos que nunca.

El sábado 8, en las cataratas del Iguazú —lado brasileño—, o sea en Foz de Iguazú, se llevará a cabo la Cumbre Conservadora de las Américas, con la participación de Álvaro Uribe, académicos y políticos de Chile, Paraguay y Venezuela, cubanos exiliados en EEUU y el astrólogo Richmond Olavo de Carvalho, el gurú intelectual del presidente electo Bolsonaro.

En un tuit escrito ayer, 5 de diciembre, el diputado electo Eduardo Bolsonaro dice: “Llegó la hora de que ordenemos nuestras ideas, las banderas y directrices para un mundo mejor en el cual el individuo será el protagonista y ya no más un colectivo o el Estado” (Télam 05/11/18).

La reunión será abierta por el presidente electo Bolsonaro. Y participará también el autodenominado príncipe brasileño, Luis Philippe de Orleans e Braganza, que se dice heredero del trono de la familia imperial que gobernó Brasil hasta 1889, cuando el país se convirtió en República.

Todo lo hemos dicho, el objetivo es controlar América del Sur, ir por el sistema acuífero guaraní. Fragmentarnos y condenarnos a mil años de soledad.

El argumento falso es el terrorismo y crimen organizado, que no funciona sin la complicidad del sistema financiero manejado desde los centros de poder.

Si no volvemos en serio a San Martín, Bolívar, Getulio Vargas y Perón, América del Sur será una republiqueta de esclavos y un oasis de pobreza.

Es ahora o nunca, en un continente donde la dirigencia en muchos aspectos ha optado por la cobardía y no pelear, “si es necesario en pelotas”, como nos pidió San Martín.