El sueño mexicano se llama Manuel López Obrador

Foto: Archivo
El presidente Andrés Manuel López Obrador junto a sus miles de partidarios.

 

Óscar Huaygua Delgado

“Uy, jefecito, este país está cada vez pior, cada vez pior. ¿Vio que el Peña Nieto ha gobernado chueco?”, me dice un chofer con ese inconfundible acento mexicano que expresa su opinión cargada de pesimismo cuando le pregunto sobre el gobierno saliente de México.

¿Y tiene esperanza de que las cosas mejorarán con el nuevo Presidente?, inquiero. “Pos sí; la neta, que vamos a mejorar”, me responde mientras me mira de reojo a través del retrovisor de su auto blanco que conduce por calles y avenidas atestadas de vehículos.

Los mexicanos, tras la elección y posesión del presidente Andrés Manuel López Obrador, pasaron a vivir días de esperanza por mejores días, de un crecimiento de la economía que beneficie a la gente y el retorno de la dignidad porque los gobiernos anclados en el neoliberalismo estaban atados al yugo estadounidense.

Quieren restaurar la confianza perdida porque el gobierno liderado por Enrique Peña Nieto —al que se suman seis décadas de monopolio del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y otros gobiernos de derecha— se regodea en hechos de corrupción que trascendieron las fronteras y derivaron en una crisis institucional casi terminal.

Uno de los casos que conmovió fue la desaparición de 43 estudiantes de Ayotzinapa el 26 y la madrugada del 27 de septiembre de 2014. En ese fatídico día, un grupo de policías municipales detuvo a los alumnos cuando se desplazaban a una manifestación en la capital. Después, los entregaron a un grupo de sicarios de la organización criminal Guerreros Unidos que los interrogaron, asesinaron e incineraron en un basurero. Otro caso fue la matanza de Tlatlaya en la que perdieron la vida 22 civiles en San Pedro Limón en manos de militares.

Casa Blanca

Una investigación del equipo de prensa de la periodista Carmen Aristegui develó que la primera dama, Angélica Rivera, adquirió una casa de siete millones de dólares en las Lomas de Chapultepec, una de las zonas más exclusivas de la capital. Los periodistas descubrieron que la vivienda fue construida por la empresa HIGA, que ganó la licitación del tren México-Querétaro, y que antes levantó obras cuando Peña Nieto fue gobernador.

El reportaje fue el golpe definitivo para destruir la imagen presidencial que había construido en los medios de comunicación como el “salvador” de México.

La última Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental demostró que el 52,4% de los ciudadanos percibía que la corrupción era muy frecuente. El 72% de los ciudadanos lo observó como una figura corrupta.

Los periodistas denunciaron que el saliente mandatario había plagiado al menos un tercio de su tesis para obtener el grado universitario. De los 682 párrafos que contiene su estudio de 200 páginas, titulado “Presidencialismo mexicano y Álvaro Obregón”, el 28,9%, es decir 197 párrafos, fueron plagiados.

Peña Nieto fue aguijoneado por constantes denuncias de violaciones a los derechos humanos y crimen organizado —el narcotráfico en particular— que penetraron las estructuras del Gobierno. Los números desatan escalofríos, pues hubo 200 mil asesinatos en los últimos seis años.

Asimismo, 22 gobernadores del PRI fueron investigados por desvío de recursos del erario federal. 2017 fue el año con más exgobernadores en prisión acusados de enriquecimiento ilícito, lavado de dinero y nexos con el narcotráfico. El lastre de la corrupción se hundió en la impunidad.

El hastío de la población se expresó en las urnas, por lo que depositaron su confianza en Andrés Manuel López Obrador, quien es portador de esperanzas y cuyo gobierno enfrenta varios retos: disminuir los altos niveles de rapiña, de violencia y de desigualdad que imperan en el país.

El sábado pasado 1 de diciembre, en México se vivió una jornada histórica. Tomó las riendas del poder el primer presidente de ideas progresistas, luego de décadas de monopolio de partidos de derecha.

Líderes de la izquierda

El día de su posesión AMLO fue arropado con el cariño de líderes de izquierda latinoamericana como Evo Morales, presidente de Bolivia; Nicolás Maduro, de Venezuela; Miguel Díaz-Canel, de Cuba y otros que simbolizan la esperanza con la que revolucionarios miran hoy el futuro.

El nuevo mandatario se refirió en su discurso del Congreso de la Unión a los dos temas principales que marcaron su campaña: la crítica al modelo político-económico (que lleva más de tres décadas) y la lucha contra la corrupción, la impunidad y la inseguridad.

Asimismo, envió las primeras señales de austeridad: disolvió el Estado Mayor Presidencial —que era un cuerpo militar compuesto por unos 4.000 integrantes de la Defensa Nacional, Marina y Fuerza Aérea encargado de la seguridad del Presidente— y se trasladará en su propio vehículo.

Asimismo, López envió a Estados Unidos el avión presidencial Boeing 787 para realizar un mantenimiento con el objetivo de venderlo. También pondrá a la venta otros 60 aviones y 70 helicópteros que pertenecen al gobierno federal.

Otra de las medidas de austeridad es la rebaja de sueldos de los funcionarios públicos. El mandatario se rebajará su salario en un 40% y sus argumentos fueron esgrimidos en el día de la posesión: “Van a bajar los sueldos de los de arriba porque van a subir los sueldos de los de abajo”.

En otro tramo de su alocución, el Jefe de Estado mexicano prometió: “Si me piden que exprese en una frase el plan del nuevo gobierno, respondo: acabar con la corrupción y con la impunidad”, dijo López.

Cuando AMLO se trasladaba de su domicilio hacia el Congreso fue abordado por cientos de personas y ciclistas, uno de los cuales le espetó: “No tienes derecho a fallarnos”. Ya en el Congreso, respondió públicamente: “Estoy preparado para no fallarle a mi pueblo. Cuando venía me emparejó un joven en bicicleta y me dijo: ‘Tú no tienes derecho a fallarnos’. Ese es mi compromiso: no tengo derecho a fallar”.

¿Con AMLO en el poder México tendrá un mejor porvenir?, pregunto al encargado internacional de prensa que funcionó en el Arzobispado en México el día de cambio de mando presidencial. Él, un joven de unos 30 años, parafrasea casi de memoria al filósofo francés Michel Foucault: “Le cortamos la cabeza al rey. Ahora el poder no es una exclusividad del Estado ni una figura autoritaria”. Tras una breve pausa concluye: “Se vienen tiempos mejores, llenos de esperanza”.