José A. Gonzales Samaniego: Cuando Bolivia actúa de forma independiente tiene mejores días para sus ciudadanos

Foto: Gonzalo Jallasi

 

Periodista y comunicador social, fue servidor público y embajador en Argentina y Brasil, luego asumió la presidencia del Senado y ahora está nuevamente en la gestión diplomática. José Alberto Gonzales realiza una evaluación de la gestión de gobierno, en la que destaca, entre otras cosas, la soberanía que recuperó Bolivia.

Son 12 años de gobierno del presidente Evo Morales, ¿cómo fue posible llegar a esa cantidad de años de estabilidad política en Bolivia?

Considero que confluyen en este momento, cuando menos, cuatro elementos clave interrelacionados entre sí. El primero es que se logró una sintonía entre las necesidades y los anhelos de la gente con las acciones emprendidas por el Gobierno, sintetizado éste en la figura del presidente Evo. Un hecho que no se da por casualidad o por simple olfato político, sino más bien es producto de que el gobernante haya estado de manera permanente al lado de la gente, visitando sus lugares, interpretando sus sueños, sintiendo latir sus esperanzas, palpando sus necesidades y trabajando sin descanso para satisfacerlas. Por eso las jornadas laborales de casi veinte horas, sin feriado ni domingo; por eso las horas de sueño sobre el avión, por eso el helicóptero y por eso las gripes mal curadas.

El segundo es la legitimidad del liderazgo de quien conduce este proceso histórico. Estoy convencido de que sólo una persona que durante su niñez conoció en persona el hambre, el frío y el miedo es capaz de comprender —una vez adulto— lo que es el sufrimiento, la marginalidad y el abandono. Esas naranjas que tras ser lanzadas de la ventana de las flotas eran recogidas del piso por Evo niño para alimentarse, sumadas a las largas caminatas junto a su padre por el frío altiplano y a la muerte de varios de sus hermanos por causas evitables, son la materia prima de un presidente que tiene tatuadas en su cerebro y en su alma palabras como sensibilidad, compromiso, honestidad y valentía.

Tercero: haber tomado la audaz decisión de recuperar, para dominio y disfrute de todas las bolivianas y bolivianos, los recursos naturales que en los años 90 habían sido entregados graciosamente a empresas transnacionales que durante décadas nos dejaron unas migajas a cambio de toda la torta, ante la mirada cómplice y distraída de quienes gobernaron Bolivia hasta 2005. Y aunque la discusión sobre el concepto para mí es irrelevante, la nacionalización de nuestras empresas permitió que el país se ponga de pie y comience a caminar con mayores ingresos para un Estado que asumió un rol protagónico, que aplicó un mecanismo más justo y equitativo para redistribuir la nueva riqueza entre todos, que generó un creciente consumo interno y aseguró crecimiento económico sostenido y estabilidad.

Y cuarto: el anhelado y tantas veces postergado proceso constituyente, que dio a luz al nuevo Estado Plurinacional y con él a una nueva Constitución Política, ese contrato social que garantiza la igualdad de derechos y de obligaciones para todas y todos.

Estoy cierto de que al leer esto el presidente Evo me reclamaría por qué no se habla aquí de las incansables luchas del pueblo organizado, que permiten disfrutar este momento. Y es verdad, sin ese elemento dinamizador cualquier liderazgo naufragaría. Pero no es menos cierto que las luchas del pueblo, tan antiguas como nuestra propia historia, muy pocas veces parieron un liderazgo tan potente como el de Evo Morales.

En general, ¿considera que los bolivianos se encuentran mejor o peor que hace 12 años?

Creo que, al margen del tiempo acumulado, lo esencial e incuestionable es que más de dos millones de bolivianas y bolivianos dejaron atrás la pobreza y otros tantos siguen disfrutando de este inédito período de estabilidad que trajo consigo una mejor situación económica para la gran mayoría de los ciudadanos, con dignidad, equidad y en libertad. Además fuimos el país de la región que logró reducir en un mayor porcentaje la brecha entre los más ricos y los más pobres.

Más allá de haberse constituido durante el último lustro en uno de los países con mayor crecimiento económico en América Latina, bordeando el 5% anual, se ha consolidado, como nunca había acontecido, con notables avances en índices vinculados al desarrollo humano, con cifras que son destacadas y homologadas por instancias internacionales como la Cepal, la Organización Mundial para la Salud (OMS), el PNUD, el Banco Mundial y la Unicef, entre otras.

Lo dicho, la nueva Constitución nos reconoce e incluye a todas y todos más allá de nuestras diferencias, garantizando el respeto y la igualdad entre ciudadanos, con derechos y obligaciones comunes, camino de alcanzar el Vivir Bien.

Con las libertades consagradas en la nueva Constitución y con una nueva forma de distribución de los ingresos económicos y de planificación del desarrollo del país, además del voto en las elecciones, se garantiza a los ciudadanos una verdadera y activa participación democrática, otro elemento ajeno a los gobiernos del pasado, tiempos en los que el pueblo votaba y los políticos de turno elegían con base en sus intereses de clase.

¿De qué manera cambió la participación de Bolivia en los organismos internacionales y su relación con los otros países del mundo?

El rol y la imagen de nuestro país en el mundo, tanto en sus relaciones bilaterales con otros Estados como con los organismos internacionales, han cambiado de manera sustancial merced a los resultados anotados en las anteriores respuestas. Bolivia dejó de ser el país mendigo que vivía pidiendo limosna a la comunidad internacional para poder cubrir su gasto corriente, un país que, a cambio de unos cuantos dólares que apenas alcanzaban para pagar los aguinaldos, embargaba el futuro de sus ciudadanos, endeudándose en condiciones perversas e indignas.

Hoy Bolivia es soberana e independiente para planificar su desarrollo y decidir sobre el uso que dará a sus recursos de manera no tutelada, contrariamente a lo que sucedía antes de 2005. Ya no está sometida a ayudas o créditos condicionados, sino que tiene la libertad de poder implementar los acuerdos crediticios y de cooperación que considere más favorables y que se ajusten mejor al plan nacional de desarrollo contenido en la Agenda 2025.

Quien frecuenta foros internacionales e intercambia criterios con autoridades, funcionarios o académicos de otros países escucha del respeto por nuestro país. Se reconoce a Bolivia como un ejemplo en términos de manejo y crecimiento económico y se destaca que estos avances llegaron en un ámbito de paz, aparejado del respeto a los derechos y las libertades democráticas de las y los ciudadanos.

En décadas pasadas —duele recordarlo— la voz de Bolivia no contaba, no se dejaba escuchar en el mundo. En verdad, estaba silenciada. Durante el gobierno de Evo, numerosas iniciativas propuestas por nuestro país fueron asumidas por toda la comunidad internacional, por ejemplo en temas referidos a derechos que hoy son comunes a todos los habitantes del planeta. Hoy Bolivia se hace escuchar.

¿Cuál es la importancia de la postura anticolonial y antiimperialista que asumió Bolivia desde la llegada de Evo Morales al Gobierno?

Me remito a los hechos. ¿Cuándo comenzó a mejorar y a crecer nuestra economía? ¿Fue acaso con las recetas que a sangre y fuego se imponían de arriba y afuera? Para nada. Mejoramos cuando decidimos planificar y ejecutar nuestros recursos de manera libre y soberana, sin las consabidas ‘recomendaciones’ de organismos que, en los hechos, fueron un mecanismo de dominación, de sometimiento y de empobrecimiento para los bolivianos.

¿Acaso fue durante la presencia forzosa en Bolivia de agentes externos que se logró erradicar más hectáreas de hoja de coca o se obtuvieron mejores resultados en la lucha contra el narcotráfico? En absoluto. Sin muertos ni violación a los derechos humanos y de manera consensuada, las tareas de erradicación y de interdicción arrojan hoy mejores resultados que los obtenidos antes de 2005.

¿Fue acaso en el tiempo en que las agencias de cooperación internacional inundaban Bolivia que mejoraron nuestros índices de desnutrición, de deserción escolar y de acceso a los servicios básicos? La respuesta es no y los datos están a la mano.

Algunos ejemplos contundentes de que cuando Bolivia comenzó a actuar de manera independiente, libre y soberana, sin imposiciones, condicionamientos e injerencias, pudo asegurar mejores días para sus ciudadanas y ciudadanos.

A partir de estas consignas, ¿Bolivia estará libre de injerencia o deberá estar preparada para nuevas arremetidas desde el imperio?

Pienso que mientras Bolivia, al igual que ocurre con otros países en el mundo, posea los recursos naturales con los que ha sido bendecida, está latente la posibilidad de que intereses foráneos vengan por ellos. Bolivia tiene reservas de gas y petróleo, tiene diferentes minerales, cuenta con bosques y con cantidades extraordinarias de agua dulce, entre otras riquezas. Estamos hablando de recursos cada vez más exiguos en el planeta y, por tanto, más apetecidos y buscados. Al margen de los intereses económicos que estos recursos puedan significar, hay elementos geoestratégicos que tampoco debiéramos desdeñar. Ojalá que en el futuro ciertas asociaciones que se generaron para depredar puedan mudar hacia otras que se encarguen de preservar lo que la naturaleza nos brindó, y claro, no dejar de dormir con un ojo abierto.

En este Proceso de Cambio, ¿llegará el momento que alcancemos el Vivir Bien?, ¿qué falta para lograr ese objetivo?

Bolivia nunca había tenido la posibilidad de planificar su desarrollo, de diseñar su futuro. Si me permiten, jamás tuvimos nuestro plan de vuelo para avanzar. Hoy y desde hace unos años tenemos la Agenda 2025 y los planes nacionales de desarrollo que la acompañan. Se trata de un plan con trece pilares que a la fecha se encuentra en plena fase de desarrollo, que deberá concretarse en los próximos seis años y que va desde la erradicación de la pobreza extrema hasta la universalización de los servicios básicos, pasando por la industrialización de nuestros recursos naturales, la soberanía tecnológica y alimentaria, y por garantizar a todas y todos salud, educación y deporte, entre otros.

Es la Agenda 2025 el camino que nos permitirá alcanzar el Vivir Bien. Aquí están los pilares sobre los que descansa el futuro que todos deseamos para nuestras futuras generaciones. Estamos avanzando con estabilidad y firmeza hacia ese objetivo y, si bien se pueden realizar ajustes a los planes y programas allí incluidos para asegurar mejores resultados, queda claro que el norte está definido y no se modifica.

Invito a todos a revisar este plan de gobierno que fue publicado hace varios años y que de ninguna manera constituye un simple enunciado de propuestas electoralistas, como sugirió la oposición en la campaña de 2014, un argumento que probablemente se vuelva a escuchar en la venidera contienda electoral.

¿Cómo cree que estarán los bolivianos en 2019?

Considero que, en general, este inicio de 2019 encuentra a las y los bolivianos en una circunstancia muy distinta a la que teníamos (y sufríamos) quienes inauguramos los años 80, 90 y 2000. Recuerdo que en aquellos tiempos se hacía más notoria y dolorosa la enorme brecha entre esos pocos que lo tenían todo y esos muchos que no tenían casi nada. Fueron navidades y años nuevos plagados de desesperanza e incertidumbre, muchos con pena y angustia. La gente rogaba que el dólar se estabilice para así poder pagar el alquiler o la deuda; para que los precios de la gasolina, la garrafa de gas y los alimentos ya no suban tanto; imploraban que haya sueldo y que éste alcance a fin de mes. Alguno que otro soñaba con que le pudieran dar el crédito bancario para comprarse la peta, para completar el pie del anticrético o para pagar la inscripción en el colegio de los hijos. En fin, casi todo muy acotado, casi todos muy pobrecitos. Más de uno pensaba en migrar, ya cansado de tanto sufrir.

Sin entrar a considerar aquí los elementos materiales (que no dejan de ser significativos), creo que al inicio de 2019 las y los bolivianos tenemos una autoestima diferente: hoy nos sentimos orgullosos de nuestro país, de nuestras ciudades, de lo que somos, de lo que tenemos, de los nuestros y de lo nuestro. La esperanza nos acompaña y a pesar de los esfuerzos que se hacen desde algunos reductos de la oposición política de nuestro país para sembrar incertidumbre o malestar, las y los ciudadanos ya aprendieron a distinguir entre ese discurso hueco, trasnochado y plagado de mentiras y odio, y lo que es una gestión presidencial con resultados, que la gente siente de manera clara y contundente en su día a día.

Como sabemos, en octubre acudiremos al llamado de las urnas para definir, en una elección crucial, si vamos a dar continuidad a este Proceso de Cambio que nos llevará al cumplimiento de la Agenda 2025 o si, por el contrario, se modificará el rumbo hacia un escenario sobre el cual, por lo menos hasta este momento, los candidatos de la oposición no han propuesto nada. ¿O ya le dijeron a usted si el Estado saldrá de la cancha y volverá a mirar todo de palco como hasta 2005? ¿Acaso usted oyó decir si la oposición garantizará un dólar a Bs 6,90 y una gasolina especial a Bs 3,74 por litro para el período 20-25? ¿O le dijeron ya si el salario mínimo nacional subirá cada año por encima del porcentaje de la inflación? ¿Ya le aseguraron que las petroleras van a continuar pagando los mismos impuestos que pagan hoy y con los cuales se cubren las rentas y los bonos? ¿Ya le comprometieron que el FMI no volverá a Bolivia? ¿Le aseguró ya algún candidato opositor que la estabilidad en el país será la misma que disfrutamos estos últimos trece años? ¿Ya le recomendó algún candidato opositor cómo planificar a partir de 2020 el pago del colegio o la universidad de sus hijos?

Hace poco fuimos testigos de cómo a un candidato de la oposición ‘se le escapó la tortuga’ y vimos también cómo su blindaje mediático coadyuvó en su pronta recaptura. No obstante, a partir de esos dichos quedaron instaladas entre la gente dudas por demás razonables en torno a qué podría suceder con las rentas y los bonos si hubiera un eventual cambio de gobierno. La pregunta es: En un país “no rentista”, ¿se puede garantizar, entre otros subsidios, la Renta Dignidad para los abuelos, el Bono Juancito Pinto para los escolares, y el Bono Juana Azurduy y el Subsidio de Lactancia para las mamás y los recién nacidos?

Esperemos que en la venidera campaña electoral el candidato o los candidatos opositores a Evo tengan la responsabilidad, la madurez y la capacidad de presentarle al pueblo boliviano propuestas de gobierno, coherentes y viables, sin ambages ni ardides. Aunque con algo de escepticismo, anhelo que no sean el odio y la mentira los ingredientes que predominen en la próxima elección general y la conviertan en una trampa de impredecibles consecuencias para el futuro de nuestro país y de su gente.