Por una oposición de verdad

 

En las democracias formales, sean sistemas parlamentarios o presidencialistas, se hace necesaria una oposición decente que, de manera responsable y con un proyecto de país, esté vigilante ante los actos del Ejecutivo, y además haga propuestas para mejorar las políticas públicas en defensa de la ciudadanía.
Por desgracia, en Bolivia no tenemos una oposición ni decente ni mucho menos con proyecto de país.
La única oposición que tenemos es la misma que gobernó Bolivia durante la nefasta época neoliberal, y que quieren desalojar del gobierno a Evo y el MAS para volver a turnarse y lotearse el país y las empresas neoliberales.
Una oposición no demócrata, y además una parte de ella, violenta, como ha quedado demostrado después de identificar a los culpables de la quema de la sede del Tribunal Electoral en Santa Cruz. Una oposición que deseaba que ganara Bolsonaro, uno de cuyos diputados afirmó que “a quien le guste el indio, que se vaya a Bolivia”, demostrando unos niveles de racismo que pensábamos superados tras la aprobación de la nueva Constitución Política del Estado.
Pero, también, una oposición indecente que no respeta las instituciones y después de haber participado en la elaboración de la Ley de Organizaciones Políticas, corre a denunciarla cuando el MAS usa su mayoría legítima y democrática para transparentar los tiempos electorales y que quienes van a ser candidatos presidenciales dejen de hablar como ciudadanos de a pie sin serlo.
Una oposición antidemocrática, que no presenta alternativas a las decisiones cupulares, se queja de que las primarias no van a servir para elegir binomios, pero dicha oposición es la única responsable de no permitir la democracia interna y no presentar más de una propuesta. El MAS es el único partido o frente legitimado para no presentar más de una fórmula, pues el binomio Evo-Álvaro ha sido el ganador y cuando algo funciona, no es necesario buscar alternativas.
Además, a la lamentable oposición política del país se le suma la oposición mediática, que no tiene vergüenza de mentir, manipular y tergiversar la realidad, como hicieron las semanas previas al referendo del 21 de febrero que tanto reivindican, con tal de golpear, erosionar y desgastar la figura de Evo Morales y la gestión de gobierno.
Algún día se hará necesario investigar y desnudar a fondo las manipulaciones de la prensa privada opositora, que se suma al bando de las fake news con un objetivo muy claro: instalar la matriz de opinión de un gobierno corrupto que no hace gestión, a pesar de que los magníficos indicadores de la economía muestran que es la que más crece de América Latina y, como se ha dado a conocer estos días, con una inflación mínima (1,5% en 2018).
Exijamos, pues, una oposición decente y democrática, que construya un proyecto de país, que renueve sus liderazgos dejando atrás los rostros del neoliberalismo, y dispute electoralmente de manera democrática los comicios generales de octubre.
Y al mismo tiempo, sería bueno tener una prensa opositora objetiva, no neutral, que defienda también de manera transparente su proyecto político y económico sin necesidad de mentir ni manipular la verdad, que es la primera baja de toda guerra (incluidas las informativas).