Periodistas… ¿santos?, ¿angelitos?, ¿inmaculados?

 

Camilo Katari

Está bien claro que nadie redacta o publica noticias ingenuamente y que si lo hace en el ejercicio de informar acontecimientos (objetivos y subjetivos) pesan decisivamente la posición y el compromiso del medio y el público al que le llega dicha información. Ese periodismo que corresponde a intereses de las grandes corporaciones, que favorece a una élite empresarial es el periodismo que busca formar parte de ese entramado oscuro, cuya intencionalidad perversa está dentro de lo que se vino a llamar ‘Guerra de Cuarta Generación’, porque ése es su fin.

El presidente del Tribunal Supremo de Justicia, José Antonio Revilla, abrió de nuevo el debate y lo que dijo respecto a la prensa retrata una verdad inocultable y que a todas luces tiene el mismo sentido de quien también refleja su propia libertad de expresión, que esa libertad no es pues única y propietaria de los periodistas.

Seguramente a más de un periodista le sacó ronchas y le dolió que un jurista diga con claridad, alejándose por un momento en su discurso, que hay pues una prensa, hay periodistas que entran al juego sucio de la mentira, de la tergiversación y la manipulación.

Además, opinó que la Ley de Imprenta, que regula el trabajo de la prensa, debe ser actualizada ya que está vigente pero no puede ser operativizada con los jurados de imprenta. Es más, perfiló que esa modernización debiera darse “conciliando el derecho a la libertad de expresión, el derecho a la información y, sobre todo, el derecho a la dignidad de la persona”.

Es muy digno de un abogado que se pronuncie y tenga los cojones para opinar como parte del ejercicio de la libertad de expresión, al que también tiene derecho y no sólo el gremio de periodistas, quienes dicen ser sus “propietarios”, tal como pasa con los sacerdotes y obispos que creen que Dios es sólo para ellos, como si fuesen ellos únicamente sus dueños y propietarios.

Pero sí conviene revelar a quienes iba dirigido ese mensaje, sin duda que es a algunos periodistas de Sucre. Se trata de un periodismo que desde hace más de 10 años está en decadencia, el que se practica sin límites, en los niveles más perversos de irresponsabilidad del manejo ético y periodístico, es lo más degradante que puede haber, que calumnia y que hace de la mentira y la denigración sus mejores armas. Los elementos centrales del discurso de Revilla contra la prensa no están lejos de convertirse en reveladoras verdades que los propios periodistas pretenden alejarnos con su aparente muestra de ser los impolutos, convencidos de que son la única verdad y la conciencia del pueblo; sagrados e intocables porque se escudan detrás de su decantado pretexto del “derecho a la libertad de expresión”.

Alguien con criterio nos decía: “Desde que se inventó la imprenta, la libertad de prensa es la voluntad del dueño de la imprenta”. Hoy en día la voluntad de los dueños de estos medios offshore, que ni siquiera responden en muchos casos a capitales nacionales.

Esos periodistas ligados a esos medios de comunicación, fieles a su costumbre sensacionalista, agitan banderas de la mentada “libertad de expresión”, se martirizan, tiran la piedra y luego la esconden como tratando de legitimar su “todo vale” bajo respaldo de sus dirigencias atrincheradas en la ANP.

Son los mismos que agitaron desde sus informativos las famosas marchas del Tipnis y en las que se inventaron muertos, que inventaron mentiras con el hijo del Presidente, el ‘gasolinazo’ y otros casos más. Todos estos hechos sirvieron únicamente para colocar sobre el escenario mediático los temas más “relevantes”, como si estuvieran autorizados a funcionar al nivel de un tribunal. A su libertad de agresión le llaman “libertad de expresión”.

Nos hablan de equilibrio, de pluralidad en el manejo informativo; sin embargo, ya han tomado partido, defienden posiciones claramente políticas y en el fondo favorecen los intereses económicos, todo eso se lo evidencia cuando los invitan a sus entrevistas y en tiempos de campaña electoral manejan la estrategia de alfombra roja en sus revistas. 

Lamentablemente, para ellos, el pueblo les va demostrando que están equivocados, se han convertido en piezas de un engranaje que es aceitado con la lisonja fácil y las palmadas en la espalda, estímulo propio de un patrón a su pongo.

Esta nueva camada de periodistas u opinólogos hacen coro a los libretos entregados en las embajadas del norte, amplifican sus chismes y rumores, en ningún momento se ocupan de demostrar el origen de los acontecimientos perversos y su objetivo central, seguir con la línea del desgaste y terminar con el único proceso exitoso de una revolución en democracia.

Para terminar, aquí va una de Luis Espinal en su faceta de periodista, que en sus Oraciones a quemarropa nos recordaba que la tarea de un periodista nos marca otros desafíos, si queremos “gastar la vida” como lo hizo Lucho hasta su muerte: “Somos antorchas que sólo tenemos sentido cuando nos quemamos; solamente entonces seremos luz… Líbranos de la prudencia cobarde, la que nos hace evitar el sacrificio y buscar la seguridad…”.