La COB, su misión histórica y el Proceso de Cambio

 

La Central Obrera Boliviana (COB), tras un impasse con el Gobierno a raíz de la forma de pago del segundo aguinaldo, ha vuelto a ratificar su compromiso con el Proceso de Cambio que se lleva adelante en el país desde enero de 2006, un mes después de que el líder indígena Evo Morales obtuviera la sorprendente votación —no vista desde la década de los 50— de un 54%.

El triunfo de diciembre de 2005 no fue un accidente. Estaba cantado. La larga resistencia al modelo neoliberal que, paradójicamente, fue impuesto al país por los organismos internacionales como el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) y canalizado a través del partido (MNR) y el presidente (Víctor Paz Estenssoro), que condujeron la revolución de 1952, encontró en los sindicatos y los movimientos sociales a sus principales protagonistas para pasar de la lucha social a la lucha político electoral. 

La convergencia entre los sindicatos de trabajadores asalariados —cuya centralidad obrera fue debilitada por el Decreto Supremo 21060— y la insurgencia indígena campesina hicieron posible transitar de la lucha dispersa y reivindicativa a una etapa superior de la resistencia —unificada y política— a partir del año 2000, con la denominada ‘guerra del agua’. Pero, lo más importante, esa sublevación democrática de los sindicatos y movimientos sociales no sólo derrotó al representante emblemático del neoliberalismo (Gonzalo Sánchez de Lozada) y a los intentos de la Embajada de Estados Unidos de encontrar una salida a la profunda crisis por la vía de imponer un presidente interino en junio de 2005, sino que hizo posible la apertura de una nueva etapa de la historia nacional mediante una victoria electoral que, condensando lo acumulado, llevó a Evo Morales a la presidencia. 

La COB parece no estar muy consciente de la misión histórica que le toca desempeñar, particularmente desde la aprobación de su tesis socialista de 1970, pues no pocas veces se mueve entre dos aguas, que en dependencia de la coyuntura política puede ser contradictoria o complementaria: lo reivindicativo y lo estratégico. Cuando se mueve sólo en el primer campo, sin mirar el horizonte, corre el riesgo de jugar el papel que el sistema capitalista quiere que tenga: funcional al orden establecido, como lo hizo entre 1985 y 2000. Pero cuando articula lo reivindicativo con lo estratégico, la defensa de los intereses de los trabajadores se funde con los intereses de la patria. Eso sucedió en el período 2000-2005.

Producto de la articulación del liderazgo de Evo Morales y los movimientos sociales, el país es otro. Los “de abajo” se han “elevado” a su condición de bloque en el poder y eso exige que la COB juegue un papel de primer orden en la defensa y la proyección del Proceso de Cambio. No se espera que la dirigencia sindical sacrifique lo reivindicativo, pero sí que su relación con el Gobierno sea de complementariedad en función del horizonte estratégico. El concepto de “independencia de clase” fue para resistir a gobiernos que no eran del pueblo. Ahora, producto de esta Revolución Democrática y Cultural, se tiene un gobierno y un Estado Plurinacional que expresan a los que históricamente estuvieron excluidos del poder.

El bloque indígena campesino, obrero y popular está en el poder, y la COB como parte de ese bloque. Así que los dirigentes sindicales deben cumplir con su papel reivindicativo, pero sin olvidar que son parte constitutiva del nuevo tipo de poder que se despliega.