La oposición y el TSE

 

El Tribunal Supremo Electoral (TSE) está en la mira de los partidos de la oposición. El objetivo de sus acciones, puestas en mayor evidencia desde diciembre pasado, es hacer fracasar el proceso de las primarias del 27 de enero, que por primera vez se llevarán adelante en el país, y, tampoco habría que descartar, boicotear las elecciones generales de octubre. 

La oposición política y mediática ha emprendido este camino de amenaza real a la democracia luego de que se promulgara en septiembre del año anterior la Ley de Organizaciones Políticas, trabajada y redactada durante cerca de dos años con el apoyo de un equipo de especialistas que el TSE contrató y en el que estuvieron cuatro consultores vinculados a la oposición. 

El cuestionamiento a las elecciones primarias, que en criterio de los opositores recién se las debería poner en marcha para los comicios de 2024, en realidad esconde la resistencia a una mayor ampliación de la democracia y su interés por tapar su disminuida cantidad de seguidores en comparación con el tamaño del Movimiento Al Socialismo, que tiene registrado a casi un millón de militantes de un total de 1.715.880 habilitados por el TSE. El objetivo de boicotear las elecciones primarias se puso de manifiesto otra vez este martes 8 con el pedido de renuncia de los vocales del TSE, luego de que uno de sus miembros expresara, no se sabe todavía con qué intenciones, su “preocupación” por el retiro de dos funcionarios del equipo que se hace cargo del sistema informático del ente electoral. Lo cierto es que la oposición aprovechó esos cambios de personal de menor jerarquía en el Órgano Electoral para intentar construir la matriz de opinión de presuntos preparativos de un fraude electoral.

Sobre estas temerarias posiciones de la oposición, sólo hay que resaltar algunos elementos que tiran por los suelos sus intenciones de generar zozobra: en primer lugar, los votos válidos son los que se registran en mesa y están debidamente anotados en las actas. En segundo lugar, el sistema informático del TSE no depende de dos personas, porque de lo contrario dejaría de ser un sistema. En tercer lugar, no hay razones para pensar, salvo una alta dosis de racismo y de manipulación, que la actual presidenta de ese órgano estatal no esté tomando decisiones adecuadas para darle confianza a la gente de que las elecciones primarias y generales serán justas y transparentes.

Por lo tanto, lo que parece más bien es que la oposición amplifica los normales y entendibles puntos de vista distintos dentro del TSE. Esto no es una casualidad ni mucho menos se debe ignorar que por ley el ente electoral, desde siempre, es de carácter colegiado y donde, cuando no hay unanimidad, se tiene el voto para la resolución de temas que están en la agenda. Y esas acciones de la oposición hacen daño a dos vocales que desde noviembre pasado se esfuerzan por dejar sentada su disidencia en varios temas resueltos en sala plena.

Sólo el tiempo dará luces para determinar que es la oposición y no el oficialismo la que realizó acciones y tomó iniciativas para incidir en el TSE.