José Lanza, una vida dedicada a la cultura

 

Reynaldo J. González 

J osé Lanza Salazar nació en la Paz el 16 de mayo de 1946. Sus padres fueron Hugo Emilio Lanza Ordóñez, abogado y juez —descendiente por dos líneas familiares de los héroes independentistas Manuel V. García Lanza y Gregorio García Lanza— y de Luz Hirma Salazar, cultora de ballet clásico, pianista y concertista. Lanza fue el primero de cuatro hermanos. Le siguieron María Virginia, Hugo y Rosario (+). 

Cursó estudios primarios y secundarios en el prestigioso colegio Alemán Mariscal Braun, de la ciudad de La Paz, donde recibió una formación integral y humanista. Fueron estos años de infancia y juventud en los que cultivó una afición particular por las letras —especialmente por la obra de los franceses decimonónicos de Julio Verne y Alejandro Dumas—, por la historia de Bolivia y, por supuesto, por la música clásica, cuyas bases aprendió de su madre, especializándose luego en el Conservatorio Nacional de Música en piano. 

Tras graduarse del colegio en 1964, estudió dos años de Ingeniería Civil en la Universidad de Chile. Regresó al país e ingresó a la Universidad Mayor de San Andrés para estudiar Economía, carrera de la que se titularía más tarde. Simultáneamente, continuó su formación artística en el Conservatorio, donde tuvo como maestros al alemán Wolfgang Kudrass y  al armenio Rubén Vartañán, entre otros.

En estos años, fundó e integró el Coro Polífonico Nacional, agrupación antecedente de la Sociedad Coral Boliviana (SCB), que fundaría junto a otros músicos y maestros el 12 de noviembre de 1966. En la nueva institución, comenzaría como corista para ocupar en años siguientes los puestos de guía de bajos y subdirector. La primera gran presentación del coro fue la opera de Giuseppe Verdi Aida, que sería sucesivamente repuesta en décadas posteriores. 

A fines de la década de 1970, Salazar egresa del Conservatorio, convirtiéndose en el primer Director Coral titulado de esta institución. Por motivos burocráticos del Ministerio de Educación, no recibió su certificación hasta la década de 1980.

En 1971, Salazar conoció en las filas de la SCB a la potosina María Cristina Segurola Ameller, con quien contrajo nupcias en 1972. La pareja tuvo 2 hijos: José Miguel (1972) y Álvaro (1974). 

La vida de la familia Lanza Ameller transcurrirá alrededor de la pasión por la música que Lanza transmite a sus hijos desde temprana edad, inscribiéndolos en el Conservatorio. De estos años, Álvaro recuerda una apacible vida familiar de visitas semanales al club The Strongest y la constante motivación de su padre a la práctica del básquetbol y la natación. 

En 1973, asume la dirección titular de la SCB, que ejercerá con breves interrupciones hasta 2003, período en el que dirigió a más de 5.000 coristas locales. Según José Miguel, en esta labor, Lanza será un maestro riguroso y disciplinado, particularmente interesado en una formación integral de sus discípulos:

“Siempre se preocupaba por hacer de sus coralistas personas cultas que sepan de historia y de la vida de los grandes compositores de la música. También se preocupaba por transmitir la verdad de la vida, que es gozarla, quererla, amarla, ser solidarios y leales”, rememora su hijo.

Durante las siguientes décadas, Salazar alternará la dirección de la SCB con la creación y dirección de otros grupos, como la Orquesta Municipal de Cámara de La Paz y los coros de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), de la Universidad Católica Boliviana (UCB), de la Universidad Privada Boliviana (UPB), de la Academia Nacional de Policías, del colegio Alemán, entre otros. Su creciente prestigio y formación profesional le permitieron ocupar importantes cargos de gestión cultural. Fue oficial mayor de Culturas del municipio paceño, director del Teatro Municipal de La Paz y director general de Promoción Cultural del Viceministerio de Cultura. También ejerció la dirección de los departamentos de Extensión Cultural de la UMSA y de la UCB.

En 1987 y 1988, presta Misión Diplomática en Costa Rica, donde es elegido para dirigir el Coro Sinfónico Nacional. Trasladada la familia entera al país centroamericano, en estos años, Lanza apoya a su segundo hijo, Alejandro, a seguir la carrera de música de modo profesional. A su retorno, en 1989, reasumió la dirección de la Sociedad Coral y formó la Coral Juvenil, de amplia trayectoria.

En sus años de trabajo en la música, desarrolló varias amistades en el ámbito cultural y musical, con quienes emprende distintos proyectos artísticos de exitoso. Entre sus amigos del campo de la música se cuentan, entre muchos otros nombres, a Gastón Paz, Jorge Solís, María René Adiaviri, José Luis Duarte, Alberto Villalpando, Carlos Rosso, Carlos Seoane, Cergio Prudencio, Ramiro Soriano, Freddy Arce, Nicolás Peña y José Jiménez. A éstos se suman numerosas amistades personales de infancia y juventud, como Luis Uría, Joaquín Suruco, Susana Prudencio, Tomas Monje, Fernando Bedregal, Hugo Ortega, Fernando Velarde, Fernando Villegas y Jaime Solís, los hermanos Monroy Chazarreta. Con muchas de estas amistades se reunirá regularmente en veladas familiares en las que se cantan zambas y tangos. 
“Ha sido conocido como una persona muy estricta y muy rígida, pero ése era el hombre que estaba frente al coro, frente a una institución, cuando se trataba de compartir con él tenía un carácter muy ameno y lindo, se desvivía por sus nietos y apreciaba demasiado a sus amigos”, cuenta su hijo José Miguel a tiempo de recordar que además de la música clásica Lanza disfrutaba la obra de Los Platers, Los 5 latinos, Paul Anka, entre otros. 

Entre las centenares de presentaciones realizadas con la SCB y otros coros tuvieron gran importancia en su trayectoria como director el Requiem y Aida de Verdi, la Novena Sinfonía de Beethoveen y Carmina Burana, de Carl Off, que dirigió en diversas versiones con arreglos corales de rock y pop. 

Entre los reconocimientos entregados en vida al maestro se encuentran la medalla Franz Tamayo, conferida por la prefectura del departamento de La Paz; la Condecoración Libertador Simón Bolívar en grado de Comendador, conferida por el Gobierno; la Gran Orden Coronel Eduardo Avaroa, otorgada por las Fuerzas Armadas de Bolivia; el nombramiento Prócer Pedro Domingo Murillo, por el Concejo Municipal de La Paz; la condecoración Marina Núñez del Prado al Mérito en Culturas y un homenaje por Resolución de la Cámara de Senadores de la Asamblea Legislativa Plurinacional. En diciembre pasado fue declarado Hijo predilecto de La Paz.