Eduardo Galeano para los pueblos del mundo

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Gonzalo Trigoso / La Coordinadora

La obra de Eduardo Galeano es un grito de denuncia y rebeldía contra las atrocidades de las potencias coloniales e imperiales que en diferentes momentos de la historia han dominado a América Latina. 

Galeano había publicado siete libros, entre 1963 y 1968, antes de su obra cumbre Las venas abiertas de América Latina, que salió a la luz en 1971, otras vendrían después. Su pensamiento quedó plasmado a plenitud para la posteridad. Galeano es un militante antiimperialista y anticapitalista, pero su definición no procede en primera instancia por negación, sino por su convicción en que la lucha revolucionaria de los pueblos latinoamericanos debe llevarles a su liberación. Soberanía y dignidad ante el imperialismo agresor, solidaridad y camaradería con los pobres y los humildes. Galeano fue producto de su tiempo, un militante radical que con su prosa poética en género de ensayo político-filosófico puso en la mochila los sueños, las esperanzas y las desventuras de los pueblos oprimidos y marchó con ese bagaje a la espalda, buscando un destino mejor para los trabajadores de la Patria Grande. 

¿Se equivocó Galeano? No, su obra refleja la triste realidad de la inmisericorde explotación y expoliación a la que fueron sometidos nuestros pueblos, como él lo periodizó: (i)  la invasión y conquista española desde el 12 de octubre de 1492 hasta inicios del siglo XIX. (ii) La dominación inglesa a través de la penetración de sus capitales y mercancías, y la conformación de las nuevas clases y castas dominantes con una conciencia darwinista social, o sea, de reconocimiento de la supremacía europea, de su carácter racial superior y de la necesidad de “civilizar” a los originarios americanos, llegando si era necesario al etnocidio. 

(iii) La dominación imperialista norteamericana a la finalización de la Segunda Guerra Mundial en 1945, dando lugar a la Guerra Fría entre capitalismo (EEUU) y socialismo (URSS), que se tradujo para nosotros en la criminal implementación de la Doctrina de Seguridad Nacional, con las dictaduras militares y el neoliberalismo.

No existe motivo para arrepentirse

En abril de 2014, Galeano afirmó que no sería capaz de leer el libro (Las venas abiertas de América Latina) de nuevo, porque cuando lo escribió no sabía tanto sobre economía y política. Pero no se arrepintió de haberlo escrito, sino que señaló que esa etapa ya estaba superada.

Y no existe motivo para arrepentirse. La inmensa cantidad de datos y referencias en el libro lo hacen monumental. Su obra habla de la impunidad y la impudicia de los poderosos que individualmente o como clase dominante utilizan para invadir, conquistar, colonizar, desestabilizar y destruir a otros países y Estados. 

A Galeano le repugna que los países capitalistas desarrollados y sus líderes hablen de justicia, verdad y democracia, cuando ellos mismos no lo hacen y cuando en los hechos nos imponen reglas injustas, falsas y dictatoriales para continuar esquilmándonos. El discurso de Galeano es claro y directo contra el dominio del capital, del señor dinero, que todo lo puede cuando se trata de someter las voluntades individuales y colectivas de los pobres y de los oprimidos. 

Rechaza el miserable papel de las clases económicamente dominantes que como eunucos en la corte del Sultán cumplen el despreciable trabajo de regimentar a los pobres y humildes en beneficio del poderoso a condición de quedarse con un pequeño porcentaje de las inmensas riquezas que fluyen a las arcas extranjeras.

Pero aún más profundo es su repulsa contra aquellos que fueron humildes y pobres pero que traicionaron y se vendieron en carne y alma al poderoso a cambio de entregar atado de pies y manos al pueblo explotado por un precio vil inferior a las treinta monedas de Judas.

Galeano tiene la razón cuando proclama que más allá de las condiciones históricas y culturales propias de la Europa del siglo XVI, la conquista de la hueste indiana (ejército) a los originarios americanos fue desproporcionada en sus métodos y resultados que ocasionaron el despoblamiento del continente en menos de 50 años; conquista que estuvo guiada por la angurria de obtener oro, plata y piedras preciosas, y no precisamente por predicar la salvación de las almas mediante el evangelio de una religión ajena, puesto que la Iglesia 60 años después del “descubrimiento” de América todavía seguía discutiendo en sus concilios si los indios americanos tenían almas.

Galeano hace un estudio de Potosí, del espacio regional peruano, de su importancia decisiva para la transformación de la economía mundial hacia el capitalismo, de que hubo millones de muertos en el Cerro Rico (de acuerdo con las ordenanzas del virrey Toledo, 13.600 mitayos de 16 provincias del Alto y Bajo Perú debían marchar a Potosí, en 250 años arroja 3.400.000 trabajadores), pero ¿acaso no murió en el laboreo más de la mitad, y el resto regresó con mal de mina y otras enfermedades y afectados por el manipuleo del mercurio/azogue? Que Galeano le haya aumentado muchos más muertos, ¿importa? Que si la Metrópoli hizo fagocitar en el Sumaj Orko sólo a 1.700.000 mitayos, ¿entonces no es mucho y está bien?, ¿ése es el criterio para apreciar semejante carnicería?

Releer las Venas Abiertas de América Latina

Releer Las venas abiertas de América Latina y la trilogía Memoria del fuego es tan importante hoy como lo fue antes.

Las circunstancias históricas de las décadas del 50, 60 y 70 del siglo XX han cambiado en la actualidad en América Latina y el mundo, es cierto; pero también es cierto que la heroica y militante resistencia de los pueblos latinoamericanos contra el imperialismo y sus oligarquías locales se nutrieron de las ideas liberadoras y progresistas de autores como Galeano. Igual el pueblo hubiera resistido contra la opresión y el abuso del imperialismo, los militares neofascistas, las crueldades empresariales y el neoliberalismo; pero la resistencia fue mejor gracias a los filósofos, literatos, pintores, músicos, poetas, etc. que alimentaron al pueblo trabajador con estudios y obras que le dieron más fuerza y convicción consciente en la lucha desigual contra el capital y la injusticia.

En una de las últimas ocasiones que Galeano estuvo en Bolivia, declaró que le encantaba y emocionaba el estribillo final del Himno Nacional de Bolivia: “Morir antes que esclavos vivir”.

Es que los pueblos que luchan por su libertad contra el imperio y el neoliberalismo en la actualidad merecen a grandes intelectuales como Eduardo Galeano.