De transacciones y decisiones

 

Muchos “análisis” se hicieron acerca de los resultados de las históricas elecciones primarias del 27E. Pero, y esto posiblemente debido al clima político enrarecido por las consignas de los partidos de oposición, se ha descuidado un dato de la realidad: los nueve binomios que participaron de esos comicios estaban legal, constitucional y legítimamente habilitados para pugnar en las elecciones nacionales del domingo 27 de octubre. 

Así las cosas, el elector tiene ante sí una lista de organizaciones y postulantes que se diferencian por un contraste, no solamente ideológico, sino cualitativo en cuanto a su origen y trayectoria democrática. 

Esta valoración puede resumirse como la presentación de candidaturas de la transacción cupular, por un lado, y de la decisión popular, por el otro.

Los frentes que representan al primer grupo provienen de un pasado en el que el voto del ciudadano era negociado, entre gallos y medianoche, a espaldas del electorado. 

Una revisión hemerográfica rápida permite recordar estas cifras de la democracia pactada. En 1985, el MNR de Víctor Paz llegó a la presidencia para inaugurar el neoliberalismo con el 28,5% de la votación y en cogobierno con ADN de Hugo Banzer, que obtuvo el 26,4%.

En 1989, Jaime Paz, que hoy es aspirante por PDC, ingresó al Palacio Quemado, pese a haber obtenido el tercer lugar en la elección. Con un 21,6%, el MIR de Paz y Samuel Doria Medina cruzó ríos de sangre y transó con Banzer la primera magistratura.

Cuatro años más tarde, en 1993, Gonzalo Sánchez de Lozada, acompañado por el actual postulante de UCS, Víctor Hugo Cárdenas, accedió al solio presidencial con el 33,8% de la votación y luego de una negociación con MBL y UCS.  

En 1997, Banzer y su heredero político, Jorge Quiroga, extralimitaron la combinación de siglas partidarias para formar la “megacoalición” multicolor que sirvió para maquillar con “democracia” la imagen del dictador.

Estos representantes de la componenda gozan a veces del olvido de quienes con ligereza dicen defender la legitimidad de la democracia, mientras apoyan a los que negociaron el voto del pueblo.

El MAS-IPSP, en cambio, llega a esta cita con las urnas precedido de victorias contundentes que además de reflejar el respaldo del soberano, demuestran el fortalecimiento de la democracia. Así lo certifican el 54% de la elección nacional de 2005, el 64% de la de 2009 y el 61% de la de 2014, sin contar el 67% de voto favorable en el referendo de revocatoria de mandato de 2008 y el 61% del referendo de aprobación de la CPE.

Como elemento adicional, el elector tendrá tiempo para recordar que quienes sometieron a la democracia al cambalache de los maletines negros, ahora intentan manipular la voluntad del pueblo con la mentira que daña la confianza de la gente y erosiona la ética del servicio público.

Vivir en democracia no es un estado de situación, es un proceso de intercambio y asimilación de ideas. Para mejorar esa condición es prudente conocer los antecedentes de cada aspirante. Así evitaremos volver a caer en la transacción y preservaremos nuestra decisión.