Un empate con sabor amargo

Goles son amores

Ricardo Bajo H.

Columnista / Cambio Deportivo

Un empate con sabor amargo

Introducción: The Strongest juega su octava Copa Libertadores de manera consecutiva. Este hito inédito se valorará con el tiempo. El rival se llama Libertad, el equipo del expresidente de Paraguay, Horacio Cartes, con mucha “llegada” en los despachos de la Conmebol. Los guaraníes se han reforzado mucho y bien pero su nuevo engranaje todavía no funciona a cabalidad. El técnico colombiano Leonel Álvarez apuesta por un 4-1-4-1 con ‘Tacuara’ Cardozo de único delantero. Escobar (en su quinto partido como técnico) no mueve su dibujo habitual en casa: un 4-3-3 ofensivo con mucha tenencia y desborde por los costados. La novedad se llama Wayar, en el lateral derecho y Veizaga, de cinco. Arriba, el tridente bolivariano: un panameño, un colombiano y un venezolano.
Nudo: la primera parte stronguista va a ser lo mejor de toda la noche. Intensidad, garra, ‘pressing’ arriba, pelotas rápidas de un lado a otro y alternancias a la hora de poner la bola en la olla: ora por arriba, ora al segundo palo, ora por abajo, para sorprender a la zaga guaraní liderada por un veterano como Paulo Da Silva. El cero a cero al descanso deja a la parroquia gualdinegra satisfecha y gritando “Tigre, Tigre”.
Desenlace: la segunda parte comienza igual. El gol de Marvin Bejarano hace justicia en el marcador a un equipo superior. El tanto, sin embargo, provoca un efecto negativo: los de Achumani se meten atrás, se repliegan soñando con dejar su marcador (por fin) en cero. Escobar mete un cambio incomprensible: Jara por Cure (el mejor hombre de la primera parte). ¿No era mejor Henry Vaca para explotar su velocidad ante una zaga visitante ya cansada? Otra vez, Escobar se conforma y se equivoca groseramente en los cambios. Libertad logra un empate con casi nada. El Tigre acusa un bajón físico (y mental) sobre el final. La condición física de nuestros equipos es el gran hándicap. La llave está abierta. En Asunción, el Tigre está obligado a marcar (y a cuidarse atrás) para seguir soñando.