Desastres naturales y actitud humana

En los últimos días, la lucha política fue desplazada por escenas de dolor, drama, impotencia, trabajo arduo, displicencia y heroísmo. Los desastres naturales, producto de deslizamientos e inundaciones, como por lo general se registran en esta época del año, se colocaron en el centro de la preocupación y atención del Gobierno, además de concentrar el despliegue de las unidades de socorro y de otro tipo de voluntarios, la cobertura del trabajo periodístico y el apoyo de la población. 
De acuerdo con datos oficiales, hasta ayer 18 personas fallecieron, de las cuales 15 se registraron en los dos deslizamientos producidos en la carretera que conduce a Caranavi, en el norte del departamento de La Paz, y las otras tres en las localidades cochabambinas de Mizque y Colomi, así como en San Lorenzo, Tarija.
Las inundaciones provocaron además la destrucción de casas y sembradíos en Lagunillas y Cuevo, en el departamento de Santa Cruz; San Borja, en Beni; Huacaya, en Chuquisaca, y Entre Ríos, en Tarija. Se estima un total de 2.000 familias afectadas en distinto grado. Los números no reflejan los sentimientos de dolor e impotencia.
Las tareas de rescate, que felizmente fueron activadas rápidamente por el Gobierno a través de las instancias que corresponden, estuvieron llenas de sacrificio y de un heroísmo que le produce a cualquiera un nudo en la garganta. En Caranavi, un voluntario de la Unidad de Bomberos recuperó de la parte más profunda de la mazamorra el cuerpo sin vida de una niña de 12 años y durante cerca de una hora la cargó sobre sus espaldas para llevarla, cuesta arriba, hasta donde sus angustiados padres la esperaban, probablemente con la esperanza de que estuviera con vida.
No menos dramáticas han sido las tareas para auxiliar a las familias damnificadas por las inundaciones. Muchos perdieron lo poco que tenían: sus viviendas y sus cultivos. Todavía no hay una cuantificación de las pérdidas materiales, pero salvaron sus vidas. Eso es lo más importante, porque siempre es posible empezar. El Gobierno puso en marcha los mecanismos institucionales para apoyar en la recuperación de los bienes de estas personas.
Pero si hay algo que no se puede pasar por alto es la irresponsabilidad con la que enfrentan estos hechos algunos ciudadanos. En eso nos falta disciplina y conocimiento. Tres muertes se produjeron en el camino a Caranavi por el solo capricho de querer pasar de un lado a otro a pesar del primer deslizamiento y las advertencias de no hacerlo. Una campaña de educación ciudadana en temas como estos nos haría bien. Y quizá son más reprochables las declaraciones del gobernador de La Paz, quien justificó no haber ido al lugar. “Qué voy a hacer yo en el lugar, yo no soy maquinista, no soy tractorista”, sostuvo impasible.
Las amenazas de nuevas inundaciones y deslizamientos no han desaparecido. El aumento del caudal de los ríos será inevitable en los próximos días si continúan las lluvias, y el departamento del Beni es el más expuesto a enfrentar las mayores consecuencias, pues ahí desembocan los ríos de Cochabamba y La Paz. Hay que estar preparados.
Finalmente, un apunte necesario. Al margen de los datos, que a veces por su frialdad pueden atenuar la sensibilidad con la que se deben ver estos hechos —que no diferencian color político de ninguna naturaleza— o impedirnos analizar sus causas, estos desastres naturales ponen al descubierto lo tremendamente vulnerables que somos como especie humana a los fenómenos naturales, cuyas manifestaciones se han agravado en la última década por los efectos del cambio climático.