La transformación educativa en Bolivia

 

Jeanneth Gutiérrez Fernández

Para reflexionar acerca de los procesos educativos desarrollados hasta el momento en nuestro país, es preciso preguntarnos ¿Cómo ha sido la experiencia educativa que hemos vivido en las escuelas? Frente a este pregunta, es muy probable que nos encontremos con recuerdos de una escuela donde la disciplina fue confundida con la obediencia acrítica y el silencio, clases y momentos en el aula donde el mejor estudiante era el que se encontraba callado y “no molestaba”, situaciones que nos llevaron a afrontar la  vida de la misma manera, junto a la incapacidad de expresar nuestras ideas y menos luchar por ellas, limitaciones que pueden explicar las múltiples dificultades por las que tuvimos que ir atravesando después de nuestra formación en el nivel secundario. 

Pero además, quién de nosotros no ha pasado por la experiencia del copiado, repetición, memorización y el cumplimiento de deberes realizados solo por formalidad, pensando que el cumplimiento de esa rutina era suficiente para “educarnos”. ¿Cuánto de lo realizado en la escuela nos ha permitido pensar, producir, resolver y crear por nosotros mismos? Al parecer hay varias potencialidades nuestras que no se han llegado a desarrollar, esto lo pude notar al momento de realizar “investigaciones” para la elaboración de una tesis en la universidad, donde de alguna manera el fenómeno se repitió, ya que muchas de estas “investigaciones” se remitieron a partir de hipótesis alejadas de la realidad que se pretendía investigar, un marco teórico donde la exigencia se redujo a seleccionar textos y copiarlos para luego realizar un pequeño comentario de ellos, pero nuevamente alejados de la experiencia y vivencia, toda esta situación nos había convertido en repetidores de conocimientos.

Frente a toda la realidad mencionada hasta el momento, surge paulatinamente la necesidad de realizar procesos pedagógicos que recuperen la importancia de un aprendizaje significativo, los mismos que se plantean en la ley 070 “Avelino Siñani – Elizardo Pérez”, tomando en cuenta la experiencia de la escuela Ayllu de Warisata, donde la práctica entendida como la realidad, las vivencias, la experimentación y las experiencias adquieren relevancia para iniciar los procesos de aprendizaje, situaciones que no estaban siendo tomadas en cuenta en la educación que hemos tenido. Es en ese sentido que maestras y maestros hoy, están haciendo esfuerzos desde las aulas y las comunidades educativas, por desarrollar procesos de aprendizaje centrados en la experiencia, esto significa partir de la realidad de los estudiantes, donde los aprendizajes se encuentran ligados a situaciones de la vida cotidiana, permitiéndoles utilizar sus conocimientos y a través de ellos poder responder a las distintas realidades que debe afrontar. 

Esta forma de trabajo se va haciendo parte de la cotidianidad de muchos maestros bolivianos, quienes desde la implementación de un nuevo Modelo Educativo Sociocomunitario Productivo (MESCP), han ido aportando y a la vez transformando la realidad educativa desde las aulas, donde sin duda todavía existe mucho por hacer para llegar a un momento en el que se vaya generalizando un aprendizaje en la vida y para la vida, donde la escuela se incorpore a la comunidad y aporte para su transformación. 

Pero estos procesos de cambios en nuestras prácticas, no se dan de forma espontánea, a lo largo de los últimos años se han venido desarrollando un conjunto de políticas, sobre todo que han priorizado el fortalecimiento de la formación de maestras y maestros, lo que nos ha permitido a toda una generación de maestros en ejercicio ampliar nuestras posibilidades de profesionalización y de ampliar nuestra mirada sobre la educación y nuestra realidad. 

Y son precisamente estas necesidades las que han impulsado la creación del Programa de Formación Complementaria para maestras y maestros en ejercicio (PROFOCOM), un programa que depende del Ministerio de Educación y que se lleva adelante a nivel nacional, con un trabajo de hace ya siete años. Este programa ha permitido otorgar el grado académico de licenciatura a más de cien mil maestros y maestras, y más de veinte mil maestros con formación post gradual. Es así, como el PROFOCOM se ha convertido en un espacio y oportunidad de formación para el magisterio a nivel nacional, brindando las posibilidades para que maestras y maestros puedan acceder a una formación continua y permanente.

En el contexto ya descrito, considero importante resaltar la estrategia formativa del PROFOCOM, para esto me remito a las diferentes experiencias en la Escuela de Formación de Maestros “Simón Bolívar” de la que formo parte. En todos los procesos formativos del programa, la estrategia metodológica tiene base en la práctica, es decir, en la concreción que maestras y maestros realizan de los diferentes aprendizajes desarrollados en su etapa formativa, este proceso de concreción se da siempre desde el acompañamiento por parte de los facilitadores, lo que permite el fortalecimiento de la práctica educativa.

El desafío está entonces en seguir avanzando a pesar de las dificultades, que debo admitir aún son varias, pero que también están siendo superadas en la medida que la escuela cuente o no con el apoyo de madres – padres de familia, autoridades y la comunidad misma, estas son las posibilidades que tenemos para avanzar como país. Nótese que hoy tenemos la oportunidad de transformar nuestra realidad educativa boliviana, pero necesitamos también que sea un propósito de todos.