¿Y qué fue de la unidad opositora?

Camilo Katari

El bullicio callejero y el chisme cotidiano en las principales urbes nos dicen que la mentada ‘unidad’ de los que pretendían hacerle frente a Evo Morales simplemente fue una quimera, se esfumó y ahora es un cántico de sólo unos cuantos que se aferran a la posibilidad de arrimarse a un partido o alianza por algún futuro cargo.

La develada crisis y su evidente fracturación de la oposición no es una percepción mía, la hacen los propios opositores, tal como se vieron a fines de año las tronchas entre Unidad Nacional y Demócratas. Los afanes de poder en la Asamblea Legislativa por las bancadas y diputados dándose duro por temas de extorsión y corrupción se pusieron a la orden del día.

Alguno de éstos decía: “La gran incompetencia de la oposición por su mala lectura política le regaló al oficialismo los dos tercios de la Asamblea Legislativa para que hagan lo que quieran”. Añadió que los referentes opositores repitieron hasta ahora el “mismo caudillismo que presenta Morales, que parece que quiere llegar hasta anciano en el poder”.

Otros, en tono más radical, nos hablan de que la oposición necesita tener capacidad de realizar movilizaciones masivas, un campo en el que Evo Morales casi siempre fue el más fuerte, y de que la única forma de frenar un cuarto mandato del presidente será desde las calles.

“No habrá victoria” —dice— si no se sienta presencia bloqueando calles, carreteras y caminos. Ése es el único recurso que les queda, y añadía que la resistencia civil es la alternativa ante la imposibilidad de participar desde otras instancias del sistema democrático boliviano, como los poderes legislativo y judicial.

Pese a las demandas y discursos de unidad, la oposición concurrirá fragmentada a los comicios de octubre. Como resultado de las primarias, nueve fuerzas políticas, nada menos, competirán contra el binomio oficialista y —entre ellas— por el voto ciudadano. Hay una persistente dificultad de convergencia. ¿Cuánto de consistente puede ser un partido, frente o movimiento con diversidad de pensamiento político o —mejor— actitud frente a la vida (porque los colores pueden variar, pero el camaleón sigue siendo un camaleón)? ¿Cuán consistente puede ser una repetición de experiencias ya pasadas y fracasadas?

Los famosos ‘pactos’ que en los hechos fueron ‘frentes políticos’ cuya característica central fueron las cuotas de poder y la desgobernabilidad, pervirtiendo la política para que se convierta en un comercio y además privatizado, siguen siendo un común denominador de esa política en desuso.

La inteligencia de EEUU ya sabe que ninguno de los actuales dirigentes y políticos de la derecha boliviana puede llegar a ser una alternativa en las próximas elecciones. Las innumerables encuestas realizadas demostraron que los perfiles de los eternos candidatos de la derecha boliviana están totalmente desprestigiados y que no existen nuevos rostros en estos mismos partidos políticos. No debemos olvidar que para las estrategias de poder de todos los imperios la vida no vale nada, testigos de esta afirmación son los miles de muertos en las guerras fabricadas en medio oriente. ¿Estará otra vez en esa misma pretensión EEUU para derramar sangre en la Venezuela chavista que resiste a una invasión?

Dicho esto, debemos tomar en cuenta que para EEUU recuperar su influencia en América Latina es crucial, porque después del triunfo de López Obrador en México se encienden las alertas y el imperio pondrá todas sus fichas en terreno latinoamericano.

Y, por otro lado, pensar que los políticos neoliberales tienen la humildad de un dirigente obrero o campesino es pedir que florezca el chuño. Pensamos que se desgastaron ellos mismos por andar con discursos que la gente ya no cree y, repetimos, tras el fracaso de su mentada unidad, la búsqueda de disputarle el gobierno y tratar de ganarle a Evo Morales es algo que seguirá siendo otra quimera.