La oposición se suma al golpe de Estado contra Maduro

 

Delfín Arias Vargas

Seis políticos opositores bolivianos que juran y perjuran que “defienden la democracia”, cuatro de ellos candidatos a la presidencia en las elecciones de octubre próximo, se sumaron en los últimos días al golpe de Estado en marcha, liderado por Estados Unidos, contra el legítimo gobierno del presidente venezolano Nicolás Maduro.

Carlos Mesa, Jaime Paz Zamora, Víctor Hugo Cárdenas, Óscar Ortiz, Jorge Quiroga y Samuel Doria Medina expresaron públicamente y sin ningún reparo —mediante un documento que firmaron— su incondicional apoyo al autoproclamado ‘presidente encargado’ de Venezuela Juan Guaidó, titular del Congreso Nacional en desacato.

Los opositores dicen que el objetivo de su respaldo al golpe de Estado es “llevar adelante el restablecimiento del orden constitucional y democrático para convocar elecciones presidenciales libres”, y “alientan a los gobiernos y fuerzas democráticas del continente para que se solidaricen con la lucha por la democracia y libertad que valientemente sostiene el pueblo venezolano”. Y para rematar esa sui géneris interpretación sobre la democracia, sostienen que “el único camino posible para la democracia en Venezuela es la salida inmediata del gobierno de Nicolás Maduro” y la convocatoria a “elecciones administradas por un tribunal electoral confiable”.

Sin embargo —ya lo dijo la mexicana Lilia Arellano—, el golpe de Estado operado en Venezuela por Estados Unidos pone en riesgo no sólo a la República Bolivariana, sino también la dignidad, la independencia y la soberanía de América Latina. A todas luces, es un golpe artero el que apoyan los Mesa, Ortiz, Quiroga, en nombre de la democracia. ¡Vaya paradoja!

El imperialismo ejecuta a pie juntillas su plan intervencionista contra Venezuela, sumando a algunos gobiernos sumisos y entreguistas que procuran que Washington se apodere de las reservas certificadas más grandes de petróleo del mundo: 296.501 millones de barriles, según el Boletín Estadístico Anual de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) de 2010. Además, si tomamos en cuenta que Venezuela podría llegar a tener la mayor reserva de oro del mundo, y si sumamos la riqueza de sus yacimientos de hierro, manganeso, bauxita, mármol, zinc, plomo, carbón y aluminio, se entiende por qué Estados Unidos y sus aliados están tan ‘preocupados’ por la ‘democracia’ y los ‘derechos humanos’ en el país caribeño.

Es tanta la impostura imperial que “si se hubiera hallado petróleo en Marte, Estados Unidos estaría ‘preocupado’ por llevar ‘democracia’ al planeta rojo”.

El despliegue de medios políticos, económicos y financieros para aislar y boicotear al gobierno de Maduro forma parte del plan Freedom II, del Comando Sur para Venezuela. La estrangulación de su economía, el fomento del mercado negro, el desabastecimiento y la violencia callejera intentan sumir en el caos y la desesperación al Gobierno venezolano, proyectando la imagen de un país quebrado, al cual hay que ‘salvar’ de la ‘dictadura poschavista’.

Y en un flagrante acto injerencista contra Venezuela —según Arellano—, la embestida imperial se vislumbra en todos los frentes: Estados Unidos ha traspasado el control de varias cuentas del Estado venezolano, bajo jurisdicción de Washington, al autoproclamado ‘presidente encargado’, al que la administración Trump reconoce como ‘presidente legítimo’ del país.

Entonces, Mesa, Ortiz, Cárdenas y demás tucuimas que reconocen al golpista Guaidó como ‘presidente’ bajo la argucia del “restablecimiento del orden constitucional” y la convocatoria a “elecciones presidenciales libres”, son cómplices de la incautación ilegal del patrimonio de Venezuela, alientan la ruptura del orden democrático y la eventual intervención militar en Venezuela.

Un imperio tan poderoso como Estados Unidos está decidido a que un país que ejerza su independencia y controle sus recursos naturales tiene que pagar un alto precio. Éste es el caso de Venezuela.

En América Latina operan varias agencias financiadas por Estados Unidos que se encargan de ejecutar los planes injerencistas: La CIA, la DEA y la NAS actúan a través de ONG que se mimetizan como supuestas ‘defensoras’ de la democracia y de los derechos humanos.

No obstante, el rechazo al golpe de Estado en marcha contra Venezuela por parte de los pueblos libres del mundo desvela que la respuesta a la agresión imperial es y debe ser la defensa intransigente de la libertad como condición humana, sin imposiciones ni impedimentos ni injerencias, porque ser libre implica hacer lo que uno quiere y el único límite es la libertad del otro.