‘Primavera silenciosa’ en La Paz

 

El libro Primavera silenciosa, escrito por Rachel Carson, fue uno de los primeros que alertó sobre los perjuicios de la contaminación en el mundo. El riesgo de la polución fue visible en el país cuando ocurrió el deslizamiento de una parte del relleno sanitario de Alpacoma y ahora amenaza a las fuentes de agua de la ciudad de La Paz. 

Sin embargo, activistas medioambientales guardan un sepulcral/sospechoso/cómplice silencio. 

El texto de Carson, una bióloga marina y zoóloga, fue hecho público en 1962. En él relataba cómo en una ciudad de Norteamérica las aves cantoras y los animales silvestres repentinamente se silenciaron una primavera. Tras una investigación, la autora descubrió que el pesticida DDT usado en la agricultura afectaba a todo el ecosistema, matando poco a poco a los pájaros y a toda la fauna, flora y ríos de la región. 

Primavera silenciosa inspiró la movilización ecologista que consiguió que el factor de contaminación fuera prohibido y concienció sobre la polución ambiental y la interrelación entre los diferentes ecosistemas del planeta. 

Esta problemática, la contaminación, fue vivida de cerca recientemente en la urbe paceña con el deslizamiento de una parte del relleno sanitario de Alpacoma, que dejó a la intemperie unas 200 mil toneladas de basura y 10 millones de litros de lixiviados (líquido de la descomposición) en unas 10 hectáreas. 

Tras ese desastre ambiental tuvo lugar un bloqueo de protesta de los habitantes de áreas circundantes, el cual impidió el paso de vehículos recolectores de residuos sólidos, lo que ahogó a la urbe paceña en basura y olores nauseabundos por unas dos semanas. 

Fue la oportuna intervención del presidente Evo Morales la que evitó más perjuicios ambientales y la que hizo viable un relleno sanitario en Mecapaca, al sur de la ciudad. Sin embargo, el alcalde Luis Revilla optó por otro sitio ubicado en la zona de Patapampa ante la proximidad del plazo fatal para cerrar Alpacoma: este viernes 29 de marzo. 

La opción de Revilla, sin embargo, motivó la protesta y movilizaciones de las comunidades aledañas, ya que consideran que la polución afectará a sus tierras de pastoreo, bofedales (pradera nativa poco extensa con permanente humedad), aguas y disminuirá el precio comercial de los terrenos. 

A esos riesgos se sumó ayer el ministro de Medio Ambiente y Aguas, Carlos Ortuño, quien advirtió que el nuevo relleno sanitario que propone Revilla, a 14 kilómetros de la sede de gobierno, se encuentra en el área de influencia de tres represas que “proveen el abastecimiento de agua a la zona norte y central a través del sistema de abastecimiento de Achachicala y están en el área de influencia que propone la Alcaldía de La Paz”, según informó la agencia noticiosa ABI. 

Según Ortuño, el nuevo relleno sanitario afectaría a dos represas en funcionamiento: Pampalarama y Alpaquita, además de una tercera que está en construcción: Chacaltaya.

Incluso —agregó— el inadecuado manejo de ese nuevo botadero afectaría a la represa Milluni. 

Ante esta problemática (el desastre ambiental por Alpacoma y el riesgo de que el botadero de Patapampa pueda poner en peligro áreas naturales) llama la atención que las ONG, activistas de la ecología e intelectuales del medio ambiente no se hayan pronunciado o salido a marchar, como en el TIPNIS o en el lugar en que YPFB pretende explorar hidrocarburos. 

Esta postura de los activistas de escritorio o de las redes sociales muestra un cálculo político, pues actúan solo cuando un hecho genera perjuicios al Gobierno.

Muestra también una actitud —en términos del vicepresidente Álvaro García Linera— de “racismo ambiental”, de quienes no se ponen poleras con la leyenda “yo también soy Alpacoma” ni salen en defensa de las comunidades campesinas aymaras o de los barrios habitados por gente de tez morena que es afectada por la contaminación de la basura.