Una visita histórica

 

En la historia de los países se registran eventos que aunque duran días, marcan para siempre rumbos que hasta su realización parecían impensables.
 Durante su histórica visita de tres días a Bolivia, el presidente de la República de la India, Shri Ram Nath Kovind, consolidó junto al presidente Evo Morales los cimientos de una relación bilateral que coloca a Bolivia en el sitial de países protagonistas de un nuevo orden mundial de integración y cooperación económica y tecnológica, bajo el principio de solidaridad.
Si bien las primeras impresiones del encuentro se limitaron a la sorpresa causada por el avión presidencial de dos pisos y la numerosa delegación india, resulta imprescindible destacar que el presidente Ram Nath Kovind es jefe de Estado de un país con más de 1.240 millones de habitantes (el segundo más poblado del mundo después de China) y una superficie de 3.287.263 km²; es decir, el séptimo país más extenso del planeta Tierra.
Bajo el liderazgo de Ram Nath Kovind, un abogado de 71 años con 42 años de ascendente carrera política que el 20 de julio de 2017 se convirtió en el segundo presidente de ese país procedente de la casta “dalit”, la clase social más baja, la India va camino de afirmarse como la economía de crecimiento más rápido en el mundo y busca convertirse en una de las tres potencias económicas del globo en los próximos 10 años. 
Ese es el tamaño del socio con el que empresarios bolivianos entablaron negocios y concretaron una primera fase de inversiones por 32 millones de dólares.
Pero si esa incorporación del empresariado boliviano a las ligas mundiales de la economía fue auspiciosa, más gratificante fue la constatación de que el mandatario indio confirmó al presidente Morales en su primer intercambio formal, un crédito de 100 millones de dólares que, según acertada decisión del Jefe de Estado boliviano, serán utilizados para instalar una industria de medicamentos para combatir el cáncer.
En la misma línea, los ocho acuerdos bilaterales suscritos entre Morales y su par Kovind se estructuran como palancas que apuntalarán el desarrollo económico de Bolivia en una relación beneficiosa con el gigante asiático. 
Para resaltar el éxito de los convenios, Evo Morales puso su sello a la suscripción de los acuerdos con la India con su frase: “Yo estaba convencido que India nunca iba a abandonar al indio”.
Se repite con insistencia que en las relaciones internacionales lo que priman son los intereses. Esa máxima guarda una realidad aún más dura: las relaciones económicas y de cooperación entre países se construyen de acuerdo con la credibilidad, fortaleza, estabilidad y potencial de crecimiento de los potenciales socios.
Este y no otro es el punto más relevante del reciente relacionamiento de Bolivia con la India que encuentra hitos similares en las relaciones con China, Rusia, países gravitantes de la Unión Europea y el vecindario latinoamericano. 
El país, caracterizado hasta hace un poco más de dos lustros como el más pobre de Latinoamérica después de Haití, se ha convertido hoy en un protagonista del escenario mundial de acuerdos de inversión, industrialización e integración de largo plazo y en condiciones de respeto mutuo a la soberanía y al multilateralismo.
En otras palabras, Bolivia, que era gobernada por presidentes que pedían “limosna” para pagar sueldos, hoy se muestra ante el mundo con la frente en alto, la mano amiga extendida y los pies firmes apoyados en su destacable crecimiento y estabilidad económica.
El mérito de ese logro también histórico corresponde innegablemente al liderazgo del presidente Evo Morales, que además de encabezar la nacionalización de los hidrocarburos y refundar los cimientos del Estado, mostró ante el mundo el verdadero rostro de la Bolivia digna, libre y soberana que encara la industrialización de sus recursos naturales y la reducción de la pobreza al 5% con educación, empleo y vivienda, como parte de la Agenda del Bicentenario.