La fórmula del desarrollo

 

Durante siglos, los países pobres buscaron la prosperidad imitando modelos de las grandes metrópolis. Sin embargo, fracasaron en lograr el ansiado crecimiento. Varios de ellos comenzaron a “autodescubrir” nuevas sendas hacia el bienestar con resultados alentadores. Uno de esos países es Bolivia, que encontró la fórmula del desarrollo y ahora se apresta a potenciarla.

Fue Dani Rodrik, mencionado entre los 100 economistas más influyentes del mundo, junto a Ricardo Hausmann, quienes mostraron que para lograr el desarrollo económico es clave el proceso de “autodescubrimiento” (self Discovery), es decir, el proceso de aprendizaje de cuáles son las cosas/capacidades en las que un país es realmente bueno/eficiente produciendo, en comparación a otros.

Ejemplo práctico de ese self Discovery es lo que ocurrió en Etiopía, donde un grupo valiente de personas se inició en el cultivo de flores tras observar el éxito de similar actividad en Kenia. Esas personas recibieron el decisivo apoyo estatal (tierras baratas e incentivos fiscales), lo cual hizo despegar la industria. “Las exportaciones han alcanzado los $us 100 millones en pocos años (…) En la actualidad, existen alrededor de 90 granjas de flores en el país”, escribió Rodrik.

Otro ejemplo relatado por el economista se refiere a una empresa turca dedicada a la producción de textiles donde se integra el hilado hasta las prendas terminadas. Cuenta con más de 10 mil trabajadores y destina lo producido a la exportación.

Un tercer ejemplo es el programa Start-Up Chile (o Chilecon Valley), una iniciativa estatal que ofrece fondos a costo perdido y por seis meses a emprendedores de alto-potencial de todo el orbe, para que vayan a ese país y lo utilicen como plataforma para salir al mundo.
El truco de esa iniciativa es que los participantes deben transmitir su conocimiento (seminarios, clases en universidades, etc.) y apoyar efectivamente a potenciales emprendedores chilenos.

En todos estos casos se puso de manifiesto no tanto la imitación a los modelos de las grandes metrópolis, sino el despertar de las capacidades propias, es decir al autodescubrimiento. 

“El autodescubrimiento es el proceso que lleva a una economía a que ‘descubra’ que tiene la capacidad de hacer bien algo que no hacía antes, pero que el mundo ya conoce. El reto del desarrollo no pasa por hacer innovaciones a escala global, sino por desarrollar en el país o la región actividades que son nuevas para la región pero no para el mundo. Tailandia pasó de exportar yute y arroz a exportar automóviles, tractores y químicos. Es decir descubrió algo sobre sí misma —su capacidad de hacer automóviles— no los automóviles”, explicó Hausmann a la revista Progreso.  

El caso boliviano (período 2006-2019) puede ser considerado como parte del proceso de autodescubrimiento.

 El modelo económico vigente, diseñado por bolivianos, alcanzó un crecimiento promedio del 4,5 y 5% en los últimos años. 

“Esto hace de este proceso de crecimiento económico no solo el más sostenido en el tiempo, sino el que mayor excedente genera en función a la cantidad de población que existe en el país”, explicó el miércoles el vicepresidente Álvaro García Linera.

Este modelo —agregó la autoridad— pasó las cuatro pruebas para su validez: crecimiento sostenible de la economía, estabilidad social, diversificación y la ausencia de un molde alternativo en el debate social y político.

Esta combinación virtuosa, sumada al Factor Evo (su papel en la unidad de los pueblos y el fortalecimiento del tejido social), convierte al modelo boliviano en una fórmula exitosa de desarrollo.

Esta propuesta será potenciada con el aporte de los movimientos sociales en la perspectiva de la Agenda del Bicentenario, que busca reducir la pobreza a menos del 5%.

Esta fórmula también apunta a que Bolivia crezca al 6% anual, algo no imposible.