Olañetismo reciclado, cipayos y felipillos

 

La actitud de opositores y agrupaciones “ciudadanas” para solicitar una intervención de EEUU en asuntos internos de Bolivia, no solo causa indignación por lo solapado del complot, sino que muestra un  “olañetismo reciclado” de cipayos y felipillos que se inclinan al poder extranjero y buscan succionar a Bolivia y despreciarla al mismo tiempo.  

Se trata de 12 legisladores derechistas y tres activistas que, el 1 de abril, enviaron en secreto una carta al presidente Donald Trump para que intervenga en asuntos del país y evite que Evo Morales se postule a la presidencia de Bolivia.

Esta apelación al poder foráneo para atacar a un líder revolucionario ya se manifestó desde la fundación de la República en 1825. Por ejemplo, el abogado Casimiro Olañeta arremetió contra los libertadores Bolívar y Sucre. “Difamaba a los libertadores en nombre de la libertad”, escribió Carlos Montenegro en su clásico texto Nacionalismo y coloniaje. 

En sus afanes conspirativos, Olañeta llegó a recurrir al apoyo extranjero: “Ayudemos al Perú, cooperemos con la guerra contra Bolívar”, sostuvo, según Montenegro.

Esas acciones engendraron la corriente del “olañetismo”, que encarna a quienes después de haber servido a los poderosos ahora buscan aprovecharse del sacrificio del pueblo. Son “terratenientes y dueños de minas que, después de servir a la monarquía hispana, fundó la República de Bolivia, usufructuando el sacrificio de miles de indígenas y mestizos, que lucharon por la independencia”, escribió el periodista Andrés Soliz. 

El “olañetismo” se recicló en la oligarquía de la plata, en el siglo XIX, en los “barones del estaño”, en los neoliberales y ahora en quienes piden a gritos la intromisión extranjera. 

En combinación con intereses chileno/ingleses, esta corriente —agregó Rada— facilitó la pérdida del Litoral y “fue la ‘quinta columna’ que paralizó los esfuerzos del país para defender su territorio y suscribió casi con beneplácito, el ominoso Tratado del 20 de octubre de 1904 con Chile por el que Bolivia cedió a perpetuidad su costa marítima al invasor”.

La solicitud de los 12 legisladores y dirigentes de grupos ciudadanos también puede compararse con la asumida por los cipayos y felipillos. 

Los cipayos son una especie de traidores del pueblo, ejércitos coloniales al servicio de potencias extranjeras. Pese a recibir un trato despectivo, de ser segregados racialmente y ser considerados culturalmente inferiores, toleraban la arrogancia imperialista “a cambio de un estatus precario como dominadores de segunda categoría. Ellos entendían que inclinándose al poder económico y militar extranjero al menos obtenían las migajas propias del sirviente amparado por el sometedor”, escribió Alejo Brignole. 

Se denomina “felipillo” al traductor nativo que acompañó a Francisco Pizarro y Diego de Almagro. En otras palabras, es considerado un traidor por haber prestado su ayuda a los invasores extranjeros. 

Por todo lo señalado, resulta indignante la solicitud de los opositores para que una potencia extranjera intervenga en Bolivia. A ello se suma la campaña de candidatos de extrema derecha, como Óscar Ortiz, que realizan viajes al extranjero (Alemania) para explicar su visión sobre las elecciones bolivianas. 

En ese contexto, el presidente Morales dijo que no puede creer “que haya bolivianos que pidan la intervención de #EEUU en asuntos internos. Quieren ver de nuevo bases militares extranjeras en #Bolivia, ministros disfrazados de vaqueros para el 4 de julio y leyes hechas en bufetes norteamericanos. El pueblo no lo permitirá”.