EEUU necesita a Bolivia

 

Juan Carlos Zambrana Marchetti

Cuando el senado de Estados Unidos aprueba una resolución que “apoya los principios y estándares democráticos en Bolivia y en toda América Latina” y cuestiona la repostulación presidencial indefinida finge ignorar que en Bolivia la Constitución se respeta, pero que al igual que en Estados Unidos, esa Constitución está sujeta a las modificaciones que introduce el supremo tribunal constitucional, y que, por lo tanto, la reinstalación indefinida es absolutamente legal. 

Sin duda alguna, el Departamento de Estado entenderá este ataque a Bolivia como un grave error de política exterior, porque sabe que Bolivia, habiendo servido como laboratorio de experimentos en control político, fue instrumental para la política exterior de Estados Unidos.

De la mano de Bolivia, Estados Unidos pasó del derrocamiento violento de los gobiernos de izquierda, a un control político escondido en programas de asistencia. Las políticas de los Buenos Vecinos, de Roosevelt, y la Buena Revolución, de Kennedy, tuvieron en Bolivia al emblemático país indio y miserable que las legitimara, aunque Bolivia no lo hacía de mil amores, sino sometida por las condiciones imperativas del continente en esos tiempos de hegemonía monopolar de Estados Unidos. 

En ese marco de sometimiento, Washington ejecutó en Bolivia sus experimentos de intervención encubierta. La fundamentación filosófica de esta asistencia era que Estados Unidos ayudaba a los países pobres porque es la nación judeocristiana creada por Dios como la ciudad iluminada en la cima de la montaña, para guiar al resto del mundo en oscuridad. Lo que esa retórica no mencionaba era el claro objetivo político que contenían los programas de asistencia. 

El laboratorio boliviano demostró que Estados Unidos, ‘asistiendo’ a Bolivia en diferentes áreas, como economía, política, salud, educación, agroindustrial, militar, comercial, legislativa, cultural, sindical, medios de comunicación, e incluso religiosa, por mencionar solo algunas, en realidad logró ‘americanizar’ o derechizar la Revolución Nacional de 1952. Todas las reformas, según lo planeado originalmente por el MNR, fueron destruidas, pero de una manera muy discreta, usando eufemismo y retórica de grandiosidad para esconder la falta de contenido.

Todo eso condujo al saqueo, explotación, miseria y sometimiento del pueblo boliviano. Queda claro entonces que el modelo de democracia que tenía Bolivia era también parte de los ‘estándares’ que EEUU había impuesto en toda la región. 

Pero sucede que el equilibrio de poderes en el escenario global ha cambiado tan radicalmente que ahora el mundo es multipolar, China está repartiendo asistencia sin exigir sumisión política, Rusia está desafiando políticamente la hegemonía estadounidense, incluso la Unión Europea está resistiendo las imposiciones de Estados Unidos, y en cuanto al Tercer Mundo el modelo boliviano de capitalismo mixto con inversiones privadas y estatales ahora es reconocido como un buen modelo para las naciones en vías de desarrollo. 

Como le sucedió en el pasado, Estados Unidos necesita volver asociarse con esa Bolivia india que siempre le interesó, pero esta vez debe hacerlo honestamente, para inyectarle a su política exterior un toque de humanidad, de interculturalidad, de respeto por la vida, de equidad y de legitimidad para ayudar a otros pueblos pobres con un novedoso modelo de desarrollo democrático, productivo, con soberanía y con dignidad. Tampoco tendría que hacerlo de mil amores, sino porque ahora esas son las condiciones imperativas de estos tiempos de multipolaridad.