La última carta

 

La misiva de la oposición al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cuando faltan seis meses para la elección nacional de octubre, constituye un hito que marcará de aquí en adelante la característica diferenciadora de los bloques que disputarán el poder en esa justa electoral.

Cuando las encuestas muestran de manera coincidente que el número de indecisos será determinante para el resultado final, la oposición de derecha movió una ficha que define su esencia y posición en la arena del debate político.

El electorado puede ahora elegir entre una opción que enarbola un plan de gobierno para proyectar la estabilidad y el crecimiento económico hacia la Agenda del Bicentenario, y un conglomerado de siglas y opositores que confirman su dependencia de la intervención de un factor de poder ajeno al juego político nacional: Estados Unidos.

Al pedir que Trump intervenga para determinar el rumbo de la elección nacional, esos legisladores le muestran al soberano boliviano su verdadero rostro de servilismo y dependencia ante una potencia extranjera, que para sus males es repudiada en la opinión pública internacional por su racismo, xenofobia e intervencionismo.

Mientras los electores esperan conocer las propuestas de los candidatos, la oposición le muestra que busca la injerencia de otro gobierno.

Quienes divulgan a diario un repertorio de denuncia estridente contra un supuesto autoritarismo del oficialismo, con acusaciones de una filiación a gobiernos hermanos de América Latina, terminan por exponer su verdadero talante de sumisión con la cabeza inclinada y sometida ante un gobernante foráneo.

Un sistema democrático como el boliviano, fortalecido y experimentado por las luchas de su pueblo contra dictaduras y gobiernos sometidos a los dictámenes del norte, requiere que sus actores oficialistas y opositores trabajen con los pies apoyados en la realidad nacional y la mente proyectada en el bienestar generacional.

Al pedir que un mandatario extranjero se inmiscuya en temas internos, los opositores demuestran que no solo desconocen la realidad nacional, sino que son incapaces de modificarla con sus ideas y esfuerzo propios. Lo que es peor aún, evidencian que no tienen ningún reparo en recurrir a una administración que actúa con odio ante migrantes latinoamericanos. Si ya perdieron la autoestima, deberían cuidar de no incurrir en el masoquismo.

Hace 17 años, un embajador de Estados Unidos advirtió a los electores que si votaban por Evo Morales, sufrirían las consecuencias de las represalias económicas de esa potencia. El pueblo boliviano reaccionó con dignidad y reacomodó con su voto el tablero de las relaciones de poder en Bolivia. Desde entonces, “la embajada” dejó de ser referencia de dominio sobre vidas y haciendas.

Los legisladores de la oposición que piden que Trump venga en su ayuda no han aprendido la lección.