El orgullo chapaco en la cultura boliviana

Foto: Archivo
La cultura tarijeña se precia de sus costumbres expresadas en múltiples manifestaciones artísticas.

 

Reynaldo J. González 
Tierra bendecida por el clima, la vegetación y la riqueza natural ubicada bajo su suelo, el departamento de Tarija se ha caracterizado siempre por la alegría de su gente y por una identidad chapaca que sustenta su orgullo en sus fiestas, tradiciones y hasta en una forma musical de hablar y de reír. 
En efecto, desde su fundación (el 4 de julio de 1574), bajo el nombre de Villa de San Bernardo de la Frontera de Tarixa, esta tierra ha sido fértil para el surgimiento de una cultura fuerte y pujante que no en pocas oportunidades ha dejado su núcleo para irradiarse a toda Bolivia. Características culturales muy propias, como las tradicionales coplas y su humor picaresco, la música y el baile de la cueca, el gusto por el buen vino y las celebraciones carnavaleras de las comadres y los compadres, pueden verse hoy en cada región del país adonde ha llegado alguna vez un residente tarijeño.   
Es que a lo largo y ancho de sus seis provincias esta tierra ha sabido dar al país hijos orgullosos de su identidad y de sus tradiciones, tesoros que llevan consigo adonde vayan representando de modo “muy leal y muy fiel” a su tierra natal.  
En el campo literario, por ejemplo, el terruño del ‘Moto’ Méndez ha dado al país varias generaciones de destacados poetas y novelistas. Los nombres de notables escritores cercanos todavía en el tiempo, como Óscar Alfaro, Jesús Urzagasti, Roberto Echazú, Jorge Campero, Marcelo Arduz Ruiz, Julio Barriga, Édgar Ávila, Gonzalo Lema, son una muestra ejemplar de las letras chapacas y de cómo estas han llegado a proyectarse a toda Bolivia. 
Estos autores se suman a una extensa tradición de hombres de letras nacidos en Tarija, como Félix Soto, William Bluske, Zulema Bass, Federico Ávila, Cimar Aguirre, Bernardo Trigo, Heriberto Trigo, Víctor Varas, Mauro Molina, Edmundo Torrejón, Luis Lema, Nilda Castrillo, Jorge Vidaurre, Gonzalo Iñíguez, Enrique Rocha Monroy. Todos fueron antecedidos por figuras fundacionales como Juan Misael Saracho, Octavio O’Connor, Octavio Campero Echazú y Lindaura Anzoategui de Campero.
La música tarijeña también ha tenido grandes representantes a nivel nacional. El más grande de ellos es el cantante y compositor Nilo Soruco, no solo recordado por canciones como La vida es linda, Ya la pagarán, Duraznero, entre otras de su repertorio de más de 300 composiciones, sino también por sus luchas contra los regímenes dictatoriales de la segunda mitad del siglo XX. Posteriores son otros músicos populares, como Enriqueta Ulloa y Juan Enrique Jurado, entre muchos otros que en el campo de la música y la danza exaltaron los ritmos chapacos de la cueca, la samba, la rueda, el taquirari, la tonada, las coplas, entre otros, al son de guitarras, violines y bombos. 
En las artes plásticas alcanzaron fama nacional los nombres de los artistas Ignacio Ibáñez, Elvezio Camponovo, Wálter Negrón, Guillermo Moscoso, Nanet Zamora, Amadeo Castro, Mario Barragán y Édgar Arandia. Tarija también es tierra natal de uno de los principales escultores bolivianos de los últimos 50 años, el maestro León Saavedra.
En materia de Turismo, el departamento ubicado al sur del país ha sido capaz de desarrollar en las últimas décadas numerosas iniciativas de promoción y difusión de sus atractivos naturales y culturales. En efecto, el verdoso paisaje chapaco y la calidez de su gente han logrado instaurar como destinos turísticos inevitables lugares como las cataratas llamadas Chorros del Jurina, las lagunas de Coimata, o el paisaje de la quebrada de La Angostura, además de varios balnearios lacustres y fluviales, áreas montañosas y llanas aptas para el turismo de aventura, montañismo, pesca deportiva y otras actividades al aire libre.  
En los últimos años, un eje imprescindible del turismo tarijeño fue la llamada Ruta del Vino, impulsada por diferentes instituciones nacionales y locales. Se trata de un recorrido por los viñedos más altos del mundo de fama internacional. Esta se suma a actividades anuales, como la Fiesta del Vino, la fiesta de la vendimia chapaca en Uriondo, las fiestas de comadres y compadres, y los chunchos de San Roque, la peregrinación a Chaguaya, la Gran Ronda Chapaca de Pascua, la Gran Serenata, que el 15 de abril de cada año conmemora la independencia tarijeña, la Fiesta de Santa Anita (el 26 de julio).