Argentina en tiempos de Macri

Foto: Juan F. Cori Charca
La avenida Corrientes, muy concurrida cerca del mediodía. En la foto aparece el Obelisco.

 

Juan F. Cori Charca/Cambio

Mientras en las bocinas del estéreo de su carro resuena Angel of Harlem, de la banda irlandesa U2, el dedo índice de la mano izquierda de Wili Waldo Choque Rojas (31) se desliza una y otra vez por su nariz, como un zigzag que intenta distraer a su cabeza e impedir que las lágrimas fluyan por su tez cobriza.

Al frente del volante de su Volkswagen Suran 2015, Wili no es ni el mínimo reflejo de aquel muchacho de 19 años que hace más de 12 años llegó a la Terminal de Liniers con una maleta y con la guía de su prima. Ahí ya lo esperaban unos paisanos de Cochabamba que lo llevaron a donde sería su casa y su fuente de trabajo: una vivienda encajada en La Matanza.

“Vine a Argentina porque no había muchas oportunidades (en Bolivia), estaba en secundaria, me faltó un año para terminar, trabajé y quería volver a estudiar, pero no me daba el tiempo ni la plata”, relata Wili, quien luce su habilidad con el volante por la autopista general Pablo Riccheri.

Luego de unos meses, la prima lo dejó en el taller y se fue a otro trabajo, para entonces Wili ya sabía que el lugar era clandestino, las horas extensas de trabajo y casi nada de comida se lo confirmaron.

Sus salidas eran de unas dos o tres cuadras de la casa en la que permanecía seis de los siete días de la semana costurando kilos de prendas que no parecían tener fin.

“De todo el año me pagaron 1.500 pesos. Ahí fue que me conocí con mi señora, que conocía más la ciudad, caminábamos y me decía: ‘tenemos que irnos a otro lugar’ Y así anduvimos unos dos años, de a poco nos fuimos acomodando”, relata.

El coche lo compró en 2015, a 215 mil pesos —unos 23.888 dólares por entonces a un cambio de 9 pesos por dólar— meses antes de que Mauricio Macri asuma la presidencia de la nación argentina, el 10 de diciembre de ese año. Para ahora, el mismo coche está en algo más de 450 mil pesos.

Al igual que los miles de argentinos, los bolivianos —cuya población llega a los 2 millones según datos no oficiales— también sintieron el efecto Macri en sus bolsillos y, como consecuencia, en la vida diaria.

“Económicamente, Argentina está muy mal (...) antes la plata rendía, quien aprovechó esos tiempos aprovechó, pero luego ya se vino un poco para abajo. El dólar empezó a bajar, antes estaba en 2,50, 100 dólares se compraban con 250 pesos, ahora está 4.300 pesos”, refiere Wili, quien tiene dos hijos, uno de 11 y una pequeña de 6.

De hecho, en la última semana comenzó una nueva corrida contra el peso argentino y el dólar se ubicó cada vez más cerca de los 50 pesos. El jueves tocó un nuevo pico de 47,50 pesos en el Banco Nación. Pasado el mediodía retrocedió un poco hasta 46,30.

Promesas incumplidas

Vidal Laura (35) migró a Argentina luego de que no pudo ingresar a la universidad en 2004, un año antes de que Evo Morales gane las elecciones de octubre con el 53,7% de apoyo.

Al igual que Wili, su primera parada fue un taller de costura, luego conoció a otras personas que lo engancharon con una pyme que hace etiquetas en el centro de la ciudad de Buenos Aires, donde hasta el momento trabaja.

Conoció a Juana, con quien se casó y tuvo tres hijas: Anahí (9), Maya (6) y Wara, que tiene seis meses.

Viven con su mamá en un barrio bonaerense donde alquilaron una casa que cuando empezaron a ocuparla pagaban 3.000 pesos, pero que ahora subió a 20 mil. “Es fuerte, es casi un sueldo entero. Después están los servicios, todo se suma y son más o menos 30 mil pesos al mes”, cuenta.

Vidal no encuentra respuesta a lo que sucede. No sabe si es Macri quien tomó todas “las decisiones, le sugieren o solo firma” porque “cuando se postuló tenía buenas propuestas, pero después no se cumplió ninguna”.

“El tema de inversiones, de créditos, de acceso a los servicios, no cumplió ninguna de ellas. Es muy caro el tema de conseguir vivienda. Los créditos que te dan no te alcanzan ni para tener un departamento”, señala con pesar.

En cambio, Leandro Ruiz (32) es más directo que Vidal y culpa a Macri de todo lo que sucede en la tierra que acogió a sus papás bolivianos hace más de 30 años.

“Desde la llegada de Macri a la presidencia se ha hecho un poco insostenible la cuestión económica, está totalmente para atrás. Mintió Macri, hizo un montón de anuncios, (dijo) que supuestamente no iba a tocar las cosas que estaban bien y que solamente iba a cambiar las cosas que estaban mal, eso fue una mentira total”, afirma.

Señala que “hay una inflación voraz” que los datos del Banco Central de la República de Argentina lo confirman: la inflación mensual a marzo llegó a 4,7% y la inflación “si no me equivoco más del 1.000% ha aumentado las tarifas de diferentes servicios, del uso de gas o del agua, es increíble lo que fue aumentando con la excusa de que había que dar un sinceramiento de precios, buscaron un nombre bonito para decir que se aumenten las tarifas”, lamenta.

Las medidas del presidente Macri hicieron que el costo de vida se eleve a indicadores sin precedentes en Argentina.

De acuerdo con la Dirección General de Estadística y Censos (DGEyC) de la ciudad de Buenos Aires, la canasta alimentaria superó los 15 mil pesos (2.250 bolivianos) en marzo para una familia tipo.

Según ese estudio una pareja económicamente activa y dos hijos menores de edad y propietaria de su vivienda necesita un total de 28.330 pesos (4.249 bolivianos) para no ser considerada pobre y 14.020 (2.103 bolivianos) para no caer debajo de la línea de la indigencia.

A inicios de abril, el portal minutouno.com hizo un relevamiento de precios en los supermercados y estableció que el litro de leche cuesta 42,67 pesos por encima de la nafta (combustible para automóviles) que está en 40,43 pesos.

“El pan está rozando los 80 pesos y en otros lugares los 100 pesos, la carne lo mismo, un kilo está 250 y 300 pesos, y en la época de Cristina era 40 pesos el kilo, la leche estaba 8 pesos ahora está como 40, 50 pesos”, relata Leandro, que trabaja en la Dirección de Juventud del municipio de Almirante Grau con un sueldo de 15 mil pesos mensuales.

Fruto de las medidas que aplicó el gobierno de Macri, que además contrajo un crédito sin precedentes de $us 56.000 millones con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que representa el 77,2% de las Reservas Internacionales ($us 72.559 millones), cientos de personas como la esposa de Leandro pagaron la factura, pues fueron despedidas por el obligado recorte de personal.

Leandro no confía en Macri al igual que Wili. Ambos esperan que no suceda en Bolivia lo que ocurre en Argentina.

“Aquí lo quieren mucho (al presidente Evo Morales), los argentinos lo admiran. Así viendo de afuera, Bolivia recuperó un montón, tendrá sus cosas, yo tampoco conozco mucho. Todo el mandato que Evo está yo nunca he vivido (en Bolivia), pero a comparación de cuando yo me vine era otra cosa Bolivia, ahora cada vez que voy es diferente”, sostiene Wili.

Al igual que su esposa, Wili ya tiene la decisión tomada de retornar a Bolivia. Compró una casa en Cochabamba y además toda su familia está allá, sus papás y sus hermanos. “Me mueve hablar de ellos, de Bolivia, me causa nostalgia”, expresa.

Devaluación provocó cierre de empresas

En su español casi fluido se evidencia que los ocho años que Junior Nunes está en Buenos Aires han calado. “Yo hablo portugués perfecto, re bien, pero un brasileño que me escucha me dice: ‘che, estás perdiendo la tonada’”, confesó.

Llegó a Buenos Aires en 2011, luego de conocer a la mujer que sería su esposa: una argentina al frente de una agencia de viajes que realizaba sus primeros contactos con los hoteles en Búzios, en Río de Janeiro.

Tomó sus cosas y sin dudarlo se fue a Buenos Aires y se casó. Por entonces, las cosas estaban bien en Argentina, el dólar se cotizaba entre 8 y 9 pesos, ahora está en 46 pesos.

Titulado en Administración de Empresas de la Universidad Estatal de Montes Claros (Unimontes), de Brasil, y con un estudio a nivel técnico de Marketing en la Universidad de Buenos Aires, abrió su empresa de publicidad. Los primeros años fueron los mejores y para febrero de 2017 compró su Chevrolet Cruze a 460 mil pesos.

Luego de que empezó la devaluación del peso argentino, el negocio de Nunes se fue a pique, no tuvo otra que cerrar y dedicarse a ser taxista.

“Perdí todos mis clientes por el tema del dólar porque lo que es campaña publicitaria se paga en dólares y nada, hoy sino fuera Uber (un servicio de trasporte que se activa a través de una aplicación móvil), hermano que hago viajes de Uber, estaría en el horno, literalmente, porque no tendría condición de mantener a mi familia”, relata.

“Terminé de cerrar en febrero, pero viene complicada desde agosto del año pasado, cuando duplicó el dólar. El dólar estaba 19, 20, 21 ponle y el dólar fue de un día para el otro a 42, duplicó el dólar y nos fuimos a la mierda”, expresa Nunes al frente de su auto por la avenida 25 de Mayo de la capital bonaerense.

Su esposa aún está al frente de la agencia de viajes, pero al igual que la empresa de Marketing, la situación se cumplió por el tipo de cambio, los paquetes son más costosos y solo “viajan aquellos con mucha guita”.

Con el trabajo de él y de ella alcanzan a reunir los 12 mil pesos del alquiler, al margen de la comida, que también registró un incremento.
Para dar un ejemplo de ello, Nunes comenta que un plato de rabioles en el centro de Buenos Aires cuesta 320 pesos (48 bolivianos), mientras que en McDonald’s un combo está en 300 pesos (45 bolivianos).

“La economía nacional está similar a República Dominicana, hoy en ese país para tener un dólar se está pagando 45 pesos dominicanos (el 26 de abril el cambio era de 50 pesos dominicanos), nosotros estamos pagando 42, 43 por un dólar”, comentó Nunes.

La situación es compleja y Nunes sostiene que no tiene otra que poner a trabajar el Chevrolet Cruze que ahora está a 980 mil pesos. “Pero poner a trabajar el auto para ganar 30 lucas (30 mil pesos) por mes, o sea no es viable porque si se me rompe algo de este coche estoy en el horno”, advierte.