El grito de las mujeres mexicanas: “Mientras tenga vida te seguiré buscando”

Foto: AFP
En la marcha se mostraron pancartas con las fotografías de las personas desaparecidas.

 

RT - Edición Impresa

Cada 10 de mayo, México se llena de flores, globos, canciones y abrazos para festejar el Día de la Madre. En un día celebrado por millones de personas, para miles de madres, el festejo se convirtió en una protesta para exigir con vida a sus hijos desaparecidos. 

Son las 10.00 en Ciudad de México e Irene Silos, madre de Jonathan Michel Maldonado, quien desapareció el 13 de agosto de 2010 en Saltillo, Coahuila, viste una camiseta verde que tiene impresa la pregunta que todos los asistentes a la marcha se formularon: ¿dónde están? 

Desde el Monumento a la Madre, ella admite que es muy doloroso estar presente allí en un día tan especial. “Nosotros prácticamente no festejamos nada, solo le pedimos a Dios que nos siga dando fuerza y fortaleza para seguir buscando a los nuestros”, dice Irene y se le quiebra la voz. Como puede, entre lágrimas, toma fuerzas para continuar diciendo que todos los desaparecidos son sus hijos, que el dolor es el mismo.

“Si no hay justicia para nosotros, que sea para el que viene atrás”, dice Irene, rodeada de 400 personas que exigen lo mismo que ella.

A unos pasos de donde se encuentra Irene y el colectivo que la acompaña, Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en México, Perla Xóchitl, de 30 años, toma de la mano a una niña y sostiene un cartel con una foto de su hija Angélica Celeste Vega Flores, una pequeña morena con cabello negro que desapareció a los 12 años en Nicolás Romero, Estado de México.

“Las autoridades me quieren dar un cadáver, dicen que es ella, pero no me dejan ver fotos, no hay pruebas”, dice Perla antes de resumir lo que ha vivido desde diciembre del año pasado en tres palabras: “es una tortura”.

En las bocinas instaladas en este monumento cercano al corazón de la capital, suenan algunos gritos de madres que repiten que son miles y que no se cansarán de buscar: “porque vivos se los llevaron, vivos los queremos”, gritan. 

Hay personas de prácticamente todos los estados de México, aunque muchos familiares no viajaron hasta la capital para quedarse a protestar en las ciudades donde desaparecieron a sus seres queridos. También están las madres de los migrantes de Honduras, El Salvador y Guatemala, que fueron desaparecidos en su intento de llegar a EEUU. En la explanada de este monumento predomina la presencia de mujeres de todas las edades, señores que buscan a sus hijos, jóvenes que acompañan la búsqueda y algunos niños que, sin tener las palabras aún para nombrarlo, comprendieron lo que es el dolor.

“A lo mejor para ellos son huesos y ya, pero para nosotros significa que alguien regrese a casa”, se lee en una pancarta.

Sin saber dónde están sus hijos, las madres que caminan sosteniendo fotografías impresas en su ropa y en carteles gritan a los cuatro vientos: “Hijo, escucha, tu madre está en la lucha”. Después, dan una poderosa razón de su búsqueda: “¿Por qué los buscamos? Porque los amamos”.

Pese a estar en la lucha hace más de ocho años, Lucía Vaca se siente muerta en vida desde que desapareció su hijo Alejandro Alfonso Moreno Vaca. “La incertidumbre te lacera, te va matando poco a poco”, dice.

Vestida toda de blanco, con un sombrero que la protege del sol y un racimo de flores blancas en su mano izquierda, Lucía lanza un juramento a Alejandro, uno que difícilmente romperá: “Mientras tenga vida seguiré buscando”.  “Únanse, únanse”.

Sobre el paso peatonal, un joven vendedor de dulces que cada semana ve las manifestaciones sobre esta importante avenida también aprueba la protesta de hoy. Frente a las críticas de algunos habitantes de esta ciudad, el contingente de búsqueda de desaparecidos lanza una advertencia: “Únanse, únanse, que sus hijos pueden ser”.

Con el sol aplomo y una temperatura que marca los 29 grados, el contingente se comienza a desintegrar cerca de las 13.00, aunque no basta para silenciar a Lourdes Hernández, quien toma el micrófono para recordar que no hay palabras para nombrar el sufrimiento de estas madres.

“Cuando un hijo pierde a sus padres se queda huérfano; cuando alguien pierde a su esposo o esposa se queda viudo; pero no hay nombre aún para nombrar a una madre que pierde a su hijo”, dice Lourdes, mamá de Pamela Leticia Hernández, desaparecida el 25 de julio de 2010 en Chihuahua.