Con Bolsonaro, Brasil volvió a ser el patio trasero de Estados Unidos

Foto: Archivo
Dilma Rousseff, en un fraternal abrazo con el exmandatario Luiz Inácio Lula da Silva.

 

Sputnik

Sin pelos en la lengua, la expresidenta brasileña Dilma Rousseff se refirió a varios temas de la coyuntura local y regional, dijo que con el ascenso del grupo que sostiene a Bolsonaro lo que se ve es una alineación sumisa.
¿Qué opina de la nueva política externa de Brasil? 

Lo que caracteriza la nueva política externa de Brasil es que no es nueva, es una política de alineamiento riguroso a EEUU, es una especie de vuelta de una aceptación por parte de Brasil de una doctrina que fue la doctrina que EEUU implantó en el siglo XIX en América Latina, que fue la Doctrina Monroe, o sea, América Latina para EEUU, como patio trasero de EEUU.

En varios momentos en Brasil esa política fue superada, y esa superación llevó a muchos conflictos. Ahora, con el ascenso del grupo que sostiene a Bolsonaro y de él mismo al Gobierno de Brasil, lo que se ve es una alineación sumisa, en algunas características hasta de menosprecio a la condición de soberanía del país. Eso lleva a equívocos sin la menor duda hasta ridículos. Es difícil decirlo, pero es así. Que un jefe de Estado o alguien de alto rango se cuadre ante la bandera americana (de EEUU) es algo que nunca se había visto en Brasil, ni en los momentos de más alineamiento.

UNASUR 
Tienes la vuelta de esa sumisión, con un claro sentido de, como dijo el canciller, considerar a EEUU y en especial al presidente Donald Trump como una especie de conciencia de Occidente. Eso es lo que te digo que roza el ridículo, llegas al punto de no creerte lo que estás escuchando.

Como si eso no bastase, esa política externa va a ser completamente contraria a toda la tradición que Brasil venía desarrollando en los últimos tiempos. ¿Por qué? Porque tanto en el gobierno de Lula como en mi gobierno, y de alguna forma  en algunos gobiernos anteriores, pero principalmente en nuestros dos gobiernos tuvimos claro que Brasil tenía que hacer una política, como decía el excanciller Celso Amorim (2003-2010), “activa y altiva”. ¿Activa en qué sentido? Brasil tenía que darse cuenta de que sus prioridades estaban invertidas.

Primero, no podíamos continuar de espaldas a América Latina, es nuestra región, es donde nos reconocemos como país y por tanto tenemos que respetar y priorizar las relaciones diplomáticas, económicas, sociales y culturales con nuestros vecinos. Eso hizo que diéramos prioridad a América Latina y construyésemos varios órganos multilaterales. No solo fortalecimos y empoderamos el Mercosur y nuestra relación con Argentina, que es un socio estratégico en el hemisferio sur, sino que también creamos otros foros multilaterales, como la Unasur y la Celac, eso como una forma de dar alternativas a todos esos países de construir un foro entre ellos, y no un foro subordinado a EEUU, como en muchas veces fue el caso de la OEA.

Venezuela 
¿Cómo evalúa el papel de Brasil en la crisis de Venezuela?
Es importante destacar que en nuestra Constitución hay algunos principios que deben respetarse, como el de la no intervención y respeto a la soberanía de otros países. Cualquier proceso en ese sentido, en el sentido de proponer que Brasil participe en intervenciones, ya sean intervenciones militares explícitas o productos de guerra híbrida, como por ejemplo aquella ayuda humanitaria, que de humanitaria no tenía nada, era una especie de biombo para una intervención blanca. Yo creo que toda nuestra Constitución reniega esa posibilidad.

La segunda cuestión es que no creo que las Fuerzas Armadas brasileñas entren en un desatino y en una aventura de esas. En tercer lugar, es importante destacar que aquí vivimos hace más de 150 años en América Latina sin conflictos armados. Europa tuvo conflictos armados, nosotros no tuvimos. Brasil es un país que también tiene una tradición de paz, todo eso hace que sea muy difícil un posicionamiento del gobierno Bolsonaro de participación, de adhesión a ese proceso.

El gobierno Bolsonaro está compuesto por tres grupos. El grupo de extrema derecha neofascista, que es el grupo integrado por el propio presidente y sus hijos, (el filósofo y astrólogo) Olavo de Carvalho y otros segmentos; está el grupo militar, que creo que entró en una situación bastante difícil, porque hay ciertas características del gobierno Bolsonaro que llevarán necesariamente desgaste a las Fuerzas Armadas si no hay una forma de civilizar este gobierno.

Está el grupo neoliberal de Paulo Guedes (ministro de Economía) y compañía y están los medios de comunicación, que fingen que no participaron, pero lo hicieron.

No creo que haya una unidad en el sentido de promover una intervención en Venezuela, creo que puede hasta cerrar los ojos para las guerras híbridas, porque en realidad EEUU ya están haciendo una guerra híbrida contra Venezuela: los apagones, todo el bloqueo comercial. Tiene el objetivo claro de perjudicar a la población, al perjudicar a la población espera que se rebelen, y también hay todo un proceso de articulación con la extrema derecha venezolana, con los paramilitares de Venezuela, convirtiendo la situación en extremadamente difícil.

Yo creo, y ahí no cabe que hagamos análisis del gobierno de Maduro para justificar intervenciones, porque esa es una cuestión de los venezolanos, pero creo que cualquier posición correcta hacia Venezuela parte del principio del diálogo.

Pero, ¿cuál es la salida para esta crisis?
Estoy viendo cada vez más distante esa salida. La luz al final del túnel es como si se estuviese apagando, porque no creo que el gobierno de Trump tenga interés en contener esa intervención. De hecho, no sé si viste esa declaración de un director interino del FBI que preguntado sobre por qué Trump iba a invadir Venezuela dijo: “¿Por qué? Porque hay petróleo”. El gran interés de EEUU es tener el monopolio del petróleo de Venezuela, y ahí pintan a (Nicolás) Maduro con los colores más terribles, dentro de ese proceso de guerra híbrida. Por eso te digo que no interesa la evaluación que por ejemplo Europa tenga del gobierno de Maduro. Lo que no es posible es aceptar la invasión, aceptar la intervención y aceptar la guerra híbrida.

Creo que el gobierno de Maduro apenas resiste, está resistiendo un proceso de inmenso cerco. Él tuvo una victoria táctica reciente que fue el hecho de que todas las promesas de Guaidó se mostraron vacías, no hubo un resultado positivo. Creo que allí en Venezuela no es una lucha solo de Venezuela con EEUU. Nadie en su sana conciencia, Rusia, China, la propia Europa (Europa creo que vacila), pero Rusia y China está claro que no permitirán de ninguna manera una intervención, porque sabemos cómo empieza una intervención. Lo vimos en Irak, en Afganistán. Vimos lo que hicieron en Siria.

¿Cómo ve la situación del expresidente Lula da silva?

A Lula no lo encarcelaron por ese ridículo caso del apartamento, un apartamento que no es suyo, no es de su propiedad (…). Lula es un caso de prisión de un inocente para impedir que el golpe parara. No hicieron todo lo que hicieron (mi impeachment, tener un gobierno legítimo haciendo todas aquellas reformas gratis) para después perder las elecciones, así que usaron el lawfare, que es el uso de la ley como arma para destruir al adversario político. Lula sufrió esa consecuencia.

¿Cree que ese movimiento evidenció que no hubo un juicio imparcial? 
Es como lo de la mujer del César… “no solo tiene que ser, tiene que parecer”. Si hay algo ahí que no se aparenta es la honestidad de propósitos. Este proceso era incompatible con un juez que favoreció la elección de Bolsonaro. Además de eso, ahora Bolsonaro dice descaradamente que negoció la ida de Moro al Tribunal Supremo.

Eso es una forma de corrupción, tal vez una forma muy grave que un juez no se puede permitir. Lula representa la oposición, la lucha democrática en Brasil, la posibilidad del país ser otro, ser un país desarrollado, un país que no se subordina de forma sumisa a otro país.

¿Lula aún tiene futuro?
No es que tenga futuro, tiene presente. Lula representa esperanza, y la esperanza es una cosa muy peligrosa en política.

Hay personas que confían en verle presidente.

Es una opinión mía. Ese plazo yo creo que lo tiene.

¿Podría hacer un balance general del Gobierno?

Lo que es chocante es el grado de absoluta irresponsabilidad que existe en este gobierno. Creo que no tiene un proyecto claro para Brasil. 
La parte dinámica, Bolsonaro y sus hijos, el clan, es extremadamente ideológico. La único que ven enfrente son valores de ultraderecha y, al contrario de lo que muchos en el centro-derecha de Brasil pensaban, incluyendo los medios de comunicación y el mercado, que una vez elegido él sería domesticable, incluyendo los militares que están en el Gobierno, quedó claro que él no es domesticable. Históricamente los neofascistas no son domesticables, no tienen el chip de la moderación. No existe ese chip, no van a negociar. Lo que queda claro es que él habla para un segmento, el top de ese segmento que le dio la elección. Está siendo corroído una parte de esa base, pero él habla para ese 20%.

Él no es gobernable. Hay dos propuestas articuladas en el gobierno Bolsonaro: una neoliberal que consiste en desregular completamente el mercado del trabajo, entregar el sistema de pensiones a los bancos. Ellos no están preocupados con la edad de las personas que se jubilan, están preocupados en retirar del recurso de las pensiones, que es el mayor ahorro de la administración central federal y entregárselo a los bancos a través del sistema de capitalización, como se hizo en Chile. Además de eso, tenemos algunas estatales importantísimas, como Petrobras. Es la séptima empresa de petróleo del mundo. No ves ninguna empresa estatal de petróleo del mundo que este siendo vendida.