La copa celeste y el coraje gualdinegro

Goles son amores

Ricardo Bajo H.

Columnista / Cambio Deportivo

La copa celeste
y el coraje
gualdinegro
Introducción: no es un clásico decisivo, de esos sustantivizados dramáticamente como “de vida o muerte”. Bolívar ha aprendido la lección y ha resuelto el campeonato un partido antes. La diferencia entre la campaña celeste y la gualdinegra se refleja en dos números: la Academia ha perdido dos partidos (antes del clásico) y el Tigre ha acumulado seis derrotas (algunas inexplicables como la caída de visita ante Aurora). La previa llega con noticias desde lo dirigencial: Marcelo Claure anuncia una nueva etapa en Bolívar con nuevas caras y la familia Salinas comunica su alejamiento del club tras una excelente gestión económica y su desembarco en la Federación Boliviana de Fútbol (se vienen elecciones adelantadas, por ende).
Nudo: Escobar repite esquema. No deja de llamar la atención que el técnico stronguista haya encontrado recién el sistema “ideal”. En los dos últimos partidos, Escobar ha cambiado el 4-3-3 por el 3-4-4. El nuevo dibujo ha traído más solidez defensiva (con cuatro al medio), más desborde por bandas (especialmente por derecha con un Cure entonado), más contragolpe y eficacia (coincidiendo con la salida de Blackburn por la pelea con el DT gualdinegro). Vigevani, en Bolívar, da merecido descanso a Riquelme y Arce, dos de los artífices del título (junto al gran Saavedra y Callejón). La primera parte termina 1-2 con un Tigre enrabietado, corajudo, orgulloso, dispuesto a sumar tres puntos en la tabla acumulada que en diciembre premiará con Copa Libertadores.
Desenlace: la segunda parte es más de lo mismo. La noticia de la muerte del árbitro Víctor Hugo Hurtado en Villa Ingenio golpea duro y el minuto de silencio es estremecedor. Bolívar, desconcentrado y pensando en la vuelta, se muestra errático en los pases, distraído en la marca y “falluto” cara al arco. Tres internacionales del Tigre (Wayar, Blackburn y Castro) saltan a la cancha para asegurar la victoria del amor propio. Bolívar quiso, pero no pudo tener una fiesta completa. No importa, la Copa es celeste.