Acerca del ministro de Gobierno, Carlos Romero

 

Gonzalo Trigoso

¿Por qué la oposición ataca al ministro de Gobierno, Carlos Romero? Porque consideran que eliminando a Romero, el Gobierno quedaría muy debilitado, pero además porque si el ministro Romero se hiciera a un lado, los grandes problemas de la seguridad ciudadana y de la Policía se profundizarían con mucho perjuicio para la sociedad boliviana. A la oposición no le interesa que el crimen y la crisis de la Policía se ahonden, lo que les interesa es causarle dificultades al Gobierno y al Proceso de Cambio para obtener miserables réditos electorales.

En la historia última de la Policía solo se tiene recuerdo de la modernización acontecida a mediados de la década del 70 del siglo anterior con la incorporación del sistema de comunicación analógico, patrullas en jeeps y petas (Blanca Nieves), laboratorios de criminalística, mejora cuartelaria, etc., a pesar de que todos estos implementos también sirvieron para desatar la represión de la dictadura militar banzerista contra el pueblo boliviano.

En el tiempo posterior, la Policía estuvo abandonada, subsistiendo con recursos mínimos, ocasionando la penetración de la corrupción a muchos de sus cuadros, mucho más cuando el problema del narcotráfico se acrecentó por la demanda ocasionada en los mercados de Norteamérica y Europa.

Es durante el gobierno del presidente Evo Morales que se observa una gran preocupación por la situación policial y se realizan enormes esfuerzos para mejorar sus condiciones de trabajo otorgándole un mayor presupuesto y dotándole de medios más adecuados para el cumplimiento de su deber.

El ministro Romero se ha convertido en la persona clave para la realización de este difícil trabajo. Son varios años que está al frente de esa cartera de Estado y es con mucha seguridad el ministro que más tiempo la ha dirigido. 

Los anteriores ministros de Gobierno (del Interior como antes se denominaba) consideraban que el cargo implicaba reprimir a cualquier brote de rebelión social. Esa idea provenía de la violencia dirigida al pueblo en tiempos de la rosca minero-feudal (1880-1952), del sometimiento que buscó la Revolución Nacional contra su oposición (rosca, FSB, etc.) a partir de organismos brutales como el control político, por su parte las dictaduras militares desde 1964 hasta 1982, con el nuevo rol otorgado a los aparatos represivos del Estado por la Doctrina de Seguridad Nacional durante la Guerra Fría, desde EEUU hicieron que el Ministerio de Gobierno y la Policía repriman abiertamente al pueblo (apresamientos ilegales, allanamientos, torturas, desapariciones, etc.) mediante organismos como la Dirección de Investigación Criminal (Barrientos), el Departamento de Orden Político (Banzer), el Servicio Estatal de Seguridad (García Meza) y finalmente en tiempos neoliberales desde 1985 hasta 2005 tanto el Ministerio como la Policía mantuvieron ese perfil represivo en defensa de los intereses de las transnacionales y las cúpulas políticas gobernantes.

A diferencia de la situación anterior, el perfil del ministro Romero es de profundo respeto a los derechos humanos, debido a sus valores personales, formación intelectual como estudiante y docente universitario, obras publicadas y actividad profesional y política. Carlos Romero trabajó en el Cejis cuanto la institución defendía los derechos de los trabajadores del campo y la ciudad contra los abusos neoliberales y posteriormente pasó a desempeñarse como asambleísta en la Asamblea Constituyente, demostrando grandes aptitudes como negociador y evitando enfrentamientos fratricidas, permitiendo que la oposición destrabe la aprobación de la actual Constitución Política del Estado, obviamente en el contexto de una masiva movilización nacional en defensa del texto constitucional. 

Cuando Romero fue designado Ministro de Gobierno, muchos analistas políticos propios y extraños consideraron que fracasaría en la labor encomendada debido a esa característica personal pacifista, conciliadora y de protección a los derechos humanos que supuestamente le debilitaban en un ministerio en el que históricamente se necesitaban ‘hombres fuertes’.

Sin embargo, Carlos Romero continúa como ministro de Gobierno y con mucha seguridad la mayoría de la población apoya su gestión porque en ella se observa la transparencia y honestidad de Romero. Sobre él no pesa ninguna denuncia o sombra de corrupción, sadismo o de actividades sospechosas reñidas con la moral, la justicia o el derecho.

Como nunca antes, la Policía ha sido reforzada con más efectivos, equipamiento especial para el desempeño de su trabajo,  nuevos gabinetes criminológicos, etc. Pero además en marcha y a punto el Proyecto BOL-110, que transporta a la Policía y a Bolivia al siglo XXI en materia de seguridad ciudadana por la gigantesca inversión en tecnología que coloca a nuestro país a la vanguardia en Latinoamérica.

Al presente, las reformas iniciadas y las sanciones impuestas a los policías que transgreden la norma sin importar su grado, hacen que la labor de Carlos Romero sea respetada por los propios policías honestos que son la mayoría de la institución.