“Bishop fue un visionario que generó herramientas para concretar ese sueño de cambiar el mundo”

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Cris  González, embajadora de Venezuela en Bolivia.

 

Entrevista: Cris  González, embajadora de Venezuela en Bolivia 

Por Alejo Brignole

Democracia Directa conversó con Cris González, diplomática venezolana y estudiosa de la vida de Maurice Bishop, ex primer ministro de la Revolución Popular de Granada y líder de aquel proceso iniciado hace cuatro décadas en la pequeña nación caribeña en las Antillas Menores. En su reciente viaje a la isla, la diplomática mantuvo conversaciones y realizó entrevistas que permiten una nueva aproximación a los sucesos que llevaron al golpe de Estado organizado por Estados Unidos y asesinato del líder granadino, de cuatro de sus ministros y colaboradores cercanos, en octubre de 1983.

El 29 de mayo se cumplieron 75 años del nacimiento del mayor revolucionario granadino, Maurice Bishop. Un personaje que usted admira y del cual ha leído mucho e investigado históricamente… ¿Por qué fue tan importante Bishop en el contexto latinoamericano y caribeño en particular? 

La vida y obra de Bishop es fundamental para entender no solo esta región, sino el desarrollo de la geopolítica. La revolución que él lideró concitó admiración y cariño entre la juventud, los intelectuales y movimientos sociales de otras latitudes.  Lo apoyaron artistas norteamericanos de la generación del 40 y hasta los 60, como la filósofa feminista y marxista Angela Davis, o el actor Harry Belafonte.  O el desaparecido escritor sueco Stieg Larsson, autor de la saga Millenium, entre mucha gente. La Revolución granadina florecía a la par que germinaban otros procesos revolucionarios como el de Nicaragua o Eritrea, y algunos países africanos que triunfaron en la última etapa de la Guerra Fría.

El “Factor Bishop”, como a veces lo denomino, no se circunscribió solo a su figura sino a un complejo conjunto de acontecimientos históricos que influyeron en la política global. Bishop poseía un gran olfato político, fue un visionario que buscó construir caminos y generar herramientas para concretar ese sueño de cambiar el mundo. En sus años de estudiante universitario, a mediados de la década de los 60, en Londres, empezó a militar en el movimiento Black Power, el cual cuestionaba la opresión racial en Estados Unidos y al poder colonial en África, Europa y el Caribe.  Además, Bishop era socialista con una visión panafricanista y descolonizadora. Podríamos decir que aquel joven negro revolucionario buscaba la síntesis de tres importantes corrientes en la historia de la humanidad. 

¿Por ello eso se ha propuesto redescubrir ese legado?
En gran medida sí, sin dudas… Debemos mantener viva su memoria. El 29 de mayo se cumplieron 75 años de su nacimiento, el 13 de marzo se recordaron 40 años de la revolución que él lideró y el 19 de octubre serán 36 años de su asesinato y posterior intervención gringa en territorio granadino. 

Como señala, el proyecto de Bishop y su movimiento New Jewell fue brutalmente interrumpido con su asesinato y posterior intervención norteamericana. ¿Las perspectivas han cambiado desde entonces en el mosaico regional?
Es evidente que sí, a pesar de los esfuerzos de un  puñado de poderosos que quieren retrotraer nuestra región a las peores etapas ya vividas. Hoy América Latina y el Caribe poseen una experiencia conjunta, un recorrido por diferentes praxis soberanas, estratégicas y orgánicas como nunca antes en su historia. La América bolivariana no existía durante la revolución granadina iniciada por Bishop, sin embargo,  en estas cuatro décadas han pasado algunas cosas trascendentales. Una de ellas fue que la izquierda, liderada por Hugo Chávez, lograra establecer un nuevo paradigma de la integración regional a partir de alianzas como ALBA, Unasur y Celac.  A partir de la muerte del Comandante Chávez, Estados Unidos y la derecha mundial pretendieron quebrar los grandes avances conquistados en las últimas dos décadas.

También hay que señalar que hay una mayor conciencia de clase en la identificación del enemigo común. Esto es un gran avance si además consideramos las enormes brechas comunicacionales que existen actualmente y que forman parte de las estrategias neocoloniales. Así como el empeño de los poderosos por fomentar la exacerbación del individualismo, en el que nada vale más que las metas personales. En este sentido, Bishop resulta un referente imprescindible para la comprensión sobre lo común, lo colectivo. Con su ejemplo vivo y su praxis revolucionaria, él reafirmó la idea de que todas las luchas personales solo tienen sentido si se hacen por la comunidad.

Usted estuvo hace poco en Granada, precisamente tras los rescoldos de aquel legado revolucionario. Tengo entendido que ha entrevistado a muchos protagonistas políticos de aquel período, compañeros de Bishop que sobrevivieron a los fusilamientos y a la represión orquestada por la CIA… ¿Qué encontró hoy en esa nación insular?

Encontré un grupo humano sensibilizado con heridas latentes por los sucesos de hace más de tres décadas.  Pero también a una sociedad que resiste la presente arremetida imperial. El hecho de que Granada hoy forme parte de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), del Caricom, de Celac, etc., es un dato de enorme importancia que nos remite directamente al legado de Maurice Bishop. El respeto y cariño hacia los liderazgos de Fidel y Chávez es claro y a su vez se basa en la admiración de aquellos por Bishop.

Hoy vemos cómo Estados Unidos busca también romper con los procesos emancipadores regionales más exitosos. ¿Venezuela atraviesa una encrucijada similar a aquella que fue planteada en Granada hace cuatro décadas?  

Pienso que sí, obviando las distancias tecnológicas y comunicacionales, así como las diferencias históricas. Tampoco existen dudas del rol desestabilizador de Washington, por más que intente presentarse como un país defensor de la democracia y de los derechos humanos. Una verdadera ficción y un sinsentido. Y por supuesto hoy Venezuela es una prueba clara de esta doctrina intervencionista que mantiene Washington sobre toda la región. Los parecidos históricos y las analogías entre Granada y Venezuela son sólidos y tan evidentes que eximen de cualquier explicación. Ambos países se propusieron un curso político, social y económico anticolonial. Ambos modelos fueron exitosos y apoyados popularmente, y por tanto también afectaron intereses estratégicos muy sensibles para Estados Unidos en el Caribe y Sudamérica.

Y si bien aquel contexto que debió enfrentar Bishop fue el de la Guerra Fría, fenómeno que, a mi parecer, Estados Unidos pretende reeditar en la actualidad, el intervencionismo unilateral estadounidense sigue intacto y su violencia extrema también. Podríamos decir que el golpe a la Revolución granadina en 1983 fue un modelo a escala de lo que hoy intentan con Venezuela. Aquella brillante revolución marxista de profundo contenido humanista duró cuatro años. En Venezuela hemos estudiado las lecciones del pasado y por eso no nos han podido arrodillar. Ni podrán hacerlo. 

El Mar Caribe es considerado por los estrategas geopolíticos de Washington un mar interior estadounidense. Es decir, un sector marítimo bajo su directa influencia. ¿Hay futuro hoy en las naciones Antillanas y caribeñas para un proyecto emancipador y descolonizado? 

Ciertamente… La cuenca del Caribe ha sido disputada por todos los imperios: el español, el francés y el Imperio Británico, sin olvidar a los holandeses. Y por supuesto Estados Unidos, que desde 1823, cuando enuncia la Doctrina Monroe, lo considera su patio trasero. Pero siempre hemos demostrado que hay opciones soberanas y una apuesta por la liberación posible y necesaria. La dialéctica de la historia está basada en la resistencia, en ese anhelo de liberación y, ya desde una perspectiva marxista, en la lucha de clases. Por tanto, ese futuro posible está implícito en todo proyecto nacional, social y cultural. Que exista la Celac es una prueba clara y maravillosa de que ese propósito perdura y goza de buena salud. La persistencia de Cuba y su ejemplo de enorme trascendencia histórica nos interpela a todos y todas sobre la factibilidad de alcanzar metas soberanas a pesar de hegemonías criminales y ciertamente aplastantes.

Como fue costumbre en la sangrienta política exterior estadounidense, Maurice Bishop fue muerto por planificadores y ejecutores a cuenta del Pentágono y aún continúa desaparecido. Dato relevante, considerando que Bishop era muy amado por su pueblo… ¿Este crimen de lesa humanidad de la Administración Reagan fue alguna vez llevado a los Tribunales Internacionales?

No, en absoluto… Solo Fidel se atrevió a considerar que en el asesinato de Bishop estuvo implícita la mano norteamericana. Para la historiografía oficial se trató de una división dentro del Comité Central de partido New Jewell, que en un plazo menor de un mes ya había ejecutado su acción de destitución, prisión, golpe de Estado y asesinato del liderazgo de la revolución, antes del 19 de octubre de 1983. Fidel sostenía que había un recurrente interés norteamericano de intervenir en Granada y por ello los gringos propiciaron la situación producida por el asesinato de Bishop para lanzarse luego con una desproporción inusitada sobre el pequeño país. Recordemos que por entonces se aplicaban con ferocidad fórmulas aprendidas en la tristemente célebre Escuela de las Américas, en donde el Pentágono entrenaba para la muerte, la desaparición y las torturas de cualquier insurgencia y proyecto popular revolucionario.

Se refiere a la Operación Furia Urgente iniciada por Estados Unidos con el desembarco de marines el 25 de octubre de 1983...
Así es… Los culpables materiales del magnicidio fueron juzgados y 20 años después absueltos de sus condenas. Sin embargo, hoy el aeropuerto de Granada tiene el nombre de Maurice Bishop. A quienes nos hemos aproximado a ese país nos queda la esperanza de que sus ideas y legado prevalezcan más allá del simbolismo urbano. Que renazcan en proyectos emancipadores, pues sus ideas fueron el producto de siglos de ignominia que moldearon las luchas de América y el Caribe. Que todos y todas hayamos aprendido la lección será un homenaje permanente a Bishop y a sus compañeros y compañeras asesinados injustamente. Bishop nos ayudó a comprender mejor que jamás la nación norteamericana traerá paz o consuelo a nuestros pueblos históricamente marginados. Hoy podemos constatar que existe un claro deterioro del derecho internacional, en donde buena cantidad de mandatarios de las principales democracias europeas o latinoamericanas legitiman discursos golpistas e invasiones armadas por fuera de los más elementales protocolos diplomáticos. Ante tal panorama podríamos pensar que las perspectivas son desalentadoras para las naciones periféricas. Sin embargo, la lucha de las naciones libres debe continuar firme y decidida, y esa sola idea podría hacer que los militaristas y genocidas, los que trafican con la guerra, retrocedan y se establezca una idea razonable y humana de convivencia internacional. 

Usted ha pintado un cuadro notable, un retrato de enorme valor estético y, creo yo, con gran dominio técnico de Maurice Bishop… ¿Qué reflexión personal nos dejaría sobre la figura de este revolucionario marxista caribeño?
Lo intentaré aunque no resulta fácil… Creo que Maurice Bishop fue una fuerza de la naturaleza, y como tal resultaría incompleto y hasta engañoso intentar una semblanza del personaje que resulte fiel.

¿Cómo dibujas una tempestad?

Solo diré que Bishop es una de esas figuras que surgen en la sociedad cada cierto tiempo. Esos carismas altamente dotados de intuición política, de inteligencia y férreo humanismo que los empuja a modificar una realidad con la que no están conformes. Dueño de un gran carácter y un atractivo subyugante. Es decir, poseía todos los elementos del mito. Incluso su propia muerte vino a reforzar esta idea, pues como mucha de nuestra mejor cosecha de seres humanos Bishop fue asesinado por defender la idea de un mundo libre y más justo. Creo que murió a una edad muy simbólica desde una mitología revolucionaria. Cuando Bishop fue asesinado el 19 de octubre de 1983 tenía 39 años, la misma edad del Che Guevara. Otra patente para la naturaleza simbólica de Bishop. Por eso traté de pintar, de reflejar toda su fuerza, o al menos trazar alguna huella en un retrato… tarea imposible, parada yo frente a una tela en blanco. Confieso que quedé agotada emocional e intelectualmente al entrevistar y editar cada una de las piezas de este homenaje y retrospectiva de Bishop. Me dolieron las injusticias cometidas contra Maurice, una de las mentes más lúcidas y buenas de la historia revolucionaria.