El Gran Poder lució sus mejores galas

El caporal fue una de las danzas mejor recibidas por el público asistente.
Foto: Carlos Barrios

 

Reynaldo González / Cambio - Edición impresa

Con la fastuosidad y la alegría que caracterizan a Fiesta del Señor Jesús del Gran Poder —integrada por más de 40 mil bailarines, 7.000 músicos y 200 mil asistentes— se demostró ayer por qué esta entrada folklórica se postula para ser declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y Cultural (Unesco), resultado que se conocerá en noviembre, según anunciaron ayer autoridades del municipio paceño.

Así, con los ojos del mundo puestos en La Paz, la tradicional entrada se desarrolló con todo su esplendor gracias a la coordinación de las autoridades, la Asociación de Conjuntos Folklóricos del Gran Poder y los miles de bailarines, músicos y asistentes que se congregaron en el centro de la ciudad desde muy temprano para celebrar la riqueza cultural de Bolivia. 

La fiesta comenzó el viernes en la noche con la tradicional verbena que se llevó a cabo en el centro paceño. En la jornada también se instalaron las sillas y tarimas a lo largo de su recorrido de cinco kilómetros.

Tanto en la noche del viernes como en la madrugada de ayer la Policía efectuó operativos para garantizar la seguridad de los asistentes. De acuerdo con el Twitter de la Unidad de Bomberos, solo se registraron infracciones menores. 

La entrada comenzó cerca de las 8 de la mañana de ayer en inmediaciones del Cementerio General con una procesión encabezada por autoridades y religiosos.

Como en anteriores versiones, el punto de partida oficial de la entrada fue en la plaza Garita de Lima, lugar donde miles de bailarines se congregaron desde muy temprano acompañados por familiares y amigos. Desde ahí, la comitiva descendió por las avenidas Tumusla, Buenos Aires, Sebastián Segurola, Vicente Ochoa, Antonio Gallardo hasta llegar a la plaza Gran Poder. Posteriormente, los danzantes entraron a las avenidas Sagárnaga e Illampu hasta arribar a la plaza Eguino y la calle Pando, para desembocar, finalmente, en el trayecto principal del recorrido: las avenidas Montes, Mariscal Santa Cruz, Camacho y Simón Bolívar, donde los bailarines efectúan sus mejores pasos. 

En todo el trayecto de la fiesta pudo evidenciarse la presencia de comerciantes ambulantes de cerveza y whisky, muchos de ellos muy jóvenes. En pasadas semanas, el municipio paceño capacitó y acreditó a 1.200 vendedores, pero ayer pudo notarse la presencia de muchos comerciantes carentes de las respectivas autorizaciones y los distintivos (chaleco, gorra y carnet). Este hecho puso en evidencia que los 1.000 funcionarios municipales y 1.000 policías desplegados para el control de la festividad fueron insuficientes.

Desplegados en el trayecto comprendido entre la plaza del Gran Poder y el inicio de la Montes, también se pudo ver a numerosos comerciantes ambulantes de comida, muchos de ellos distribuían pollos fritos y hamburguesas que fueron consumidos gustosamente por los asistentes.

Aunque hubo insuficiente  control, a lo largo del recorrido los bailarines cumplieron con las reglamentaciones impuestas en esta versión, como la prohibición a que menores de 12 años participen de la entrada, que se distorsionen los elementos característicos de los trajes folklóricos o que se utilicen accesorios elaborados con pieles o plumas de animales. En ese caso, la autorregulación de los bailarines y de las fraternidades jugó un papel determinante para la correcta realización de la fiesta. 

Alegría desbordada 

Gran parte del recorrido fue desordenado —con grandes vacíos entre fraternidades, o con trayectos en los que los bailarines caminaban o descansaban, haciendo oídos sordos de los pedidos del público, que exigía verlos bailar—, felizmente esta situación no opacó la alegría de la fiesta.

Como cada año, la verdadera protagonista de la entrada fue indiscutiblemente la morenada que, de acuerdo con las listas oficiales, es bailada por más de un tercio de las fraternidades inscritas. 

Dentro de esta danza ‘pesada’ emblemática de los Andes, las verdaderas protagonistas fueron las cholas paceñas, quienes bailaron rebosantes de energía. Fuertes cantos de decenas de bloques de mujeres se dejaron escuchar al unísono en varios puntos de la festividad, entremezclados con el característico sonido de las vistosas matracas artesanales. 

La segunda danza que más alegría contagió al público fue el caporal. La intensidad de los movimientos de jóvenes bailarines, hombres y mujeres, se mostró especialmente en la avenida Mariscal Santa Cruz, a la altura de la Casa de Cultura, y en la avenida Camacho, a la altura del Obelisco y del palco principal. Como es costumbre, en estos espacios se ubicaron los equipos de transmisión televisiva. 

Otras danzas disfrutadas por los asistentes nacionales y turistas fueron la kullawada, la diablada, los tinkus, la saya y el pujllay, entre otras. 
Aunque hubo gran asistencia del público paceño, muchas tarimas y butacas estuvieron desocupadas, incluso al mediodía. Esta situación se hizo más evidente en las avenidas Mariscal Santa Cruz y Camacho, lugares donde los bailarines muestran sus mejores pasos y, por tanto, son los más caros. 

El cambiante clima de La Paz, con un sol radiante por la mañana y el descenso de temperaturas en la tarde, no impidió, sin embargo, que la asistencia a la Fiesta del Gran Poder fuese masiva. De acuerdo con estimaciones de la Alcaldía, más de 200 mil personas se movilizaron por su recorrido y las calles aledañas.

Culturas realizó campaña de prevención contra la violencia hacia la mujer  

Uno de los acontecimientos más llamativos de esta Fiesta Mayor de los Andes fue la realización de una marcha de funcionarios del Ministerio de Culturas y Turismo con carteles con mensajes de prevención contra la violencia hacia la mujer.

La manifestación fue encabezada por la ministra de Culturas y Turismo, Wilma Alanoca, quien desfiló junto a otros funcionarios jerárquicos de esa cartera de Estado. 

“Expresamos un profundo dolor por los últimos hechos de feminicidio y violencia suscitados en diferentes departamentos del país en contra de la mujer. Todos los espacios de recreación deben terminar en alegría y no en tristeza, lo que podemos evitar a través de la prevención“, afirmó Alanoca.

“Apelamos a la conciencia de toda la población para que el patrimonio, que también es la familia, lo cuidemos. Prevengamos la violencia, el maltrato hacia la mujer. Consumamos con medida bebidas alcohólicas”, complementó. 

La campaña se sumó a otra de temática similar impulsada por la Fundación Viva, que instaló pancartas para el consumo responsable de bebidas alcohólicas en la pasarela de la avenida Mariscal Santa Cruz.