Compra de candidaturas, vicio neoliberal

 

La renuncia de Edwin Rodríguez a la candidatura a la vicepresidencia por la agrupación Bolivia Dice No pasó de ser un aparente movimiento político estratégico desesperado a una de las peores muestras de la crisis de la oposición y de los viejos vicios del neoliberalismo, que mercantiliza las candidaturas ya sea usando recursos económicos o promesas de cuotas de poder en el Órgano Legislativo.

Tras la sorpresiva dimisión de Rodríguez, su excompañero de fórmula, Óscar Ortiz, sostuvo que ese alejamiento fue influido por Comunidad Ciudadana (CC), de Carlos de Mesa, que recurrió al poder económico para lograr sus objetivos políticos.  

“Existe la compra de un candidato”, dijo Ortiz al periódico El Deber y añadió que “está claro que cuando una persona asume una posición, como el senador Rodríguez, solo el factor económico lo puede explicar”.

Ante la consulta de si la agrupación de Carlos de Mesa estaría detrás de la presunta compra del candidato, Ortiz señaló que despertó sospechas que “a los pocos minutos de que se conociera la renuncia del candidato surgió un comunicado público de Comunidad Ciudadana, la alianza que respalda la postulación del expresidente (Carlos de) Mesa, para darle la bienvenida”.

Varios de los voceros de CC hicieron un tour de medios el viernes en la noche para aplaudir la dimisión de Rodríguez. 

Esta lógica de compra y venta de apoyo político se manifestó también en la actitud de una plataforma ciudadana que ayer siguió el ejemplo de Rodríguez y también desistió de apoyar a la agrupación de Ortiz.

Según la dirigente Pamela Flores, representante de Plataformas Unidas, detrás de estos giros políticos sorpresivos también está el corrosivo poder del dinero.

Ella dijo al diario cruceño que  “están comprando dirigentes y líderes de plataformas, están comprando a candidatos”, lo que calificó como viejas mañas de la politiquería.

Según el entonces vocero de Comunidad Ciudadana Diego Ayo, la organización de De Mesa cuenta con casi $us 10 millones provenientes de aportes privados y quermeses para sustentar sus actividades políticas.  

Esta forma mercantil de ejercer/pensar la política tiene como antecedentes los siguientes hechos:

-Carlos de Mesa cobró 1,2 millones de dólares para aceptar acompañar a Gonzalo Sánchez de Lozada en las elecciones generales de 2002, según el escritor Emilio Martínez, que en su libro El caudillo ilustrado sustenta esa afirmación con base en el testimonio de Mauricio Balcázar, exministro de Información y yerno de Goni (Fuente: www. Elpais.bo).

- El actual candidato presidencial de CC se negó a responder y aclarar sobre el supuesto cobro.

- El propio exvocero Ayo reveló que se alejó de Samuel Doria Medina porque este era muy mezquino y no quiso financiar varios proyectos.

Es decir, lo abandonó por dinero. 

-En las gestiones de los gobiernos neoliberales (1985-2005) era frecuente la toma de decisiones influida por el dinero o por espacios de poder, mucho más cuando existían varios socios políticos participantes en alianzas políticas (megacoaliciones).

Por ejemplo, pasaron a la historia las declaraciones del entonces dirigente del MNR y exministro José Guillermo Justiniano, quien dijo que entonces se aplicaba la estructura de “torta de hoja” para repartirse los ministerios, es decir, si el ministro era de un partido, el viceministro tenía que ser de la otra tienda política, y la dirección general correspondía al tercer partido de la coalición.

Parecía que estos vicios del neoliberalismo habían sido enterrados en el pasado político, pero ahora quieren regresar de la mano de candidatos sin patria que están dispuestos a todo por retornar al poder. 

“Están comprando dirigentes y líderes de plataformas, están comprando a candidatos” (Pamela Flores, de Plataformas Unidas).