Luis Padilla: Hay que dar espacio a los jóvenes

Luis Enrique, en su trabajo. Pinta el polideportivo de Godella.
Foto: Cambio

 

La Paz / Reynaldo Gutiérrez

Luis Padilla, exjugador de clubes de la Liga, vive otro momento en su vida. Trabaja en España, pero lejos del balón. Está metido en la actividad de la construcción. ‘Tatú’ recuerda desde la distancia su paso por el balompié y cuenta algunos pasajes bonitos.

¿A qué se dedica?
Trabajo en el Ayuntamiento de Godella, en España. Lo hago en una brigada de albañilería, tengo un contrato de seis meses que se acaba en octubre.

¿Cómo le está yendo?
También estoy metido en el tema de la construcción, me va bien, no me puedo quejar; además, soy pintor y electricista. Cada día aprendo algo nuevo y eso me deja tranquilo.

Cómo cambia la vida, ¿no?
La vida es así, uno no sabe lo que viene en adelante. Cada generación es diferente.
En nuestros tiempos de futbolistas ganábamos dinero, pero no como lo hacen en la actualidad. Pero no por eso soy un malagradecido con el fútbol; al contrario, le tengo un agradecimiento grande porque me abrió muchas puertas, me dio amigos y personas buenas que me ayudan.

¿Sigue jugando?
Hace tres años que dejé de jugar al fútbol por un esguince en el tobillo interno derecho que me lastimé bajando las escalaras y no jugando. Durante nueve meses estuve muy mal, no podía caminar bien, pensé que iba quedar con invalidez. Lo primero que le pedí a Dios es que me permita volver a caminar bien, aunque no a jugar fútbol; ahí está la mano de él, estoy bien y caminando tranquilo y mirando para adelante, porque no queda otra que luchar y luchar cada día.

¿Qué le dejó el fútbol?
Mientras jugaba viví bien, no me faltó nada. Me dejó mucho aprendizaje de lo que es la vida: así como entras a la cancha a luchar para ganar, en la vida también ocurre lo mismo.

¿Dónde pasó su mejor época?
Mi mejor etapa la pasé en The Strongest. Estar con 20 años en un equipo grande era algo sensacional y espectacular, jugar con futbolistas a quienes de chico admiraba, no lo podía creer; además, el año que debuté clasificamos a la Copa Libertadores, fue una gran alegría.

Jugar en San José fue otra etapa maravillosa, hice muchos amigos que todavía me llaman para recordar buenos momentos. Tampoco me voy a olvidar de lo que viví en Oriente Petrolero, Real Santa Cruz y la Bélgica, club que fue mi primer hogar como futbolista.

¿Qué referencias tiene del fútbol boliviano de hoy?
Muy poco, por el tema del horario. Hay diferencia de seis horas en verano y cinco en invierno en relación con Bolivia, por eso no le hago seguimiento, me entero por resúmenes que presenta la televisión.

A las 10 de la noche ya estoy durmiendo porque me levanto a las seis de la mañana por una cuestión de responsabilidad para ir al trabajo.

¿Sobre la Selección boliviana?
Muchas veces somos muy críticos con la Selección, pero hay que ver las condiciones de trabajo de los futbolistas.

No me gustan las comparaciones, pero hoy hay más comodidades. Antes se jugaba a ganar y eso aprendí del ‘Tano’ Fontana, a quien no le gustaba perder ni en las ‘pichangas’; entonces, ese carácter debería imperar.

En temporadas anteriores llegaban jugadores extranjeros a enseñar, no a estafar al fútbol boliviano. Me cuentan que hoy llegan, no rinde, se van e inician demandas a los clubes.

Por eso no creo que está bien ampliar el cupo de extranjeros, hay que darles oportunidad a los nuevos valores nacionales. Yo debuté en La Bélgica cuando tenía 17 años y a esa edad se muestran las cualidades.

El problema es general, no es por una persona. Los futbolistas, dirigentes y toda la gente que está metida en el fútbol es la que está manejando mal el fútbol cada día. No vi superación, ni que salgan futbolistas como en épocas pasadas.

Antes se jugaban torneos nacionales en todas las partes del país y de cada selección departamental salían de cinco a siete futbolistas de buen nivel técnico, había una buena cantera; ahora no. No sé si el fútbol está mal dirigido o no son las personas adecuadas las que convocan.

Falta que aparezca un Mario Mercado, un Rafael Mendoza, un Alfredo Salazar para salir de esta terrible crisis.

¿Vio la Copa América?
Lamentablemente no vi ni un partido completo. A la hora que se jugaba, acá eran las dos de la mañana y a esa hora estaba descanso. Por lo comentarios, Brasil fue un justo campeón.

¿Quién le puso el apodo de ‘Tatú’?
Ocurrió el día que debuté en The Strongest, en un partido frente a Real Santa Cruz. Le ganamos 3-1, marqué un gol y al salir desde la tribuna me gritaron: “El avión… el avión… el avión… Tatú, Tatú (un personaje pequeño de la serie La isla de la fantasía)”. Ahí me gané ese mote (sonríe). Y después, cuando paseaba por las calles, me gritaban igual y lo único que hacía era reírme.

Quiero agradecer al profesor Ramiro Blacut, quien me dirigió y me hizo debutar.

¿Nunca se enojó?
No, porque sabía que me decían por cariño, pero no falta algún atrevido que se pasaba. También me decían ‘Chato’, ‘Moroco’, ‘Enano’ y ‘Chiquinho’.

¿Por qué no se dedicó a ser director técnico?
Hay que tener vocación para ser técnico y me saco el sombrero para quienes eligieron ese camino, porque tienes aguantar tantas cosas, insultos, agresiones que te sacan de tus casillas y yo no estoy para eso.

No hace mucho estuve dirigiendo a unos alevines (jovencitos) que me sacaron más canas verdes que en los 59 años de mi vida, porque los padres creen que tienen un Messi, un Ronaldo, un Griezmann y no es así. En el fútbol hay que sufrir y pasar muchas etapas para llegar a ser un grande.

También me dediqué a ser masajista, me ofrecieron volver y lo estoy pensado.

No se olvide que fui ayudante de campo de Luis Emilio Ludueña en Oriente Petrolero, Destroyers y Real Santa Cruz.

Espero que cuando vuelva a Bolivia (no sé cuándo), pueda poner en práctica todo lo que aprendí acá en cuanto a la disciplina, a la formación de los chicos, a quienes primero hay que formar como personas y después como futbolistas.

Cuéntenos una anécdota...
Esto ocurrió cuando estábamos llegando con la selección cruceña al aeropuerto de Trinidad para participar en un torneo nacional, había mucha gente esperando al grupo Menudo de México. Como éramos petizos, Juan Carlos Trujillo, Lorgio Antelo, yo y otro compañero, nos confundieron y vinieron las peladingas a abrazarnos, pedirnos autógrafos, fotos y nosotros alegres porque era la primera vez que había una recepción de esa naturaleza.

Nos sorprendimos, nos gritaban: “¡Menudo, Menudo!”, pero después les dijimos que éramos futbolistas; los del grupo estaban en el mismo vuelo, pero venían más atrás.

¿Con qué sueña?
Con que la vida cambie para todo el mundo y vengan días mejores para todos nosotros y seamos siempre los mensajeros de la paz.

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Perfil

Luis Enrique Padilla Moreno, exfutbolista cruceño de 59 años. Jugó de puntero derecho y tenía un remate temible. Hoy vive en Godella, España. De cariño le dicen ‘Tatú’.