Bolivia recuperó su dignidad en la lucha antidrogas

Foto: Archivo
El presidente Evo Morales expone los logros del modelo boliviano antidrogas en Viena, Austria.

 

Roberto Medina

Hasta 2006, la producción de coca en Bolivia superaba las 50 mil hectáreas y aumentaba de manera considerable a pesar de los aportes económicos y técnicos de Estados Unidos mediante la Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés) en la llamada guerra contra las drogas.

La Casa Blanca ordenó la destrucción total de las plantaciones de coca a cambio de otros productos (desarrollo alternativo), aunque este proyecto era una imposición sin sustento.

Los gobiernos neoliberales, que siempre fueron aliados de Estados Unidos, aceptaron esta disposición sin importarles la dignidad boliviana ni tomar en cuenta los usos y costumbres milenarios.

La Ley 1008, que llegó a Bolivia en inglés, daba carta blanca a los militares para perseguir, castigar y asesinar a los productores y dirigentes cocaleros, en especial del trópico de Cochabamba.

Este sometimiento a los designios de Washington incluso vinculó a los gobiernos de entonces y a los partidos políticos tradicionales con peces gordos del narcotráfico como Luis Amado Pacheco, ‘Barbas Chocas’, Roberto Suárez, el ‘rey de la cocaína’ en Bolivia, Marco Marino Diodato, Isaac ‘Oso’ Chavarría, Carmelo ‘Meco’ Domínguez, entre otros.

A pesar de la cooperación que brindaba Estados Unidos, con condicionamientos y la militarización del Chapare, cada año se incrementaban los cultivos, y el llamado desarrollo alternativo fue un engaño para erradicar la coca.

 

LA NACIONALIZACIÓN

En 2008, el presidente Evo Morales anunció la expulsión de la DEA por su fracaso en el combate al narcotráfico y naturaleza injerencista en las decisiones del país. Al año siguiente, Bolivia empezó a desarrollar un modelo propio de lucha contra las drogas.

“Se implementó un mecanismo concertado de reducción de la producción excedentaria del arbusto, acompañado del desarrollo integral con coca, por una cuestión cultural y de identidad (...) En el pasado, la política antidrogas fue una imposición de Estados Unidos”, detalló en marzo el presidente Evo Morales en Viena, Austria, en el marco del 62 período de sesiones de la Comisión de Estupefacientes de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Luego, se reconoció y protegió la hoja de coca en la nueva Constitución Política del Estado debido a que forma parte de la identidad boliviana.

La Ley 1008 fue reemplazada por la Ley General de la Coca (906), que entre sus aspectos fundamentales establece 22 mil hectáreas de coca a escala nacional y la destrucción de cultivos ilegales previo diálogo y concertación con los productores.

En Bolivia no puede haber coca cero, pero tampoco libre producción de cocales.

La verificación de la producción se realiza con mecanismos de control social en los que se aplica el diálogo, la concertación y el respeto a los derechos humanos mediante los sindicatos y comunidades para la toma de decisiones.

 

RECONOCIMIENTO

Los resultados del modelo boliviano son apoyados por la Unión Europea (UE) y la UNODC, al igual que otros países de la región que destacan que en la actualidad haya poco más de 24 mil hectáreas.