Qué esconden los tiroteos masivos que se registraron en EEUU

Foto: AFP
Familiares y amigos de víctimas de tiroteos depositan flores.

 

Francisco Herranz / Sputnik

La última oleada de tiroteos masivos se convirtió en un elemento más para demostrar la imparable decadencia hegemónica estadounidense. Estados Unidos fue el escenario de dos masacres en menos de 24 horas, saldadas con 31 víctimas mortales entre Dayton (Ohio) y El Paso (Texas). Aunque subyacen varias razones, la más evidente es el fácil acceso que tienen los ciudadanos norteamericanos a las armas automáticas, entre ellos los fusiles de asalto. El permiso para portar armas está blindado, pues se reconoce en su Constitución.

Datos escalofriantes 
Solo en 2019 se produjeron más de 30 mil incidentes con armas de fuego. Este año ya se produjeron 251 tiroteos masivos (con cuatro muertos o más sin incluir al responsable o los responsables, en cada caso) que dejaron 8.733 muertos, 400 de ellos menores.

Más cifras. EEUU es el único país desarrollado que posee más armas que habitantes. Tiene más de 100 por cada 100 personas, frente a las 20 de Alemania y las ocho de España. Además, el 3% de la población adulta estadounidense almacena la mitad de todo ese arsenal. ¿Para qué necesitan tantas pistolas? ¿A qué se debe esa alarmante concentración?

Factores sociales y políticos también explican esos comportamientos destructivos. Como recuerda el periodista Eduardo Suárez, excorresponsal en Nueva York del diario español El Mundo, “en EEUU pervive un racismo estructural que hunde sus raíces en la esclavitud que practicaron los estados sureños durante casi un siglo”. Tras la Guerra de Secesión nació el vergonzoso movimiento Ku Klux Klan, que aún existe en el siglo XXI.

De ese relato excluyente se nutren supremacistas blancos, como Patrick Wood Crusius, quien escribió, poco antes de disparar indiscriminadamente en un supermercado de la cadena Walmart, que su acción era “una respuesta a la invasión hispana de Texas”. Es decir, una reacción típicamente xenófoba.

“Mi objetivo era matar el mayor número de mexicanos posible”, manifestó Crusius luego de ser detenido por las autoridades policiales de El Paso.

Acción terrorista 
Esa osada declaración implica que el crimen no es solo un acto de odio, sino una acción terrorista contra la comunidad mexicana asentada en Estados Unidos.

El asesino de la ciudad fronteriza de El Paso actuó motivado por la verborrea xenófoba del presidente Donald Trump. Su retórica despectiva hacia los inmigrantes sirvió para exacerbar los ánimos, para propagar sentimientos abiertamente racistas. Es un mensaje tóxico que discrimina a la gente por su raza, por su religión, por su orientación sexual, por su condición de inmigrante, por su país de origen, que insulta a ciertas naciones africanas.

“Déjenme ser muy claro —subrayó el candidato demócrata a las presidenciales de 2020, Beto O’Rourke—: (Trump) es un racista abierto y declarado. Y está fomentando más el racismo en este país. Y eso es  increíblemente peligroso en Estados Unidos”. ¿Por qué lo es? Porque asienta la semilla del odio, el germen de una confrontación interna que puede degenerar en una segunda guerra civil, asegura.

Por desgracia, no es la primera vez que las palabras del Jefe del Estado sirven de fuente para justificar atentados racistas. El autor de la masacre perpetrada en la sinagoga de Pittsburgh, en octubre de 2018, y que causó 11 muertos, culpó a los judíos por la caravana de “invasores” que estaban en camino hacia EEUU. La caravana fue el mensaje de la campaña de Trump.

El propio inquilino de la Casa Blanca se convirtió en un agente catalizador, en un cooperador necesario de esta nefasta y creciente tendencia a disparar, algo que él solo achaca a “problemas mentales”, sin querer entrar en la raíz del problema.

El racismo estructural y la mayor frecuencia de los tiroteos masivos son dos claros indicadores del declive del imperio norteamericano. Un informe alertaba en 2018 que “la seguridad y el bienestar de Estados Unidos están en mayor riesgo que en cualquier otro momento en décadas”.

El documento firmado por 12 expertos, entre ellos el  exsubsecretario de Defensa  Eric Edelman, y el almirante retirado Gary Roughead dice: “La superioridad militar de Estados Unidos —la columna vertebral del poder duro de su influencia global y su seguridad nacional— se erosionó hasta un grado peligroso. Los rivales y adversarios están desafiando a Estados Unidos en muchos frentes y en muchos dominios. La capacidad de Estados Unidos para defender a sus aliados, sus socios y sus propios intereses vitales está cada vez más en duda. Si el país no actúa rápidamente para remediar estas circunstancias, las consecuencias serán graves y duraderas”.