Abel Soria: El obrero silencioso de Always Ready

Abel Soria lee Cambio Deportivo. Jugó en Always Ready y Bolívar. Fue un eficiente mediocampista.
Foto: Marco Quispe

 

La Paz / Marco Quispe C.

“Always Ready representa la vida para mí”, es lo primero que dice Abel Soria Valdivia y se emociona hasta las lágrimas. Es que a la hora de rememorar los pasajes que vivió vistiendo y defendiendo la casaca blanca con franja roja le pone la piel de gallina. “Esos colores son sinónimo de mi vida en el fútbol”.

El exfutbolista, que se desempeñaba como mediocampista, integró el popular equipo de Miraflores por más de 10 años (desde la década de los 60 hasta los 70). Dice que nunca le fue necesario ponerse una camiseta del equipo que ama porque los colores del CAR los tiene “tatuados” en el corazón.

Soria, nacido en Cochabamba y encariñado profundamente con La Paz, se ganó un lugar en la historia del Millonario a base de coraje y amor propio. Su humildad y su trabajo en silencio lo llevaron a destacar en el equipo, en el que fue un obrero que trabajó por darle victorias.

Nació el 8 de julio de 1943. Desde su etapa infantil se interesó por el fútbol. De una familia de cinco hermanos (uno falleció), el deportista desde muy niño siempre se daba modos para escaparse a la cancha de su barrio al menos una hora junto con su hermano Juan Soria (futbolista histórico del Wilstermann).

A sus nueve años su familia emigró a la ciudad de La Paz. Indica que sus padres tomaron esa decisión por temas económicos. En la urbe paceña se asentaron en una casa cerca del estadio Simón Bolívar, de la zona de Tembladerani, y en los escenarios del club celeste empezó a mostrase.

“Sí, me inicié en las canchas de Bolívar, que estaban casi al frente de mi casa. Ahí jugaba con los amigos”. Soria recuerda que el recordado técnico de la Academia, el griego Dan Georgiadis, un día lo vio y lo invitó a jugar cubriendo algunas plazas en las prácticas que hacía ese plantel.

Con 14 años y con buenas referencias fue llevado por un párroco al seminario San Jerónimo y de ahí dio el salto para integrar las divisiones infantiles de Always Ready. “Ahí estaba constantemente entrenando. Conocí al grupo y siempre esperé mi momento para ser titular. Nunca me rendí en mi búsqueda de llegar a jugar en el primer plantel”, sostiene con una sonrisa.

A sus 17 años tuvo la oportunidad que tanto había añorado. Tenía la experiencia de haberse formado durante tres años en las inferiores, y aclara que le costó mucho ganarse la titularidad, incluso enfrentó la bronca y molestia de un centrocampista argentino de experiencia a quien le quitó el puesto.

“Debuté en un partido ante Municipal. Recuerdo que fue en el estadio Hernando Siles. No tenía nerviosismo, ya era ‘canchero’ y conocía a los jugadores, pero mi debut costó el enojo de un jugador argentino llamado Francisco Ruiz, a quien le quité su lugar. Me insultó por ese motivo, pero no pasó a mayores”, rememora.

Griseldo Cobo, Eduardo Espinoza, Tano Gimeldo, Cortez, Hipólito Montenegro, Víctor Brau, entre otros, fueron los jugadores con los que Soria defendió en sus inicios a la escuadra de la banda roja. “Fueron grandes jugadores, nunca me olvidaré de ellos, además era una época gloriosa del fútbol boliviano. Hicieron historia en Always Ready y aprendí mucho de ellos”.

AÑO AGRIDULCE
El cochabambino jugó durante más de 10 años en el CAR, donde incluso logró consolidarse como capitán del equipo paceño. En 1968 alcanzó con el plantel un título paceño, al cual le guarda un cariño especial.

De esa temporada también destaca la primera participación del Millonario en la Copa Libertadores.

En 1967, Always hizo una gran campaña, logró el subcampeonato del nacional Simón Bolívar. Venció a Blooming, Oriente Petrolero, Bata y Bolívar, perdió solo dos partidos ante Wilstermann, el que después se coronó campeón por encima de Always. 

Al final de ese campeonato, el Aviador y Always Ready se clasificaron al torneo internacional de 1978 y les tocó medirse ante Universitario y Sporting Cristal, de Perú, equipos que en esos años contaban con grandes figuras que brillaron posteriormente con su selección en el Mundial 1970.

Según el historiador y periodista Carlos Mesa, el equipo de la banda roja en esa Copa tenía los siguientes jugadores: Griseldo Cobo en el arco; la defensa con Roberto Caínzo, el argentino Juan Carlos Staukas, Jorge Tapia (quien murió en 1969 en el accidente de Viloco cuando jugaba en The Strongest) y Abel Soria; Tano Dimeglio y David Morales en el medio; adelante Abdul Aramayo, Blas Nicolás Villate, Fernando Durán y Eduardo Arrigó (también fallecido en Viloco).

En esa Libertadores no les fue muy bien a los equipos bolivianos, quedaron eliminados. Always fue goleado tanto de local como de visitante, empero logró un solo punto histórico ante Sporting Cristal en Lima el 24 de febrero, el primer punto de un equipo nacional de visitante.

“Más allá de los resultados y la eliminación en el grupo, fue una experiencia muy bonita haber sido representante del fútbol boliviano en una Copa Libertadores; me siento realizado de haber cumplido con nuestros objetivos. Era un equipo con escasos recursos; no pasamos de ronda, pero luchamos hasta el final”, remarca Soria al recordar esa participación histórica del equipo en la Copa internacional.

BOLÍVAR, SU OTRO AMOR
A inicios de la década de los 70, Abel Soria decidió dar otro gran paso en su carrera futbolística. De ser un referente de Always Ready pasó a formar parte de Bolívar. El presidente en ese entonces, el recordado Mario Mercado Vaca Guzmán, fue quien lo llevó a Tembladerani a pedido del técnico Norberto Fernández, quien tenía referencias de él. 

“Una de mis metas también fue jugar en otro grande de La Paz. The Strongest me quería en su equipo, pero fue Bolívar el que me contrató. Recuerdo que nos reunimos con dirigentes del club en un café del centro paceño y las cosas se dieron de manera rápida y llegué a vestir la celeste”, indica el cochabambino.

Jugó alrededor de tres temporadas con la Academia. Su paso fue fugaz, pero también dejó una huella. Siempre recuerda con cariño a los jugadores, técnicos y dirigentes celestes con quienes compartió durante su estadía. “Era una de las instituciones más grandes del país, tenía buenos jugadores, entrenadores y presidentes”, menciona.

Apodado por sus amigos ‘Abelito’, dejó la entidad celeste en 1974 para viajar a Buenos Aires, Argentina, y dedicarse a su profesión como licenciado en Recursos Humanos. A finales de la década de los 70 regresó a su querido Always, que no se encontraba bien, así que decidió ponerse la casaca de la banda roja después de más de tres años.

“Volví, aunque estaba en Buenos Aires y en otras actividades. Regresé a mi club, que estaba pasando por un mal momento; volví porque también quería a mi Always”, indica mientras se le escapan algunas lágrimas. Jugó una temporada más defendiendo los colores del CAR.

PUNTO FINAL
A sus 35 años, el deportista decidió dejar el fútbol para dedicarse de lleno a su carrera profesional. Recuerda que se despidió vistiendo la camiseta de Always Ready, con la cual se había iniciado a sus nueve años. Dejó para siempre el balompié, su decisión fue debido a que no quería que lo llamen o griten “viejo”.

“Lloré mucho. Fue el momento en el que dejé una pasión tan enorme y tan bella. Decidí también porque no quería que me griten desde la tribuna ‘viejo’”, menciona con nostalgia.

Tras dejar el fútbol, Abel Soria se dedicó enteramente a su profesión y a temas dirigenciales. Trabajó en la Alcaldía paceña, de la cual es jubilado en la actualidad, y en el Ministerio de Comercio. Además fue presidente del club Municipal entre 1997 y 1998. Asimismo, fue titular de la Mutual de Exjugadores de La Paz desde 2008 hasta 2018.

Lleva más de 60 años casado con su esposa Ruth Iris Sánchez Torres, y producto de ese matrimonio tiene cinco hijos (Jhanet, Rubén, Shirley Carla y Marco) y seis nietos. Confiesa que uno de sus hijos intentó dedicarse al fútbol, pero terminó eligiendo estudiar una carrera en la universidad. No oculta sus ganas de que uno de sus nietos siga sus pasos. “Todo a su tiempo, pero me gustaría”, confiesa.

El cochabambino fue un jugador que trabajó silenciosamente. La humildad fue su principal arma y con la cual se manejó durante más de 15 años en la cancha. 

Luego de repasar su trayectoria, lanza un mensaje a los jóvenes futbolistas: “Recuperen la pasión de antes, que era más amor por la camiseta”.

Soria guarda gran cantidad de fotos de cuando defendía los colores de Bolívar, pero sobre todo de cuando vestía la banda roja. Mientras ojea su álbum otra vez se emociona.

“Antes  éramos íntegros, alma vida y corazón. Correteábamos por toda la cancha, había fuerza y amor por la camiseta. Por eso se veían lindos partidos. Además, la gente que tenía mucha técnica se lucía con el balón, y eso lo disfrutaba la gente”, finaliza.
En la actualidad, el exjugador sigue atento al fútbol. Es un deporte que marcó su vida y del que nunca se alejará.

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76 años

Nació el 8 de julio de 1943 en  la ciudad de Cochabamba. Es un exfutbolista que brilló en Always Ready.

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Es un admirador de históricos y de Messi

Abel Soria tiene a varios referentes en el fútbol nacional, pero se rinde ante los jugadores del siglo pasado, como Víctor Agustín Ugarte, Ausberto García, Erwin ‘Chichi’ Romero y Marco Antonio ‘Diablo’ Etcheverry, entre otros. “Fueron grandes jugadores; creo que en la actualidad se ven muy pocos como ellos”.

El cochabambino también confiesa que del balompié actual e internacional le gusta el juego del argentino Lionel Messi.

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Su hermano Alfredo fue jugador histórico del club Wilstermann

Abel Soria viene de una familia de cinco hermanos. Reconoce que desde temprana edad el deporte siempre fue inculcado por sus padres. En ese panorama, Abel llegó a formarse desde su casa junto a un jugador histórico del Wilstermann: Alfredo Soria (su hermano), quien se inició en el fútbol antes que Abel, e incluso llegó a enfrentarlo en algunos partidos.

Alfredo fue parte de la denominada primera época de oro de la historia de Wilstermann, equipo destacado del Aviador entre 1957 y 1961. Durante ese tiempo, ese plantel logró cuatro campeonatos de manera consecutiva —1957, 1958, 1959 y 1960— y pasó a ser considerado como el único tetracampeón del fútbol boliviano.

Abel recuerda con cariño que cuando él defendía la casaca de Always Ready llegó a enfrentar a su hermano, con el cual siempre se saludaban, pero defendían con todo fervor a sus equipos. “Él jugaba de puntero izquierdo y yo era un mediocampista ofensivo, porque era muy bueno para cabecear.  Los dos nos olvidábamos de que éramos familia en la cancha, pocas veces nos llegamos a medir por las diferentes posiciones que teníamos, pero ambos defendíamos a muerte a nuestros equipos”, explica.

El exfutbolista de Always Ready dice que sus padres (Jaime Soria y Sabina Valdivia) siempre les recomendaban conservar el respeto, tanto en la cancha como en la vida. “Siempre nos decían que en la vida uno tiene que ser sencillo, humilde y respetuoso; hay que tener dignidad, educación y lealtad. Esos conceptos me ayudaron mucho en mi vida”, recalca.

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Sueña con ver un equipo solo conjugadores nacionales

Soria tiene en su memoria una infinidad de dirigentes en el fútbol nacional que le marcaron y a quienes recuerda con mucho cariño. En Always Ready menciona a Mario Carrasco Villalobos, en Bolívar al destacado Mario Vaca Guzmán y al eterno Rafael Mendoza Castellón, de The Strongest.

El nacido en Cochabamba dice que estos y otros directivos le ponían “alma, vida y corazón a sus equipos” y da un consejo a los dirigente del fútbol actual que están al mando de los equipos:
“Antes los dirigentes eran amor al deporte y priorizaron al jugador nacional. Si en la actualidad los dirigentes quieren tener un buen plantel, tienen que tener jugadores nacionales, en lo posible, para que puedan defender con dignidad a nuestro país”.
“Quisiera algún día ver un equipo con 11 jugadores nacionales en la cancha; es difícil y es un sueño”, recalca. Soria también agradece a gente ligada al deporte, como al administrador del estadio Hernando Siles, Eduardo Flores.

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Pasajes que no se olvidan

Un viernes 26 de septiembre de 1969 el fútbol boliviano se enlutó por la muerte de un equipo entero: un avión que transportaba a integrantes del primer plantel y dirigentes de The Strongest se estrelló contra un cerro cerca de Viloco, en La Paz.

El equipo atigrado retornaba de Santa Cruz a la urbe paceña, tras haber participado en un torneo internacional por la efeméride cruceña. En el accidente fallecieron las 74 personas, entre ellas se encontraba uno de los mejores amigos de Abel Soria: Fernando Durán.

Soria se formó con Durán desde su infancia, con quien llegó a formar parte de las inferiores del club de la banda roja. Muy amigos en la cancha, jugaron juntos en las inferiores y cumplieron así un sueño muy añorado desde niños. La gran actuación de Durán lo llevó a The Strongest.

“Él era más delantero y yo le pasaba los balones para que haga los goles. Era un jugador rápido, nacido en Tarija. Un padre nos llevó a las divisiones inferiores, y luego se pasó al Tigre. Era mi mejor amigo y lo será por siempre. Sentí mucho su partida y la del plantel gualdinegro”, dice Abel, quien se conmueve al recordar a Fernando.

Soria no solamente tuvo amigos en la cancha, sino también algunos rivales a quienes los recuerda hoy con mucho aprecio. Uno de ellos es el capitán histórico de la Selección de Bolivia campeona en el Sudamericanos de 1963, Wilfredo Camacho. 

“Yo estaba en Bolívar y él en Municipal. Cada vez que nos encontrábamos nos agarramos muy duro en el campo de juego. Sobre todo en los balones divididos, donde ambos peleábamos con todo por el esférico. Ahora nos vemos y somos amigos y nos reímos cada vez que recordamos esos momentos de jóvenes en el fútbol”, señala Soria.