Tarjeta roja a los árbitros

El arbitraje pasa por un mal momento en el fútbol boliviano.
Foto: Cambio

 

La Paz / Gustavo Cortez

El arbitraje en el fútbol boliviano alcanzó límites de escándalo. Está mal. Su nivel está muy bajo. Hay pocas excepciones y eso no basta para garantizar el desarrollo normal de un campeonato.

Hay goles legítimos que se anulan. Hay posiciones adelantadas “inventadas” por los líneas, quienes no solo están mal preparados físicamente, sino interpretan mal el off side. No miden el momento del pase con la salida del compañero atacante.

Hay tarjetas rojas a jugadores que no merecen ni amarilla y, al revés, hay amarillas —y a veces ni eso— en acciones violentas e intencionales que dejan lesiones graves.

Alguien dirá que esto se ve en todas partes. Sí, pero no son equivocaciones recurrentes. Y no perjudican mucho y menos definen resultados.
Lo que pasó en Oruro, en el tiro libre y gol de Javier Sanguinetti, anulado por Ivo Méndez; el penal “retardado” cobrado por Luis Orozco en El Alto (con el inicio de la señal del VAR); y los incorrectos off side que cobran los asistentes están llevando por el despeñadero este torneo.

Desde este espacio hemos tratado de apoyar a los árbitros, hemos pedido más capacitación, cursos con exréferis mundialistas, renovación, independencia de su Comisión y mejores ingresos, pero éstos han perdido el norte en todo.

La Federación Boliviana de Fútbol (FBF), antes del Clausura, los concentró una semana en Cochabamba y se les dio capacitación. Salieron peor de ahí. O los confundieron o  no entendieron las reglas en jugadas que precisan de una interpretación...

La gente que está al frente de la Comisión Nacional de Arbitraje y los asesores de la FBF en esta área están dando pasos errados. Nadie ha salido al frente a explicar qué es lo que está ocurriendo.

Debería ser parte de su labor que lo hagan (es gente bien remunerada). Incluso para pedir más ayuda de la dirigencia, porque el arbitraje les concierne a todos. No es un sector aislado.

Pero estamos mal. Ni siquiera hay autocrítica. No hay castigos. Los árbitros son una clase especial de seres humanos. Se tienen una lealtad a ciegas. Todos, aquí y en el exterior. Nadie habla mal de nadie. La palabra “interpretación” es su mejor escudo. Son los “dueños” de la verdad cuando se les toca las reglas de juego. Se han vuelto intocables en la cancha.

Lo peor es que en nuestro fútbol les pagan los clubes. Uno imagina cuánto le debe doler a un club dar esta remuneración tras un partido en el que se ha visto perjudicado.

Hay que hacer algo y quizás ni el VAR (videoarbitraje) sea una solución. Puede ayudar, sí, pero no solucionar el bajo nivel arbitral.

Hemos tenido buenos y malos réferis, más buenos que malos. ¿Qué pasó? ¿Éstos no dejaron escuela? ¿Por qué no se los reúne y se dialoga de sus virtudes y defectos? No les caería mal. No hace daño aprender más en esta vida.

Desde hace rato el arbitraje boliviano está en una burbuja. Nadie la toca. Es tiempo de hacerlo, pero con contrapropuestas y en forma objetiva.

No dejemos que el problema crezca porque la bola de nieve nos aplastará a todos.

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Dato

Tenemos dos árbitros mundialistas: Luis Barrancos y Marcelo Ortubé. Ellos deberían estar en contacto permanente con la nueva generación transmitiendo sus experiencias.