El fracaso del macrismo

 

La grave crisis económica y social en Argentina, que comenzó después del ascenso al poder de Mauricio Macri, golpea a todo el pueblo que hace poco le mandó un mensaje contundente: el próximo presidente será Alberto Fernández, acompañado en la vicepresidencia por Cristina Fernández de Kirchner.

La gestión del gobernante argentino terminará con la caída real del Producto Interno Bruto (PIB) de al menos 7,4% y con la segunda inflación más alta del mundo.

Los salarios se fueron en picada. En 2005, Argentina ocupaba el primer lugar latinoamericano en mayor salario mínimo en dólares, pero en los dos últimos años y medio este se redujo en más del 50%, lo que repercutió en los bolsillos de los trabajadores.

En los poco más de tres años del macrismo, el déficit comercial sobrepasó la barrera de los 10.000 millones de dólares, la pobreza trepó hasta llegar a más de un tercio de la población y alrededor del 10% tiene deficiencias alimentarias severas. Paradojas de un gran país que es y fue considerado el granero del mundo.

Poco a poco las reservas y las arcas del Banco Central se vacían y acecha el fantasma del default, que en palabras sencillas significa caer en el incumplimiento de los compromisos financieros adquiridos con los inversionistas y/o organismos que prestaron dinero al Gobierno. Hay que recordar que el país contrajo una deuda con el FMI de 57.000 millones de dólares.

El default es una palabra conocida por el macrismo. El gobierno de Macri pagó alrededor de 10.000 millones de dólares a los fondos buitres, que rechazaron la reestructuración negociada entre 2004 y 2010. Con el pago, el Gobierno cosechó elogios del establishment financiero internacional, pero comenzó un nuevo ciclo de endeudamiento en Argentina.

Hay que recordar que la expresidenta Cristina Fernández se negó a pagar la deuda bajo las condiciones exigidas por los tenedores de los bonos. Es que era una cuestión de soberanía y la transferencia de la jurisdicción a tribunales situados en las sedes del poder financiero como Nueva York y Londres.

Macri se aproxima al final de su mandato bajo circunstancias sombrías, porque todos los indicadores económicos están en rojo, sus aliados incondicionales como Donald Trump y Jair Bolsonaro lo abandonaron o prefieren hacer un mutis dada la coyuntura, y los organismos internacionales empezaron a acercarse a los futuros gobernantes para intentar renegociar la mayor deuda en la historia del vecino país.

Las organizaciones sociales conformadas por trabajadores toman casi a diario las calles de Buenos Aires, donde realizan bloqueo de calles con una exigencia central e indispensable: “medidas urgentes contra el hambre”.

Es que las políticas económicas del macrismo fueron un fracaso desde el primer día en que empezaron a implementarse, con los capitales extranjeros que nunca arribaron, el cierre de miles de pequeñas y medianas empresas, el consumo que decreció a niveles bajísimos porque la gente no tiene dinero en sus bolsillos, al que se sumó una incesante fuga de capitales. Contrariamente, los empresarios fueron los mayores beneficiarios del modelo económico, al igual que las empresas del gobernante.

En tanto, la dupla Fernández-Fernández ata todos los cabos para salir de este desastre. Corre a favor que Argentina se recuperó de crisis económicas y sociales más severas, tasas de desempleo que duplicaban; ahora tendrá que renegociar el pago de la deuda con el FMI porque sus recetas fallaron. 

Pese a este estrepitoso fracaso de las políticas económicas y sociales de Mauricio Macri, hay candidatos en Bolivia —como el caso de Carlos de Mesa— que proponen aplicar las mismas recetas que nos conducirán al despeñadero, que liquidarán los bonos sociales, acabarán con el plan de industrialización y el exitoso modelo económico boliviano. Y es que para el postulante de Comunidad Ciudadana el único patrón que lo regula todo es el mercado.

 

En tanto, la dupla Fernández-Fernández ata todos los cabos para salir de este desastre.