A ocho años de los hechos de discriminación

Sucre
Jorge Medina Barra
Hoy recordamos ocho años de aquellos lamentables y condenables actos de discriminación en Sucre, donde varios campesinos fueron vejados y humillados por su condición de tales por parte del Comité Interinstitucional y otras autoridades locales.
Esos hechos nos llevan a reflexionar en torno a si como sociedad hemos cambiado y si ahora somos más tolerantes y comprensibles para con nuestro similar. Es momento de preguntarse si todavía tenemos prejuicios, si aún estamos discapacitados para aceptar al otro tal y como es.
A ocho años de estos hechos es oportuno verse a sí mismos y evaluar si como personas hemos cambiado actitudes discriminatorias o racistas. Hoy, más que nunca, es oportuno continuar en la lucha contra estos males e inculcar a las nuevas generaciones a que se vean a sí mismos cuando ven a otros.
Los hechos de Sucre han dejado un legado y una enseñanza para quienes todavía recordamos la humillación, los dorsos desnudos, los gritos, los insultos, los golpes, aquella plaza 25 de Mayo que se tiñó de vergüenza hace ocho años.
Hoy día no se han visto actos de racismo tan evidentes ni bullados como los de ese 24 de mayo, es motivo no de regocijo, sino de alerta, pues sí es evidente que aún existe un racismo cultural en el país, que se ve en la imposibilidad de que personas puedan gozar y ejercer algunos derechos.
Aún hay actitudes que impiden el progreso del otro, aún existen actitudes particulares y especiales que benefician a unos y no a otros, todavía hay quienes ven a otros para determinados trabajos o labores. Este racismo cultural, casi invisible y natural, es el que ahora debemos combatir. Que así se entienda la reflexión y enseñanza de aquel fatídico 24 de mayo de 2008.