La enigmática isla Pariti

Fotos: Carlos Barrios
1. Vista panorámica de la isla Pariti desde el mirador.

Melina Valencia Achá
Rodeada de un laberinto de totoras y privilegiada por una apacible biodiversidad acuática y terrestre, la isla Pariti sorprende con su extraordinaria colección de restos arqueológicos de las culturas Tiwanakota y Chiripa que fueron halladas en agosto de 2004.
La isla está localizada en el lago Titicaca (Lago Menor, denominado Wiñay Marka) y pertenece al cantón Cascachi del municipio de Puerto Pérez, departamento de La Paz.
Para ingresar a la península se debe hacer un recorrido en bote o lancha a motor desde Puerto Pérez, por una hora aproximadamente. Durante el trayecto, el agua dulce del Titicaca se acicala con una variedad de aves como las gaviotas, las ch’okas, los unkallos (patos de pico azul), incluso parihuanas, el pato zambullidor entre otros. Se alimentan principalmente de las plantas acuáticas inmersas al límite de los totorales, que fueron aumentando progresivamente debido al descenso del nivel del agua.
Casi a la mitad del trayecto aparece imponente el nevado Illimani, una obra de arte de la naturaleza que complementa la cadena montañosa de la Cordillera Real, que se visualiza inclusive desde la isla.
A pocos minutos llegar a Pariti, la lancha se abre camino en medio de las totoras que cada vez son más abundantes. De pronto aparece a la vista el muelle donde estacionan las lanchas de los pescadores y un camino que conduce directamente hacia la puerta de la iglesia colonial del pueblo, cerrada con un candado y algo derruida.
“Antes la iglesia tenía mucha importancia, venían curas desde la ciudad de La Paz y personajes importantes para celebrar matrimonios”, comenta Isaac Callizaya, responsable de Turismo y Cultura del municipio de Puerto Pérez.
Callizaya es el mejor guía para conocer la isla, porque heredó de sus padres y sus abuelos todos los conocimientos sobre la historia de su natal pueblo lacustre.
Relata que la iglesia tiene un estilo celta debido a que en la época que fue construida (1900) estaba de moda esas expresiones artísticas, sin embargo todavía no existe estudios que determinen esa teoría. Se dice que el templo pertenecía al hacendado Pablo Pacheco, éste era propietario de casi toda la isla se habría dado el “lujo de construir una iglesia”.
Por la época de la Guerra del Chaco, Pacheco cruzaba de Quehuaya a la actual isla Pariti en su automóvil porque no había agua que las separaba, es posible que las aguas del lago hubieran descendido al extremo de secar el área. Pero posteriormente la región sufrió una inundación que arrastró la mayoría de las viviendas, lo único que se mantuvo en pie fue el templo que había sido construido de piedra.
Pacheco murió en el lago, luego de asistir a una fiesta en vísperas de carnaval junto a su familia, “posteriormente vino otro propietario, él se llamaba Martín, era de origen alemán, claro, él administraba desde la ciudad”.
Actualmente, de la hacienda de Pacheco solo quedan dos cúpulas pequeñas de arquitectura octagonal, una de ellas está habitada por el profesor del pueblo, y la otra es de propiedad de los habitantes; en el lugar también se encuentra una cancha deportiva, “el resto de la hacienda fue derrumbado por el temor de que vuelva el gringo”, dice Callizaya, pues se presume que éstos se llevaron valiosas piezas de oro y cerámica.
En Pariti apenas viven unas 30 familias, la mayoría personas de la tercera edad que se dedican a la agricultura y la pesca, principalmente. Los jóvenes han emigrado a las ciudades, solo tres niños pasan clases con el profesor.
Las familias tienen chanchos, gallinas y cuyes en menor escala, solamente para el consumo local. Una de las ocupaciones en invierno es la elaboración de la tunta (papa deshidratada), que después de un proceso de secado y remojo se deja que se congele en las aguas del Titicaca durante tres semanas, explica en idioma aymara la señora Josefa, quien junto a sus vecinos sacan las cascaras de las papas en medio de la plaza principal de la isla, donde justamente se realizaron las excavaciones para recuperar los restos arqueológicos.

EL TESORO CERÁMICO
El tesoro más preciado de la isla es Museo Arqueológico de Pariti, que se inauguró en septiembre de 2005. Allí se exponen unas 300 piezas arqueológicas de la cultura tiwanakota que data de 1150 d.C. Otras 100 se resguardan en los depósitos del Museo Nacional de Arqueología (La Paz). “En algún momento los pobladores queremos que retornen las piezas en su totalidad”, señala el responsable de turismo.
Fueron los pobladores, en primera instancia, quienes en sus actividades agrícolas encontraban restos de cerámica con figuras atrayentes. Otros simplemente los dejaban en el mismo lugar, porque los consideraban awichas (abuelos, ancestros) que si los molestaban podían enojarse, pero otros se atrevieron a mostrarlos. Es así que se llevó adelante las excavaciones a cargo del proyecto boliviano-finlandés Chachapuma para posteriormente exponerlos en el museo.
Las piezas están dispuestas en estantes de vidrio apoyados a la pared, donde se puede apreciar la perfección de la técnica y decoración de los objetos de cerámica. Entre ellos se encuentran vasijas con cabezas del Titi o puma, cóndores y una variedad de patos, junto a estas piezas destaca el denominado “señor de los patos”, se trata de una vasija de 13 centímetros aproximadamente, que representa a un hombre cargando en el hombro un pato, una pieza idéntica, su par, se encuentra en el museo arqueológico de La Paz.
“Encontrar el ‘Señor de los Patos’ significa que los seres humanos con la naturaleza estábamos en armonía, y la variedad que existía y siguen vigentes en el lago”, comenta Callizaya.
Llama la atención la iconografía de algunas piezas, que el investigador Arturo Posnansky denominó ‘ch’alladores’ por la forma de tronco cónico con la base casi puntiaguda, y pintadas con figuras de aves con dentadura que están mordiendo la cabeza de una persona.
“Se cree que esas vasijas fueron parte de una ofrenda a la Pachamama, cuando los tiwanakotas estaban en una crisis política, y esto era el último intento de conservar el Estado, entonces estas piezas son parte de esa época”, añade.
La variedad de cerámica tiene hasta serpientes incrustadas en las vasijas. Algunas piezas tienen forma de monos, y rostros que parecieran de otras culturas, algunas con patillas, y otras con tembetás en los labios, también se denota el uso de collares en el cuello, pies y manos. Algunos cortes de cabello dan cuenta de rasgos amazónicos, por lo que se cree que había una gran movilización y nunca hubo desconexión entre continentes, y que en tiempos tiwanakotas hubo contactos entre oriente y occidente. Pariti era una isla sagrada, “un centro ceremonial”.
Asimismo, se hallan trabajos tallados en láminas de oro, y miniaturas de animales que seguramente fueron ofrecidos a la Pachamama.
En el recorrido observamos un par de vasijas que representan a una mujer de la élite tiwanakota, de 16 centímetros; a simple vista difícil distinguir el género, pero los rasgos físicos, según Callizaya, continúan vigentes en los tiempos actuales.
Observar cada una de las piezas y conocer la teoría de cada una, tarda más de dos horas. Hasta allí llegan turistas de todas partes del mundo.
Ahora los comunarios de la península ven al museo como un atractivo turístico que en un futuro podría reemplazar la actividad de la pesca que en los últimos años ha mermado significativamente.
“Buscamos proyectos para mi jurisdicción. Es una prioridad para nosotros proyectar el turismo, ya tenemos un museo, y pronto vamos a tener agua potable. Los visitantes que llegan quieren quedarse a descansar, y no tenemos espacio, por eso pensamos que es necesario construir un albergue aquí, porque ahora el turismo para nosotros es nuestra única alternativa a la pesca”, expresa Gerardo Limachi Machaca, subalcalde del cantón Cascachi.
Limachi administra la jurisdicción que comprende 12 comunidades, entre ellas Pariti. “Yo nací aquí, vivo aquí y voy a morir aquí”, dice.
Informa que al año llegan al menos unos 1.000 turistas de diferentes lugares. Él conoce muy bien de la actividad, incluso tuvo la oportunidad de visitar varios países debido a su participación en las excavaciones de 2004. En ese entonces se dedicaba solo a la pesca para la comercialización.
“Yo estaba de cerca cuando estaban excavando y sacando las cosas, era impresionante. Para mí era una alegría, sorprendente, yo pensaba y decía ‘ahora va a cambiar la vida de esta comunidad’ ya ha pasado casi 10 años, y ha cambiado algo después del descubrimiento”, recuerda.
Lamenta que haya pocos jóvenes y niños en la comunidad, que la pesca se haya reducido de tres arrobas a 20 pescados, “ha desaparecido la pesca”.
Ahora, tiene el reto de conseguir el financiamiento para construcción del albergue y la compra de botes para trasladar a los turistas con precios justos.
“Queremos reorganizar la población, mostrar la cultura ancestral, y las costumbres que tenemos ahora con la práctica de la agricultura, el uso de la totora, que era un medio de vida que nos servía para todo, incluso para dormir”, añade el responsable de Turismo.
En Pariti también existe un mirador, desde donde se puede apreciar la parte sur del lago Titicaca, además parte de la Cordillera Real.
Muy cerca se encuentran comunidades vecinas a las que se pueden visitar como parte de un circuito de la península.

ISLA QUEHUAYA
Se encuentra a cinco minutos en lancha de Pariti. Es conocida también como Kalauta, en idioma aymara (casa de piedra), denominada así por concentrar una ciudadela de construcciones de piedra en forma de torres.
Estas construcciones no tienen estudios arqueológicos que determinen quiénes y cómo vivían los ancestros, sin embargo los pobladores consideran al lugar como un sitio sagrado. Por ello, antes que el sol se oculte nadie podía caminar por las casas de piedra, por respeto a los habitantes del pasado. Actualmente esas normas no escritas no se respetan, pero las personas mayores todavía escuchan personas que gritan, danzan por el lugar.
En idioma aymara, un adulto mayor de Quehuaya relata que antes había muchas vasijas, cráneos dentro de las casas, pero se lo llevaron “los gringos”, dice. Él vive a la orilla del lago en una casa parecida a las de las chullpas, de piedra y techo de paja, y relata que los ajayus (espíritus) de los que antes habitaban el lugar gritan: “ahora es nuestro tiempo”.
La isla también sufrió saqueos de los instrumentos de trabajo, cerámica y objetos domésticos que se encontraban dentro de las viviendas. Allí contaban con un museo, pero no se logro consolidar y permanece cerrado.

MUSEO DE PATA PATANI
De regreso a Puerto Pérez, se puede visitar el museo de Pata Patani, allí se encuentra una chullpa que fue encontrada con todos sus objetos personales, entre ellos restos óseos de cuyes, prendedores, tejidos, incluso hojas de coca.
Allí, los comunarios también entregan ofrendas, porque eran los que protegen a la comunidad. “Nosotros ya teníamos conocimiento de estos restos, solo que considerábamos que era algo sagrado, son nuestros abuelos, nos tutela en la comunidad, en ese sentido siempre se los ha respetado, como ya lo tenemos aquí y le hemos molestado, entonces tenemos que ofrendar, ch’allarle”, manifiesta un poblador.
José Choque, dirigente de Pata Patani, explica que solo existen 30 habitantes, la mayoría están en La Paz, viven de la pesca, y esperan también poder incrementar la cantidad de visitantes al museo, para ello buscan colaboración para su mantenimiento.
El Decreto Supremo del 3 de marzo de 1937, declaró a las ruinas arqueológicas de Pariti, Cumana, Lucurmata, Chiripa, Pata Patani, Quehuaya y otras del lago Titicaca como monumentos nacionales.

En la isla destacan las takanas, que son terrazas agrícolas (tecnología precolombina) que se utilizan para el cultivo.
Pariti es una de las islas más pequeñas del Lago Menor. Allí se encuentra el cerro Cotisi a 3950 msnm, desde donde se observa el resto de las islas.
Sobre el lago Titicaca se han tejido miles de cuentos, leyendas y mitos, pero los restos arqueológicos hacen la diferencia.