Tano El bigotón que llegó para nunca irse

Ricardo Fontana sonríe en una banca de la plaza Avaroa, en La Paz. Le gusta hablar de fútbol, en especial del Tigre, donde jugó muchos años y con el que está identificado.
Fotos: Carlos Barrios y Archivo

Gustavo Cortez
Este argentino-boliviano debe ser uno de los jugadores más queridos en The Strongest. No solo porque le dio “su vida futbolística” al equipo de Achumani, sino porque dejó su sello de gran capitán aguerrido. Peleador en cancha. Siempre ganador. Eso de lo que los hinchas ‘atigrados’ siempre están orgullosos y es su marca: la famosa garra en cancha.
Llegó jovencito al país. Esa vez fue una aventura. Pensó jugar, ganar experiencia y volver o irse a otro país. Ninguna de las dos cosas sucedió. Aquí terminó su carrera. Aquí formó su familia. Echó raíces y creemos que nunca se irá.
Ricardo Fontana, el ‘Tano’ para todos. Hombre educado. Ustea hasta a sus amigos. Ya pasó los 60, pero sigue como el día que llegó. Para él no pasa el tiempo. Ni señas de joroba. Sólo el cabello blanco lo delata.
Dice que cada día saluda en la calle a unas 200 personas. Ni miente ni exagera. ¿Quién no lo conoce? Hasta los bolivaristas se acuerdan de él. Es un agradecido del país, aunque lamenta ser jugador de otra época. Quizás si llegaba hoy hubiese brillado y ganaba buen dinero. Pero es de los hombres que no se arrepiente. Vive el presente con altivez y siempre apegado al fútbol.

—¿Cómo lo trata la vida?
—Mucha gente me recuerda y me saluda en la calle, pero hay otros que me miran con bronca (sonríe); bueno no le puedo caer bien a todos. A veces me encuentro con viejos periodistas y me dicen “no sabía que eras tan popular, mira como te saluda la gente”. Yo digo: nadie vive de los saludos, pero a quién no le gusta que lo saluden y lo recuerden.
—¿A qué edad vino a Bolivia?
—Había cumplido 19 años, ni sabía dónde quedaba Bolivia. Un día en el entrenamiento me dijeron hay personas que te quieren hablar, eran dirigentes del club Always Ready, uno de ellos don ‘Miky’ Jiménez, famoso acá, y el otro el presidente, el general Alberto Larrea, quien no sé si estuvo en el gobierno de (René) Barrientos, pero fue una de las víctimas de la dictadura de (Hugo) Banzer.

—¿Dónde jugaba allá?
—Pertenecía a San Lorenzo. Yo vine por seis meses y cuando me iba a volver me encontré en la calle a don René Rada, quien todavía jugaba en Bolívar y al mismo tiempo era técnico de Litoral, que acababa de ascender a Primera A, que en esa época era bien competitivo. Me dijo “ven a Litoral”. Y como en Always no me habían pagado y como era changuito me amenazaron, me fui a Litoral.

—¿Cómo fue esa época?
—Litoral no era mejor que Always, era un desastre, pero dábamos lo mejor. Muchos no aguantaron. Tenía amigos argentinos que llegaron y se volvieron rápido.

—¿Dónde se bañaba cuando jugaba en Always?
—Aunque parezca mentira, en los pilones que tenía la sede del club, ahí nos bañábamos con agua fría, así era la situación.

—¿Cuán difícil fueron esos primeros años en el país?
—Era bien duro, uno que tiene 18 y 19 años tiene fuerza para todo. Always entrenaba en la cancha del Obrero, ahí había una pensioncita, y no había plata para ir a comer afuera, vivíamos en un cuarto donde estábamos unos tres o cuatro futbolistas, hacía frío y no había ducha, y en lo económico era incluso difícil cobrar.

—¿Cuál es su ascendencia?
—Vengo de una familia italiana, soy el menor de seis hermanos, mis papás eran italianos, todos mis hermanos (cinco) son italianos, yo soy el único que nací en Argentina.

—¿Cuéntenos más de su familia?
—Mis padres llegaron a Argentina después de la segunda guerra mundial, mi padre estuvo en la guerra. Argentina se llenó de muchos migrantes, en especial de Italia, pero como llegaron con una mano atrás y otra adelante, porque se morían de hambre en Italia, con poco estudio pero con ganas de superarse, nunca nos faltó un plato de comida. Lastimosamente fallecieron dos de mis hermanos. Mi padre (Francisco Fontana) era muy serio y duro. Mi madre era Gloria Miley.
—¿Cómo es su vida hoy?
—Tratando de mantenerme, me cuido mucho. No tengo vicios, vivo solo, duermo temprano y como lo que debo comer, y yo no puedo estar un sábado y un domingo sin jugar, gracias a Dios tengo una salud de hierro, aunque con los años (tiene 66) uno no es el mismo de antes.

—Hablemos del Tigre, está identificado con el club, ¿no?
—Si hay alguien que me conoce acá es gracias a The Strongest, aunque jugué en Bolívar y Oriente Petrolero un año. Veo cómo es la gente de Strongest, al Tigre no le gana cualquiera, cuando llegué me identifiqué rápido con su estilo de juego.

—No le costó mucho acoplarse.
—A las dos semanas que empecé a jugar empecé a escuchar murmullos, pero me identifiqué con el equipo, yo era un jugador muy técnico pero al mismo tiempo muy aguerrido y eso le gustaba a la gente,

—¿Cambió el fútbol?
—Sí y mucho. Antes en la Copa Libertadores sólo se clasificaba uno por grupo, costaba mucho. Hoy no es así. Las eliminatorias también duraban sólo dos meses, ahora son tres o cuatro años; no había derechos de televisión y antes no se pagaban sueldos tan altos como ahora. Lo que ganan en un mes los jugadores nosotros no lo podíamos ganar ni en un año. Sí, cambió mucho el fútbol.
—¿Como exfutbolista tiene algún privilegio?
—No y eso me da bronca, que no nos dejen entrar a los partidos, y eso me pasa en The Strongest, ni un pase ni nada, en Bolívar son más abiertos, hay dirigentes que tienen entradas de cortesía.

—Usted fue un jugador técnico, aguerrido y líder en el equipo. ¿Hoy el Tigre tiene un jugador así?
—Sí, Pablo Escobar es el que tiene la voz de mando sin desmerecer a los demás. Es un líder, tal vez exagera con los reclamos, pero es un líder en el campo de juego; el líder debe jalar al equipo cuando las cosas no salen nada bien.

—¿Cuál era la diferencia entre Bolívar y el Tigre antes?
—En dinero Strongest no fue nunca un equipo de ostentar a comparación de Bolívar, que traía técnicos extranjeros, pero nos arreglábamos con la gente que teníamos, buena gente,

—¿Qué opina de las actuaciones de los equipos bolivianos en los torneos internacionales?
—Antes como ahora siempre fue difícil conseguir puntos fuera del país, pero nos hacíamos respetar en casa. Ahora veo a Bolívar y The Strongest que hacen buen papel pero siguen en deuda en cómo jugar en el exterior. Hoy contratan técnicos de afuera o técnicos de acá, pero los resultados son los mismos, entonces algo falla; hay buenos jugadores, no creo que todos sean unos troncos. Faltan líderes y eso no es culpa de los entrenadores.

—¿Cómo fue su época de capitán en el Tigre con tantas figuras pesadas en el equipo?
—Sí, y conmigo jugaban Luis Galarza, Eduardo Angulo, Ovidio Mesa, Luis Iriondo... En Oriente también fui capitán el 83 al tercer partido que llegué. En Bolívar no, porque estaba Carlos Borja, Vladimir Soria, era más difícil.

—¿Cuál es su mejor recuerdo de The Strongest?
—Lo mejor, el primer título de la Liga, el torneo del 77, porque teníamos un buen equipo y había grandes equipos. Tuvimos que eliminar primero a Bolívar, donde jugaban Troncone, Gallo, Romerito, Borja, Aragonés...; luego eliminamos a Blooming y San José, y jugamos la final con Oriente. Esa alegría de haber dado la ‘vuelta olímpica’ fue algo inolvidable y nadie me quita la satisfacción de ser el primer campeón de la Liga (del fútbol profesional boliviano) y yo fui el capitán.
—¿Un clásico paceño que no olvida?
—El 79 por ahí. Teníamos que definir quién jugaría con oriente en Cochabamba. Jugamos un jueves a estadio lleno con 40 mil personas, empatamos 1 a 1, tuvimos que volver a jugar el domingo y volvimos a empatar 1 a 1, volvimos a jugar el martes y volvimos empatar, así que fuimos al suplementario y ahí ganamos 3 a 1. Fueron emocionantes esos tres partidos.
—Selección: A usted lo convocaron cuando estaba cerca de los 40, ¿es cierto?
—Sí, me sorprendió mucho, cuando era joven nunca me llamaron, pero el técnico Jorge Habegger lo hizo. Y para que él me llame como técnico de la vereda del frente (dirigió a Bolívar antes), me alegró mucho. Fui convocado a los 39 años y me tocó jugar la Copa América con Argentina en Brasil,

—Y en las Eliminatorias del 89 estuvimos muy cerca, ¿no?
Hicimos una gran campaña, creo que hasta mejor que la del 94. En nuestra serie estaban Perú y Uruguay, teníamos ganados siete puntos, el único partido que perdimos fue el último en Montevideo, y nos faltó un gol, y por un gol clasificó Uruguay y no Bolivia.
En el penúltimo partido que jugamos con Perú en Lima, ganamos 2-1, pero en la última jugada (William) Ramallo se iba en busca del gol, el arquero lo agarró en el área, era penal, pero el árbitro no cobró y terminó ahí el encuentro, lo término. Nosotros con la alegría del triunfo nos olvidamos del penal, pero ese gol nos podía haber llevado al mundial.

65 Ricardo Fontana Miley nació en Buenos Aires, Argentina, el 17 octubre de 1950. Está naturalizado. Fue jugador y hoy es DT.

Se ganó el cariño de la gente
“Cuando fuimos con mi hermano por una verdulería en Buenos Aires, porque queríamos hacer una parrillada, encontramos una foto de The Strongest ahí, la vi y no dije nada, pero el dueño nos dice: “éste es mi equipo, es un equipo de Bolivia”, y mi hermano le dice: “¿sabe quién es ese de la foto que está ahí?”, y el señor le dice: “sí, es Ricardo Fontana”, y mi hermano le dice: “es éste, que está a mi lado”. El señor me abrazó, no lo podía creer...”.

datos
Ricardo Fontana Miley nació en Buenos Aires el 17 de octubre de 1950. Llegó a sus 19 años a Bolivia para Always Ready, pero luego jugó en los dos grandes de La Paz y la Selección Nacional.
Fue zaguero central. Destacó por su juego técnico y elegante. Fue capitán de The Strongest, donde lució su mejor fútbol y donde se convirtió en el ídolo para siempre por su actitud guerrera.

Un pasaje de su vida
Conoció a su esposa en La Paz cuando ella vino de paseo
Un pasaje importante de su vida personal. Jamás imaginó que en Bolivia iba a conocer a su esposa, la madre de sus hijos...

—¿Cómo conoció a su esposa?
—Mi mujer estaba de vacaciones acá cuando la conocí, el 75 o 76. Ella es argentina también. Yo le decía: “Tantos lugares hay para ir a pasear y tuviste que venir a Bolivia” (sonríe). Nos casamos y nació Silvio, mi primer hijo, después venía María Belén, pero justo nos tocó jugar la Copa Libertadores en Perú, así que de los tres hijos que tengo mi hija es la más boliviana. La mas chica nació en Argentina, pero después también se vino a Bolivia.

—¿La familia se fue?
—Sí, fue allá por el 97 porque murió uno de mis hermanos; estuvimos un año en Buenos Aires. Mi mujer medio que no se adaptó a La Paz. Silvio se quedó aquí, mi hija en Córdoba, nos fue muy mal... Yo me vine a Bolivia a trabajar, y luego cada uno ya hizo su familia. No lo descarto, estoy en eso de traer a mi mujer acá.

—¿Dónde nació Ricardo?
—Yo nací en Buenos Aires a la semana que mis padres llegaron a la Argentina, cerca de la cancha de San Lorenzo. Después nos mudamos a una villa donde había muchos residentes bolivianos.

Nunca más se fue
“Cuando llegué no veía la hora de que acabe el torneo para irme”
Jamás Ricardo pensó quedarse en Bolivia. Y de jovencito tenía una forma de pensar...

—¿Qué tiene Bolivia para que la gente decida quedarse a vivir aquí?
—Yo le voy a contar una anécdota. Yo me hice amigo de Mario Di Meglio, un argentino que era jugador y vivía aquí, gente muy buena. Un día le pregunté: “¿Cómo ustedes al terminar de jugar se quedan aquí?”, porque cuando yo llegué no veía la hora de que termine el campeonato para volver en trencito a mi país. Pero ahora cuando viajo allá empiezo a extrañar La Paz y, tengo que ser sincero, acá tengo siempre un trabajo, lo que no tengo allá. Y el cariño de la gente, por supuesto.

—¿Extraña a la familia?
—Sí, mi mujer y mis dos hijas están en Córdoba y mi hijo en Santa Cruz; tengo nietos argentinos y bolivianos, e hijos argentinos y bolivianos. Ya prometí irme, pero hasta ahora no les cumplí.

Pasajes que no se olvidan
“En la Copa América de Brasil a Maradona lo levanté, y él se acercó y me dijo: ¿Qué pasa bigote?”
Las anécdotas siempre dejan un sello especial en la vida de las personas. Ricardo tiene varias y cuando las repasa se emociona y también se alegra.
“En la Copa América de Brasil (1989) enfrentamos a Argentina y en ese equipo jugaba Diego Maradona, campeón del mundo el 86. Con Eligio Martínez y Luis Galarza decíamos que teníamos que cuidarnos bien porque todo el mundo iba a vernos. En una jugada fui y lo levanté por el aire. Vino Diego y me dijo: “¿Qué pasa bigote?”, yo le contesté: “¿Y qué quieres, que te deje pasar?” (sonríe). Luego fui donde Eligio y le dije “ahora te toca a ti levantarlo”. Me dijo “estás loco”. El partido acabó 0-0”.
Otra. En Montevideo. Eliminatorias mundialistas del Mundial Italia 90. “Antes de salir a la cancha del estadio Centenario, en el túnel nos encontramos los dos equipos. En Uruguay el capitán era Hugo de León, un jugador gigante. Y un rato de esos se juntan los uruguayos y De León, con un vozarrón, arenga a sus compañeros. Parecía un rugido. En Bolivia el capitán era Carlos Borja y también nos reunimos para tomar valor y salir a jugar con todo. Pero Carlos tenía una vocesita apagada y nos dijo... ‘muchachos...’, ja ja ja”.
En ese mismo partido hay otra. “Uruguay tenía una gran delantera con Francescoli, Rubén Paz y Rubén Rosa. Unos meses antes jugué con The Strongest una Libertadores frente a Peñarol y tuve un choque con (José) Perdomo, que medía dos metros y te daba patadas por todo lado, y en ese partido fui con los dos pies de frente y casi lo parto, se armó una trifulca. Todos los uruguayos me querían matar y yo esperaba que me defiendan mis compañeros, pero el que más cerca estaba era Milton Melgar, que estaba a 80 metros. Me dejaron solo... ja ja ja”.