Las danzas rituales de invierno

Foto: Max Enríquez Nava
Pobladores de la isla Suriqui exponen sus artesanías en Compi Tauca.

Melina Valencia Achá

Los días son más cortos, las noches más largas y las temperaturas más bajas; es la época de invierno, el inicio de un nuevo año aymara, fin de la cosecha y nuevo ciclo agrícola, motivos para que en las diferentes regiones de Bolivia festejen a través de la interpretación de danzas al ritmo de instrumentos de viento como los sikus y tambores.
Una muestra de este ritual a la Madre Tierra (Pachamama) se expresa en el cantón Compi Tauca, que se encuentra a orillas del lago Titicaca (Lago Menor) del departamento de La Paz, donde cada año, desde 1965, se desarrolla un festival de música y danza autóctona que reúne a una variedad de grupos de danzas andinas, que llega de diferentes comunidades aledañas al lago.

Una cancha de fútbol con pasto seco y graderías de cemento es el escenario donde cientos de personas llegan de a poco, desde las primeras horas de la mañana, para participar de un encuentro con la cultura, el arte, la gastronomía y el legado de los ancestros de armonía del hombre con la naturaleza.

En tanto la gente disfruta de una exposición de artesanías y los platos típicos de la región, otros apresuran su labor en el proceso de elaboración del chuño o tunta (papa deshidratada) que se acostumbra en invierno, y en medio de ese afán los integrantes de 19 conjuntos autóctonos se alistan para demostrar su danza.

“Hace tiempo que vengo a vender, mi esposo hace balsas, yo hago paneros y canastas de totora (planta)”, comenta Graciela Quispe, una artesana de la isla Suriqui, una comunidad conocida mundialmente por la elaboración de embarcaciones de totora.

Junto a Graciela se encuentran otros cuatro puestos de venta que ofrecen una infinidad de productos, entre ellos cestería, tejidos de alpaca y vicuña, incluso cerámica.

Unos pasos más allá, y con más afluencia de personas está la feria gastronómica donde el refresco de mocochinchi (durazno pelado y deshidratado) se consume en vasos y platos de cerámica rústica, debido a que estos recipientes permiten mantener por más tiempo la bebida fría y refrescante.

Pero la preparación más codiciada es el wallake (sopa de pescado) que se prepara con la especie de pescado karachi, papas, cebolla, sal, ají y khoa. “Se hace hervir todo junto, y cuando está listo lo bajamos del fogón”, explica Benita Chipana, una comunaria de Compi Tauca, quien relata que vende este plato desde que se inicio el festival, hace 51 años. Es el plato típico que uno no debe dejar de probar si visita poblaciones a orillas del lago.

Los organizadores también programaron una carrera de ‘bicicletas de cholitas’ como parte de la jornada. Este año solo se anotaron cuatro y la ganadora de la competencia fue Daniela Mamani Huanca, quien el año pasado quedó en el último lugar.

Las participantes tienen la costumbre de usar la bicicleta para asistir a la escuela o a las zonas de cultivo de sus padres. La carrera es una forma de incluir a los jóvenes en la fiesta del solsticio de invierno.

En este contexto, y después de una tribuna abierta de discursos de los comunarios, todo está listo para la demostración de las danzas: mimula, waka wakas, ch’unch’us, jach’alusa, sikuris, lakitas, mukululus, qarwanis, sikuri imillas, moseñada, zampoñada, italaque, waka tintis, kena kena, q’ajjelos y otros. Los mejores tres grupos tendrán como premio la perforación de pozos para agua en sus comunidades.

LOS QARWANIS
El grupo de la danza qarwani, de la comunidad Compi Central, es el primero en ingresar a la cancha, al ritmo de pinkillos y wankaras (tambores pequeños) y ataviados con elegantes sombreros adornados con plumas y flores artificiales; en las caderas llevan una chuspa de la que cuelgan borlones multicolores (bolas hechas de lana), en la espalda lucen un cuero de llama del que se desprenden adornos que se utilizan para identificar al ganado camélido. Con esta danza se imita —con paso cortos incluyendo algunas vueltas— el movimiento del pastor de llamas que cuida de su ganado. Las mujeres llevan una pollera de tono rojo, una chompa blanca y un aguayo que cubre su espalda, y sombrero de lana de oveja.

“Somos los verdaderos qarwanis. Nuestros papás bailaban esta música en comparsas para el trabajo, no queremos que se pierda y por eso seguimos manteniendo esta danza”, dice Teodoro Fernández, quien a sus 75 años sigue la tradición.

“Nosotros sembramos papa, oca, maíz, y bailamos por la buena cosecha”, señala Teodoro. Recuerda que su conjunto fue invitado hasta la provincia Formosa, Argentina.

Los qarwanis de la comunidad Cascachi, (Puerto Pérez) también están presentes. Ramón Ticona relata que la danza es una herencia de sus abuelos, “se baila desde mayo hasta julio, por la cosecha y hasta el tiempo de la helada para hacer chuño. Nuestros abuelos hacían trueques con los productos”.

WAKA WAKAS DE CAPILAYA
Sus trajes llevan un armazón de toro elaborado con el propio cuero del animal, un pollerón en la parte inferior que combina con su poncho de aguayo y lluch’us (gorro de lana) que cubren una cabellera singular, con flequillo. Con esa vestimenta llamativa y movimientos balanceados danzan los waka wakas. Los acompañan otros personajes que llevan en sus manos las herramientas para el trabajo del arado de la tierra, también los k’usillus (pantomimas) que bailan haciendo burlas en cada paso. También las mujeres son partícipes, ellas llevan una jarra de barro con bebidas espirituosas.

Eliseo Kaza Copana, secretario General de la comunidad Capilaya, dirige el grupo que participa del festival todos los años, y explica que los waka wakas imitan y satirizan las costumbres españolas, “cuando llegaron a invadir nuestro territorio”. Añade que también se fusiona con la actividad agraria en el subsuelo, en el momento de la roturación de la tierra, por ello el uso del arado.

Después de una media hora de demostración de coreografía y gala de la vestimenta, el grupo se aleja a otro espacio de la cancha donde descansa y continúa con su propia fiesta.

CH’UNCH’US DE CHIRIOCO
Llegaron de la comunidad de Chirioco, del municipio de Pucarani, provincia Los Andes. Su característica principal es la coreografía que se interpreta en parejas, que tomadas de la mano avanzan tres pasos (de izquierda a derecha) y súbitamente se detienen forcejeando cada uno para su lado, cada vez más fuerte, hasta que caiga uno de ellos. Estos pasos al ritmo que marca un bombo, flautas, y sonajas de semillas, atraen toda la atención de los visitantes.

“Antiguamente bailaban nuestros abuelos y estamos recordando; lo trajeron de los Yungas”, relata Demetrio Huanca Tinta, uno de los bailarines. Se trata de una danza de los pueblos indígenas del oriente que los aymaras imitaron en el proceso de absorción de una cultura a otra. La vestimenta fue modificada a través del tiempo, pero conservan la máscara con una corona de plumas que cubren el rostro de los varones, una camisa blanca y pantalón de lana de oveja con adornos de plumas en los laterales. En el cuello cuelgan collares de semillas denominados ch’urus y wayrurus.

Las mujeres también llevan una corona de plumas, pollera larga y una chompa en tono crema, su cabello oscuro alcanza hasta la cintura y se suelta durante el baile. Ambos, mujeres y varones, llevan en la mano derecha un hacha de madera para distraer y hacer burlas hacia el público.

Los ch’unch’us venían a orillas del lago a intercambiar sus productos, por ello se practica en las provincias Los Andes, Aroma, Maco Kapac, Pacajes e Ingavi, en las comunidades circundantes al lago Titicaca.

MUKULUS DE TAUCA
Es interpretada por varones y mujeres que bailan a un ritmo parecido al huayño, ellos mismos interpretan los instrumentos, también llevan sombreros adornados con flores y plumas de colores que alcanzan hasta medio metro de largo y se denominan panqarilla. Las flores representan a los diferentes productos agrícolas. Al igual que los qarwanis, llevan una chuspa con borlones, y otros cuelgan pescados elaborados de plata o chicotes.

Las mujeres visten polleras, una chompa de colores claros y un reboso de aguayo.

“Bailar la danza no es barato, por lo menos se necesita unos 4.000 mil bolivianos porque una chuspa, tejido a mano, cuesta cerca de 1.000 bolivianos, las panqarillas unos 700 bolivianos ,de acuerdo a las plumas, una chalina de vicuña unos 1.000 bolivianos, y los pescados que cuelgan son de plata”, afirma Gonzalo Kallizaya, que acompaña al grupo autóctono. Agrega que los sombreros no son de cualquier material, sino de lana de oveja.

SIKU IMILLA
Se baila en la época de Corpus Christi, el movimiento de las mujeres ataviadas con 20 polleras multicolores es lo más atractivo de la danza que en esta oportunidad es interpretada por el grupo autóctono de la comunidad de Chijjipampa, del municipio de Ancoraimes, provincia Omasuyos.

Ellas tienen un tocado especial en su cabeza, la panqarilla, con flores, cintas de colores y varios espejos de diferentes tamaños rectangulares pegados en la parte de la nuca. “Con los espejos alumbramos al sol”, comenta María Elena Luque.

Los varones acompañan con los instrumentos que consisten en bombos grandes, y sikus de ochos tubos. Visten un pantalón blanco, chaqueta de bayeta negro, sobrero adornado con plumas y una chalina de aguayo que cubre los hombros.

Después del paso de varios grupos, y cuando el sol empieza a ocultarse, la última danza es la siku imilla.

Son 51 años de organización del festival de danza autóctona en Compi Tauca. “El año pasado cumplimos bodas de oro, ahora seguimos rescatando nuestra cultura, valorizando la música de nuestros tatarabuelos, tal vez los jóvenes quieren olvidar, pero no podemos dejar que eso suceda”, expresa Lucio Chipana Condori, uno de los organizadores del festival.

Con medio siglo de vigencia, el festival ha consolidado una actividad que recupera los rituales a la Pachamama. Por esa razón fue declarado como “Patrimonio material e inmaterial del pueblo boliviano” por la Asamblea Legislativa Plurinacional, el 4 de enero de 2013. Asimismo, es “Patrimonio Oral e Intangible del Departamento de la Paz”, por declaratoria del 10 de abril de 2007.

El cantón está ubicado a 94 kilómetros de la ciudad de La Paz, pertenece al municipio de Chua Cocani.
Compi Tauca tiene cerca de 1.800 habitantes, viven de la pesca, y el cultivo de productos como la papa, la cebolla y el maíz. Muchos de sus pobladores radican en otras ciudades, principalmente en La Paz.